Crónicas en penumbra: violonchelos en la lluvia
El trío Gazzo-Menta-Vicente presentó el sábado su propuesta estética con numerosos invitados.
Había algo en la desnudez de tres violonchelos que podía más que el desamparo frío del otoño en la ciudad y que la porfiada persistencia de la lluvia que arrincona los corazones contra la humedad. Tal vez era la calidez de las notas que salían juntas, como de un mismo manantial de arcos y cuerdas, o acaso también el abrigo del gentío que colmó el salón, y en el que podía presentirse también algo así como un afectuoso gesto de una molécula de comunidad.
La cuestión es que la presentación del proyecto Gazzo-Menta-Vicente, el trío compuesto por Ailin Gazzo, Eugenia Menta y Marcela Vicente tomó posesión de la sustancia de la penumbra y desplegó con fecundidad de la razón estética y del sentimiento que vino a contar su versión sensible de música de raíz folklórica.
Sucedió el viernes en Cocina de Culturas. Desde el comienzo, con un bonito paisaje pintado por Juan Arabel, y con clásicos como La vieja (Hermanos Ábalos) o Padre del Carnaval (Horacio Guaraní), el repertorio atravesó un heterogéneo camino con temas frescos y otros refrescados según la tibieza de las cuerdas, como el Candombe para Gardel (Rubén Rada).
Eugenia Menta, la inspiradora del trío, tomó a su cargo una buena parte de las líneas melódicas, aunque las tres fueron cambiando de roles a veces en una misma canción. Hasta en algunos momentos se animaron a cantar.
La clave estética pasa por los arreglos, y ahí dejaron su firma sobre todo el pianista Jorge Martínez, pero también Juan Arabel, Marco Cordero, Dante Ascaíno y Sebastián Tello.
En la lista de invitados que tomaron parte puede seguirse el rastro de ese afectuoso gesto: Jorge Martínez, Marco Cordero, Ana Robles, Santiago Oso Almada, Alejandro Colombatti y Mauro Ciavattini.
De todos los momentos de intensas sensaciones que pasaron por el prisma de los tres violonchelos, tal vez uno podría elegir uno de los compartidos con la talentosa riojana Ana Robles y su bella canción Lluvia: “¿Qué me trae esta lluvia finita/ esta lluvia que ni moja?”. No hacía falta asomarse a la ciudad: la respuesta vibraba en la sutileza de tres violonchelos tibios.
Pedano-Romero
Una música son todas las músicas y viceversa, sólo que cuando las notas se sueltan al aire pasan a ser gotas del rocío de un sentimiento. Aunque todas las cosas humanas se parezcan, hay algo único en cada manera de sentir, como uno y como parte de una cultura.
El sábado, en otra noche de métaforas húmedas, en Santo Diablo, Villa Carloz Paz, volvió a presentarse casi después de 20 años el dúo Pedano-Romero: Ernesto Romero, en piano o teclado, y Oscar Pato Pedano, en saxo (sólo habían tocado en Bell Ville).
De la profunda comunión entre ambos quedó tendido un breve viaje por ciertos registros sensibles en los que la complejidad armónica, la riqueza rítmica y las melodías inquietas sólo son confabulados para un instante de belleza.

Las composiciones de Romero sobre fuentes folklóricas argentinas, y temas de Sting, Egberto Gismonti, Ivan Lins o Pat Metheny fueron las alas de un sereno vuelo que ha regresado a estos escenarios.

