Temas del día:

Néstor García Canclini: "Hay que repensar el modo de hacer cultura"

Néstor García Canclini indaga las estrategias creativas y el trabajo en redes de las nuevas generaciones. Un diálogo con el antropólogo argentino radicado en México.

01 de diciembre de 2013 a las 12:00 a. m.
Florencia Magaril
Néstor García Canclini: "Hay que repensar el modo de hacer cultura"
Néstor García Canclini dice que los jóvenes tienen estrategias creativas frente a la inestabilidad laboral.

Néstor García Canclini nos recibe para conversar acerca de su nuevo libro en su moderna casa ubicada en la tradicional colonia de San Ángel, al sur de la Ciudad de México. Cultura y desarrollo. Una visión crítica desde los jóvenes compila el resultado de un trabajo de investigación realizado en la Ciudad de México, que explora las nuevas formas de creatividad, sociabilidad y acceso al desarrollo cultural contemporáneo. Es decir, las nuevas estrategias de producción, circulación y consumo de bienes culturales implementadas por una generación de jóvenes emprendedores y creativos.

¿Cómo editar libros al margen de la gran industria? ¿De qué modo difundir y comunicar el arte contemporáneo por fuera del mercado y los espacios institucionalizados? ¿Desde qué lugar generar redes más libres de acceso a la música? Son algunas de las preguntas que guían la indagación realizada por Canclini junto con Maritrza Urteaga y un grupo de investigadores.

–¿Por qué la recurrencia de tomar a los jóvenes como objeto de estudio?–Desde 2005 vengo trabajando sobre jóvenes. Con el correr del tiempo me fui dando cuenta que en la sociedades contemporáneas y en las grandes ciudades se estaba configurando un universo muy distinto en torno a lo que algunos llaman emprendedores, jóvenes creativos, trendsetters o "prosumidores". Me pareció que dentro del conjunto de problemáticas de los jóvenes se estaba abriendo un espacio que replantea lo que se venía diciendo sobre este grupo etario. Los jóvenes que estudiamos en torno a la creatividad suelen ser muy calificados, con estudios universitarios, algunos con manejo de dos o tres idiomas. Sin embargo, comparten las mismas condiciones de precariedad que la mayoría de los jóvenes en la actualidad. Es decir, sufren desempleo, inestabilidad laboral... Por otro lado, me pareció que desde la perspectiva de estos jóvenes aparecían diferentes modos de encarar preguntas sobre las industrias culturales. Preguntas que giran en torno a la relación entre la impresión en papel y la comunicación digital, la discusión sobre los museos y sus formas de difusión así como también la industria de la música, una de las áreas que ha sufrido los cambios más acelerados.

–¿Por ejemplo?–Por ejemplo, en un rango de edad de entre 20 y 35 años, la relación que mantienen con los discos, lo digital, los festivales y los estilos estéticos pareciera proceder de tres generaciones distintas. Todo este dinamismo de la condición juvenil la vuelve un lugar espléndido para captar procesos contemporáneos que están en mutación.

–¿Cuál sería el modo de consolidar estas estrategias hacia un camino profesional más estable?–Hay algunas experiencias desde mediados de la década de 1990 en Inglaterra, España y Australia, países que después del neoliberalismo perdieron muchos empleos y dejaron a los jóvenes en condiciones de exclusión. Allí se desarrollaron programas de apoyo a Pymes culturales para facilitarles su autogeneración de empleo: se dieron créditos, préstamos blandos, becas, tratando de incentivar la interconexión de estos grupos con las industrias. En muchos casos las industrias los buscaron para tercerizar la producción y abaratar costos. Existen muchos estudios que han documentado este proceso y sus limitaciones, aún antes de la crisis económica y financiera que se desató en 2008. Ya sin la crisis se veían las limitaciones de estos apoyos, que por un lado alcanzaban a un número limitado de jóvenes y por otro tendían a transferir la responsabilidad social del Estado, las industrias y las empresas hacia los individuos para que cada uno se las arregle para generar sus condiciones de empleo. En este sentido, se produce una falsa mirada sobre lo social y lo económico. De todos modos las fallas de ese sistema de apoyo se mostraron más evidentes cuando los Estados se fueron desmantelando.

–¿Y en Latinoamérica?–En America latina no conozco experiencias semejantes, salvo la brasileña. Durante el período en que Gilberto Gil fue Ministro de Cultura, produjo un tipo de programas llamado "Puntos de cultura". Consistían en más de dos mil centros culturales equipados con capacidad de producción cultural y digital para ser utilizado por los jóvenes de las comunidades. Otro modo en que los ministerios de Cultura pueden apoyar estos emprendimientos es generando otro tipo de legislación, produciendo debates sobre las descargas libres, la posibilidad de facilitar la comunicación digital y la creatividad a través de las redes. Sin embargo, siempre son necesarias las condiciones contextuales que faciliten y den cierto financiamiento económico, asumiendo cierta responsabilidad del Estado, las empresas y fundaciones.

Escenario global

–¿Los resultados del libro se podrían transferir a lo que sucede en otras ciudades de America latina?–Yo he dado algunas conferencias en otras ciudades sobre estos temas como San Pablo y Buenos Aires y me han dicho "aquí sucede lo mismo". Incluso en Boston (Estados Unidos) se me acercaron varios padres para decirme que los jóvenes que estábamos describiendo en la Ciudad de México se parecían mucho a lo que ellos veían en sus universidades. Me parece que es un fenómeno internacional que tiene que ver con el creciente desempleo en las generaciones jóvenes y la expansión de las nuevas tecnologías que dan fluidez a la creatividad.

–¿Cuáles son las conclusiones más importante que arroja esta investigación?–Considero que hay varios descubrimientos. Uno es la transformación en el modo de hacer cultura, que podría describir como el pasaje de la carrera hacia los proyectos. Las generaciones anteriores nos habíamos acostumbrado a que si cumplíamos con ciertos pasos en la formación académica y el desempeño profesional íbamos a hacer una carrera y llegaríamos a altos puestos en la universidad o en empresas. Esa idea de "carrera" se está agotando. Hay una enorme inestabilidad en todos los campos laborales. Los jóvenes han interiorizado esta situación y actúan para desarrollar proyectos y encontrar financiamiento con fines específicos en plazos de seis meses o un año. Cuando esos proyectos se acaban, buscan otro trabajo, luego están otros seis meses desempleados y posiblemente cambian de país o de ciudad. Es una movilidad que tiene una parte fascinante pero que también implica una gran precariedad.

–¿Cuáles son los desafíos?–Hay una emergencia de repensar el modo de hacer cultura en las sociedades contemporáneas. En general, los ministerios de Cultura, salvo las excepciones que mencionaba antes, siguen viendo qué hacen con los museos, con las industrias culturales, cómo mejorar la lectura y los hábitos tradicionales. Si bien hay que continuar haciéndolo, no se puede perder de vista que todo se está redefiniendo en relación con lo digital y las nuevas formas de agruparse, de comunicarse y de reunirse en la ciudad. Hay un dinamismo que requiere pensar nuevas formas de apoyo desde el Estado, legislar de otra manera la relación entre lo público y lo privado, el copyright, los derechos de autor y las descargas libres. Hay un abanico de cuestiones que tienen que ser reformuladas.

–¿Qué pasos serían necesarios?–Hay dos decisiones que me parecerían "revolucionarias" (con todas las minúsculas que hay que ponerle a esta palabra en la actualidad). Una es lo que se está haciendo en países como Argentina, Uruguay y Brasil: entregar computadoras a los alumnos de primaria y secundaria, que permitan la comunicación con el mundo, la experiencia nacional e internacional y que contengan programas que faciliten la creatividad. Tal como es posible advertir en los primeros estudios de evaluación de estas experiencias, las computadoras entregadas a los alumnos son una bomba para las familias, ya que transforman las relaciones entre padres e hijos, entre la familia y la cultura, la información y el entretenimiento. Además, cambia el lugar de la televisión en la casa y reorganiza toda la relación con el saber. El otro gran impulso me parece que es redefinir el papel del Estado, dando un lugar protagónico a los jóvenes menores de 35 años en cargos directivos. Lo hemos visto en muchos países donde se nombra director de una institución cultural más o menos importante a jóvenes: las instituciones cambian a través de su mirada refrescante y se muestran más abiertas a nuevos procesos.

Perfil. Néstor García Canclini (Argentina, 1939) es Doctor en Filosofía. Ha sido profesor en las universidades de Austin, Duke, Stanford, Barcelona, Buenos Aires y San Pablo. Recibió la Beca Guggenheim, el Premio Ensayo Casa de las Américas en reconocimiento a Culturas populares en el capitalismo y el Book Award de la Asociación de Estudios Latinoamericanos por el libro Culturas híbridas. Estrategias para entrar y salir de la modernidad. Otros trabajos destacados son Consumidores y ciudadanos, La globalización imaginada y Diferentes, desiguales y desconectados: mapas de la interculturalidad. En la actualidad enfoca su investigación en las relaciones entre estética, arte, antropología, estrategias creativas y redes culturales de los jóvenes.