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Crónica en penumbras: La alegría, el elixir de toda fiesta

El Presenta Trío cumplió 15 años y festejó a lo grande en Cocina de Culturas. Aquí, los detalles de la celebración. 

19 de junio de 2017 a las 06:05 p. m.
Crónica en penumbras: La alegría, el elixir de toda fiesta
Con torta y todo. No podía faltar la dosis de azúcar y chocolate en pleno recital del Presenta Trío (Foto, gentileza César Balcucci)

Es como si el tamiz de la cotidianidad con la que el aire de los días silba en las respiraciones agitadas de urbanidad y de las maneras de sentir que cabe en el pecho del Presenta Trío, pudieran encontrarle a un manojo de canciones folklóricas, si acaso no una segunda naturaleza inesperada, al menos un modo, otro paisaje sensible en el que puedan transcurrir con fluidez cálida y vibrante.

Todas las mezclas son posibles, aunque no siempre la alquimia alcance la fecundidad del barro, y hace tiempo que el folklore y el rock y sus alrededores se cruzan en las esquinas.

Los muchachos de Presenta Trío hacen que sea encuentro sea desnudo, o mejor, con la sencillez de lo que se tiene puesto: el sentimiento y la fascinación por la manera de latir y de contar canciones señaladas del folklore, con la energía y el espíritu.

No pierden de vista ni la sensibilidad que las ha parido, y se lanzan a subrayarlas con actitud apasionada. Y si hacen un lugar de convivencia entre lo sutil y lo estridente, es sobre todo la frescura y la transparencia de cada uno y de los tres, lo que pone a la mixtura fuera de toda sospecha.

Y, finalmente, lo decisivo es la alegría con que ponen en escena lo que tiene entre manos.

Por eso es que en el momento en que se les ocurrió convertir la celebración de su década y media de existencia en una gran fiesta, no fue sólo una ocurrencia. Y no pensaron en una fiesta cualquiera, sino en una de 15.

Eso fue lo que montaron el viernes en Cocina de Culturas, con todas las entradas vendidas. Había globos, cotillón, centros de mesa, camarógrafo en VHS, en fin, toda una puesta retro con el dee jay Fede Flores recibiendo con música de ocasión.

Los tres, Maxi Bressanini (voz y bajo), Marco Martina (batería y percusión), Bachi Freiría (guitarra y coros) bajaron vestidos de quinceañeras por las escaleras y así se acomodaron en el escenario. A mitad del recital, habría un intervalo para cortar allí mismo una gran torta, mientras mujeres tiraban de las cintas; luego otro para que las quinceañeras bailaran el vals. Incluso, hubo un tío obsequioso capaz de decir unas palabras sentidas, y ese fue el periodista Manolo Lafuente, en su clave lírica – irónica – divertida.

También hubo saludos filmados como el del gran autor riojano Pancho Cabral, que dio pie a la versión de su tema Pedacitos de agua, uno de los más logrados por el trío, en el que ajusta los universos sensibles para lograr un resultado conmovedor. Algo así sucede también con La luna en tu pelo o Soy de la Puna, por nombrar un par.

Bressanini sostiene las canciones con una voz clara y sentimental a su manera; Martina ajusta el pulso bien firme que les da tierra, y Freiría pone a disposición una guitarra gustosa y muy rica en recursos que define los climas. Entonces, todo el trío se echa andar por el camino que disfrutan y por el que van, sobre todo, en libertad.

El final tenía que ser con todo el salón en pie de baile. Fede Flores, que tomó parte de algunos temas y se quedó en escenario como un disc jockey de umbral del siglo 21. Lo decisivo era, otra vez, la alegría.

El ángel en bronce 

No hay manera que la invocación del ángel que en modo de suite dejó sentida y escrita Astor Piazzolla no conduzcan a lo profundo del misterio del estremecimiento. El viernes por la tarde, tres de sus movimientos (Milonga, Muerte y Resurrección) sonaron en una alquimia distinta pero tan conmovedora: la del sentimiento en bronce de La Colmena Big Band y del bandoneón del talentoso Pablo Jaurena (arreglos de Damián Torres).

Fue parte del fecundo ciclo que llevan adelante la escuela de músicos La Colmena y el Museo de las Mujeres, en plena Peatonal (Rivera Indarte 55). Antes, y ante un auditorio numeroso, Jaurena abrió con un par de versiones de clásicos en soledad (Sur incluido) y luego la big band transitó páginas de Brasil, algo de candombe uruguaya y finalmente salsa.