Crónicas en penumbra: Nuevos relatos urbanos
El tango se sigue encontrando en Córdoba: Diego Schissi fue el director invitado de la Orquesta de Mùsica Ciudadana, y Bernardo Baraj presentó su nueva versiòn de pìanista y cantor.
Puede andar casi agazapado como un presentimiento, suspendido en el éter de las evocaciones, pero cada vez con más constancia reaparece en la calidez de alguna penumbra acogedora. Es que el tango tiene demasiado caudal en sus venas como para atravesar agonías, y su testimonio urbano sigue encontrando narradores y momentos.
Algo de eso sucede entre nosotros, en Córdoba, donde siempre parece haber un balcón para asomarse. El fin de semana que pasó hubo dos visitas que, aunque de manera muy distinta, vinieron a refrescar estas sensaciones.
Sentidos abiertos
El viernes, el teatro San Martín volvió a ser el escenario señalado para contar otro cuento de inspiración tanguera. Hay que comenzar por decir que la Orquesta Provincial de Música Cuidadana, dirigida por Damián Torres, lleva adelante un intenso y dinámico trabajo. Esto no sólo tiene que ver con las periódicas presentaciones con repertorio renovado, que demuestra la salud de los ensayos, sino también con lo ambicioso y abierto de las ideas que le plantea a un público cada vez más consolidado.
Diego Schissi, pianista, compositor y arreglador, fue el director invitado de la ocasión, y puso a consideración un repertorio con piezas propias y otras más clásicas refrescadas con su mirada. El músico porteño es un talento muy reconocido por sus pares, y tiene una trayectoria de búsqueda estética consecuente; su convocatoria revela el espíritu que guía a la Orquesta.
Por momentos, el pulso del tango latía casi en el modo de los corazones adormecidos, pero a la vez en vigilia. Entonces, las notas trepadas al color de los instrumentos, ascendían en el aire con alientos sutiles pero cargados de sentimientos. Los arreglos de Milonga triste, de Sebastián Piana y Homero Manzi, llegaron muy adentro del alma de la más desolada de las milongas. O como sucedió con La música 55, en la que el director invitado, con sus propios dedos al piano, abrió el pecho de la sensibilidad con una composición extasiada. O, en otra dimensión, con la fresquísima y sumamente creativa versión del Pericón, en la que puso a toda la Orquesta a hacer palmas.
La formación fue por momentos quinteto, o trío, así de flotante era la propuesta. Diego Schissi alguna vez salió a buscar el aura de Astor Piazzolla, y no se trata de tomar su lenguaje musical, sino sobre todo la actitud abierta, despierta, sin continentes que asfixien. Y esa sustancia, ese desvelo estético por el cauce del tango, hizo del encuentro en el teatro un hecho artístico conmovedor.
Corazón renovado
El sábado, Bernardo Baraj, aquel cuyo nombre se pronunciaba con sonido de saxofón, que le puso color a algunas formaciones memorables (Alma y Vida, Vitale-Baraj-González), vino a Córdoba vestido de tango.
Y no vino a presentar un repertorio de ocasión, sino a mostrar una entrega madura: su pasión tanguera lo ha llevado a componer músicas y escribir letras, tocar el piano, cantar e incluso bailar. Todo su universo sensible cabe en este empeño.
Es decir, después de andar por caminos de rock, de jazz, de folklore, aquellas melodías que lo impactaron en las veredas de la infancia, se volvieron un manantial por fin abierto: Baraj tiene su propio testimonio urbano para dar, su manera de vivir y de entender Buenos Aires.
En Cocina de Culturas arrancó de pie y con el saxo tenor en las manos, para tocar un himno gardeliano: El día que me quieras ("El tema de Luis Miguel", bromeó), pero enseguida puso manos sobre el piano y empezó a contar su nuevo disco: Tal para cual. Asuntos íntimos de piano y vos, modos de canción porteña, fueron jalonando una presentación matizada con humoradas cálidas y hasta con la lectura de un cuento propio y unos pasos de baile.
Párrafo para su invitado especial: nada menos que Mingui Ingaramo, pianista y compositor cordobés de sensibilidad única. Dos temas bastaron para alcanzar parte de la bella hondura de su reciente disco El viento el tiempo (trabajo que presentará este jueves en Buenos Aires). Con Baraj compartieron además una versión de Oblivion, emblema del fantástico universo melódico de Piazzolla.
Para Baraj, este sinceramiento de su corazón de artista no merecìan ser otra cosa que una celebración, como los aplausos que acudieron a saludar el desafìo.

