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Secuelas del Tano Pasman: Famosos sin querer

Al lado de los videos de humor creados para ser viralizados, otros hits que ganaron popularidad en la web fueron aquellos protagonizados por personas comunes: del Tano Pasman a la chica que dijo "Nos veamo, nos besemo".

15 de abril de 2016 a las 02:05 p. m.
Secuelas del Tano Pasman: Famosos sin querer
El Tano Pasman

La vida de don Santiago iba a cambiar ese día de 2011 en que se dispuso a ver uno de los partidos de fútbol más difíciles de su vida. Nervioso, sentado en un sillón frente al televisor, fue testigo de cómo perdía la categoría el club de sus amores. No sabía que sus reacciones frente a la catástrofe deportiva estaban siendo filmadas, reacciones que pocas horas después se reproducirían en pantallas de todo el planeta: la historia del hincha desbocado era demasiado atractiva y gráfica como para dejarla pasar. Santiago “el Tano” Pasman engrosaba así la lista de celebridades involuntarias a raíz del efecto virósico de Internet.

[video:https://www.youtube.com/watch?v=8OU1mW0Ty_Y]

Desde la irrupción de plataformas digitales como YouTube o las mismas redes sociales, esta clase de famoso espontáneo no para de aumentar. Son personajes que de un momento a otro, y como consecuencia de alguna frase o un gesto llamativo que se propaga a una velocidad sorprendente, producen nuevos latiguillos en el habla cotidiana, tal vez sin que ellos mismos lleguen a dimensionar su alcance. Es posible que haya que buscar el origen de este fenómeno en el norte del mapa (googlear “Nintendo Sixty Fooour” o “David after dentist”), pero es evidente que Argentina ha sabido fabricar algunos casos emblemáticos, como el del recordado “Tano” Pasman.

[video:https://www.youtube.com/watch?v=pFlcqWQVVuU]

[video:https://www.youtube.com/watch?v=txqiwrbYGrs]

Hay algo que genera un ruido de fondo en esta clase de fenómenos virales. ¿Querían sus protagonistas volverse tan públicos? No lo sabemos, y eso es algo que se riñe con la ética. Pero su singularidad es la empatía que generan: al verlos, sus performances nos sitúan grotescamente en algo que ya hemos experimentado antes, así sea la frustración absoluta (“¡Estamos en la B!”), la promesa de una noche memorable (“un poquito de quilombo, sin romper nada”) o una felicidad tan grande que no podemos ocultar nuestros sentimientos (“Nos veamo y nos besemo”). Y por eso siempre les vamos a estar agradecidos.