Jugar con la realidad: una opinión sobre el videojuego del "samurái cordobés"
La aparición del videojuego "Keku Liao, Samurái cordobé", consigue exposición por su oportuna aparición. ¿Es el mismo caso del video de Onur?
El secreto parece estar en el timing. Para graficar, el caso del videojuego inspirado en lo sablazos del samurái cordobés, apareció cuando todavía no habían terminado de suturar a los malhechores heridos. Se trata, claro está, de un chiste de humor negro, oportunamente lanzado a través de una web que se dedica, justamente, a armar videojuegos en broma.
Con el nombre de Keku Liao, Samurái cordobé –y emulando aquellos videojuegos vintage que funcionaban con fichas, una perilla y dos botones–, la versión lúdica de la noticia que llamó la atención de los medios nacionales se viralizó también.
El juego apareció en la web Shitty games, que es un espacio autodefinido como "Juegos sin terminar, sin sentido, rápidos, divertidos, no tan divertidos, no nos importa". El desafío consiste en manejar un muñeco pixelado de un hombre que está en la vereda de su casa y se enfrenta a los ladrones con su espada.
El oportunismo suma puntos, claramente. La reacción del hombre que se defendió con la espada motivó una catarata de reacciones que van desde análisis políticos y sociales hasta un incremento en la venta de espadas samurái. De esa catarata, también pueden nacer noticias. O chistes. Estos últimos a veces vienen de la mano de un autor o –como en el caso del videojuego– de una mano anónima. Aunque hasta el momento no sabemos quién está detrás de esta idea, seguramente se trata de alguien que se despanzurró cuando se dio cuenta de la trascendencia que tuvo.
Ponele la firma
Algo parecido ocurrió con el fenómeno del protagonista de Las mil y una noches, don Onur, que fuera oportunamente retratado en formato videoclip por el grupo humorístico Los Pugliese, aunque en este caso la intención era clara: parodiar un fenómeno simpático de la actualidad para generar curiosidad, promover la viralidad y reírse de los resultados. Pero en el caso del juego, el autor es anónimo y el producto no tiene mayor gracia que la de motivar una mirada jocosa sobre un tema delicadísimo (algo comparable al videoclip de Delfin, sobre Las Torres Gemelas).
El destino de estas "piezas" virtuales no pueden predecirse. Lo que empieza como un ejercicio de hilaridad acaba en las pantallas de la BBC, en la televisión turca y en boca del propio actor que interpreta a Onur, diciendo que le pareció gracioso. Aunque el juego del samurái no tenga esas aspiraciones, en ambos casos es crucial el maridaje del oportunismo con el azar: impactar en la parte más delgada de la agenda –la que se nutre de las curiosidades–, generar empatía/morbo/discusión, y convertirse así en noticia. El juego del samurái Keku Liao fue creado por una empresa dedicada a esos menesteres, y se puede jugar en su versión web o descargando la aplicación de Android. La parodia de Onur se puede ver en YouTube.
Ambos "productos" están atados a un titular noticioso y acabaron convertidos en noticia por sí solos. De su trascendencia se pueden desprender distintas miradas, pero quizá la más interesante sea, no qué motiva a sus creadores a lanzarlos, sino qué hace que los compartamos. En ese acto anida el gen del fenómeno de las redes sociales y la viralidad: la del rol del público frente a los hechos de la realidad. Lo demás es puro chiste.

