Un punto de vista sobre el video viral "35 y soltera". ¿Todavía no lo viste?
El corto 35 y soltera, que se viralizó esta semana, retoma un tema que la ficción trató antes, y mejor, desde un punto de vista tan conservador como su manera de expresarlo.
El termómetro de los temas de la semana no se define por lo que se habla en la cola del banco ni en el súper. De hecho, ya no hablamos, "comentamos" en las redes sociales; los temas no se instalan, ahora se viralizan; y si bien a veces los muros de Facebook son un ejemplo de diversidad y opiniones; otras parecen una sola y uniforme pared que repite la misma consigna. Estos últimos meses, el highlight de los videos virales tuvo un ranking de discursos en torno de la condición femenina. Llegaron en forma de miles de posteos, retuiteos, recontratuiteos y un bombardeo de "me gusta".
Primero fue Ni una palabra de amor, ese clip en el que la cantinela de María Teresa cumple con su rol de "mujer reclamadora" y el silencio de Enrique, con el de "marido que hace oídos sordos", para algunos funcionó como un retrato naturalista de la vida en pareja (al menos, de la idea de pareja que alimenta los chistes de asado). Después, llegó esa niña de lentes que con aparente espontaneidad planteaba "Las princesas son boludas", y desde un feminismo pre-escolar salvaba a Mulan y defenestraba a las demás chicas Disney. Y esta semana vimos cómo 35 y soltera, el corto biográfico de la directora argentina Paula Schargorodsky, se convertía en hit.
En rigor, el corto se titula, originalmente, 35 and single y la voz de la creadora narra su vida en un inglés con marcado acento argentino. Fue lanzado al mundo por la plataforma de videos de opinión de The New York Times. Allí, en una especie de diario íntimo en voz alta, la directora presenta su pasar "de chica sola", que coquetea con el perfil de experiencia cool neoyorquina a lo Sex and The City (ella vive viajando, su casa es un "divertido" caos) y la tarjeta personal clavada en la frente de "Mirá, sin embargo, qué Loser que soy" (en una velada manera de lamentarse por no haber sentado cabeza).
El video se instaló, en pleno año 2013, como si fuera la primera vez que alguien planteara el dilema, aquí presentado en términos porcentuales: "Un 25% de mí quiere casarse, 27% quiere ser libre, 26% quiere una vida espiritual, 22 % quiere hijos", explica ella, como si la torta estadística pudiera cortarse con un Tramontina. Y lo cierto es que atrasa más que el reloj biológico al que le da cuerda un mandato superado. No hay nada en la reflexión de 35 and single que no haya sido planteado antes (y mejor) por cientos de ficciones, desde Carrie Bradshaw y su consumismo de treintañera hasta las primeras viñetas de Maitena, la tira Ciega a citas, por cualquiera de las películas de Nora Ephron o el mismo El diario de Bridget Jones, comedia estrenada hace una docena de años.
Sin embargo, para muchos el corto autobiográfico y auto-conmiserativo descubrió la pólvora. Pero hay una trampa en el planteo que, como aquella carta robada de Allan Poe, es tan visible que pasa inadvertida gracias a su misma evidencia. "No soy una de esas chicas que siempre soñó con vestidos blancos y bebés", comienza la voz en off de Paula Schargorodsky. Y después sigue: "Pero en los últimos años, todos mis amigos se casaron, y yo apenas fui testigo". La contradicción es tan simple como el planteo. ¿Por qué alguien quiere algo con lo que nunca soñó? ¿Por qué elige el mismo camino que los demás, si la idea es aflojar la soga de la presión social? Y la directora no tiene mejor idea para aclarar esa duda que consultar a tres personas de su familia que, por cuestiones generacionales, miran el mundo regidas por el mismo mandato que ella quiere dejar atrás. ¿Qué espera que le responda su abuela?
Como esas mujeres de los cuentos de Dorothy Parker, que deciden casarse porque se cansaron de ser damas de honor y luego padecen arrebatos de inexplicable melancolía, "herederas de la historia" que no la cambian pero se quejan porque "es terrible lo que tienen que soportar las mujeres", el corto dice algo que ya está dicho, enciende una luz en una habitación en pleno día.
La conclusión del video, en la cual la protagonista, mientras corre hacia el mar como en una publicidad ochentera de toallitas femeninas, descubre su libertad, bien podría haberla aprendido leyendo algunos de los cientos de Best Sellers de aquel fenómeno de los libros "Chick Lit". Soltera, viuda, casada o célibe, a los 30, 40 o 50, qué más da.
Como bien dice Lizzy Cantú en su artículo "Elogio de los 30", publicado en la revista El Malpensante: "Llegar a los 30 solo es una tragedia si vives en ciertos países de África, porque significa que te quedan seis años más de vida".

