Bronces emocionados: así fue la apertura del Festival de Jazz
Anoche, en el teatro San Martín, el trompetista cordobés Mariano Loiácono junto a la Banda Sinfónica de la Provincia, abrieron la gran reunión de estos días con un concierto para recordar. Homenaje a Bebe Caniza en Cocina de Culturas.
Notas cargadas de colores broncíneos estremecieron el aire del Teatro San Martín, con un temperamento sensible en el que tuvieron lugar desde exclamaciones estridentes hasta melodías sutiles, casi apenas musitadas.
El miércoles, en la noche inaugural del Festival de Jazz de Córdoba 2016, Mariano Loiácono, su talentosa trompeta, y la solidez de la Banda Sinfónica de la Provincia guiaron el camino hacia la fuente original de los sonidos del género que conmovió la música del mundo en la primera parte del siglo 20.
El notable joven músico cordobés nacido en Cruz Alta (hizo parte de su formación en Nueva York y ha cautivado auditorios del país y más allá) tuvo en sus manos y en la potencia de su respiración la tarea de conducir una límpida y cálida apertura que culminó con la gente que colmaba el teatro aplaudiendo de pie y a la luz.
I Remember Clifford, de Benny Gilson, fue la canción que puso los ánimos a disposición de una noche clásica, pero a la manera del jazz. Concerto for Cootie, de Duke Ellington confirmó enseguida el rumbo.
El punto de partida fue con la Banda en versión reducida, convertida en big band (la orquesta tradicional del jazz,) bajo la contagiosa dirección de Marcelo Conca. Luego, la formación pasó por distintas versiones, como el dúo con Eduardo Elías en piano. Por un momento, la intimidad de la penumbra sintió llegar esas melodías del jazz que son capaces de rasgar el terciopelo de la noche y sus misterios.En la base rítmica tomarían parte Luis Barzola (batería) y Cristian Andrade (contrabajo), a los que se sumarían Martín Dellavedova y Néstor "Gato" Estorello (saxos), todos celebrados en sus improvisaciones.
El cierre llegó con la Banda Sinfónica en pleno, y fue la ocasión para escuchar A song to wake you up, una bella balada del protagonista de la noche. El incesante reclamo por una más, encendió una imagen para guardar: Loíacono y Andrade, trompeta y contrabajo mano a mano, sin micrófonos, a la orilla del escenario y con el telón caído. El Festival de Jazz Córdoba 2016 anotaba su primer momento mágico en su intenso camino de tardes y noches hasta el final del lunes.
Bebe Caniza
Casi a la hora en que caía el telón en el San Martín, el gran Bebe Caniza marcaba cuatro con sus baquetas y ponía en marcha el club de jazz en que todos los años se convierte Cocina de Culturas para los días del Festival. Y la suya no era una presentación más: su figura era el centro de un homenaje por su trayectorio de largos y fecundos años en el jazz de Córdoba.
Es que el hombre participó de grupos emblemas como Los Kings, Grupo Encuentro, Jazz 440, y es uno de los grandes nombres entre los bateristas de Córdoba.Tiene su propia banda, la Bebe Caniza Jazz Group, que se alimenta de talentos jóvenes: Santiago Di Cristofano (guitarra), Rodrigo Saldaña (bajo eléctrico), Jerónimo Gallo (saxo tenor).
Y esta vez vino en versión ampliada para el segundo momento de la noche: Julio Setembrini (saxo alto), Mario Rodríguez (trompeta), Alejandro Bodello (trombón), Germán Suárez (saxo soprano), Andrés Coppa (piano), Esteban Gutiérrez (percusión).
Fue un magnífico concierto con momentos de swing, bebop, baladas y toques latinos. Pero el momento en que se presintió la profundidad de la emoción del maestro fue cuando anunció el tema Toda una vida, que compuso junto a su hija Laura cuando cumplió 50 años con la música. Y en ese puñadito de minutos de la canción pudo entenderse, sí, la fecundidad de toda una vida.

