Flavia Irós: “Me dijeron que fluya... y fluiré”
Comienza un nuevo programa en la FM Córdoba, a la que llegó después de un agitado mercado de pases mediático. Dice que la negociación viene de años y que no le exigieron nada más allá de seguir siendo ella misma.
Con su confirmación en la FM Córdoba, Flavia Irós alteró el mercado de pases de los medios locales. El lunes estrenará programa en la emisora líder de calle Alvear (Estamos como queremos), tras siete años de encontrar y cultivar una personalidad en Mía FM.
Sin embargo, ella está lejos de considerarse una “figura”. “Los que laburamos en este medio somos un narcisos vulnerables crónicos. Somos histriónicos, sí, pero también muy de quebrarnos por nada. Entonces, lo de la creérsela puede ser muy dañino. Para mí es una farsa, directamente. Si me reconocen por lo que hago, buenísimo. Pero si llego a un lugar y digo ‘ay, miren qué tan popular soy’, pinta la parte dañina de la que me quiero cuidar”, analiza la conductora.
–¿Cuál es la trastienda de este pase?
–Agoté un ciclo que había empezado como un desafío. Porque antes de entrar a Mía quería romper con el prejuicio de que la FM era una radio en la que decías “Esto fue Ricky Martin con su tema…” con voz erótica, más la hora y los hectopascales. Y siento que pude construir un universo propio. Pude ser yo, con mi esencia y sin perder de vista los cánones de la empresa para la que trabajaba. Pude construir bastante en Mía, y darme cuenta de que la FM tiene un campo a explotar buenísimo, que requiere más creatividad. En Mía me hice grande, me hice mamá, pero en un momento se me apunó la inventiva.
–¿Cómo comenzaron las negociaciones?
–Hacía mucho que venían con esta propuesta... ¿Pero viste cuando vas a dejar un novio y pensás “pero es buen tipo”? Bueno, me pasaba eso. Y fue así hasta que un día dije “¿por qué no?” Siempre fui una impune irrespetuosa ante la palabra responsabilidad. O siempre tuve un crónico nivel de inconsciencia. Pero la maternidad me cambió de eje y el trabajo dejó de ser un juego remunerado. Ahora entro en la fase del popular “llenar la panera”. Antes cambiaba sólo por cambiar; ahora, el laburo es medio de vida y las decisiones me cuestan un poco, las razono, las maduro. Pongo todas las cartas en la mesa. Insisto, pensé “¡¡¡es ahora!!!” También tuvo que ver el equipazo de gente que tiene FM Córdoba. Tengo muy en claro que me subo a una Ferrari.
–¿Qué vas a hacer para diferenciarte de la Flavia de Mía?
SEnDTopless (risas). A nivel empresa, ellos son muy libres, valoran al profesional que lidera cada espacio. Más allá de eso, en la previa fui muy receptiva. Pero me dijeron “hacé vos, construí vos”. Ese es el desafío. Me dijeron que fluya. Y fluiré.
–¿Cómo fundamentás tu vínculo con los taxistas?
–¡Les amo! Me vincularon con los tacheros tantos años en El Doce haciendo la calle. Iba a las notas en taxi, por el canje con Transmitaxi, y conocí su propia cocina de laburo. El taxista es un referente social categórico. Lleva y trae, gente e información, es un psicólogo andante, está todo el día con la camarita enfocada en la ciudad. Me ayudaron mucho con sus charlas, con sus historias. La historia cotidiana de Córdoba me puede. Me identifico con eso. Supe leerlos y después, ya conmigo en Mía, se dio la química.
–¿Dirías que tenés calle?
–Creo tenerla. Siento que eso me dio la solvencia como para dejar la tele y tenerme confianza para trascender con la palabra. En la radio tenés que enganchar, imponerte. Por eso no comulgo con las radios de laboratorio, que ponen a gente para que haga dos o tres salidas robotizadas. Estoy en contra de esa despersonalización de la radio. Por otro lado, el oyente está a la expectativa de lo que dice tal o cual. La calle me dio la solvencia. Si voy a hablar del Festival del Maní, es porque alguna vez estuve allí cubriéndolo. Puedo hablar del Festival de la Gallina Hervida porque me relacioné con los gauchos que hervían las gallinas. Eso me dio El Doce, muchas horas de espera en la calle, muchas horas de bares. Lo que te imagines, hasta pasar Navidad con la gente que va a la Iglesia del Carmen o tomarme un trago con el ciruja de la vuelta.
–¿Por qué el nombre del programa?
–Yo le quería poner Vieja del aire… Suena más bizarro porque parte de Vieja del agua. Y después pensé que la palabra vieja, para algunos, suena demasiado peyorativa. Entonces pasé a Estamos como queremos.
–Suena a Legrand diciendo “como te ven te tratan”.
–¡Es cierto! Va por ahí. ¿Viste esos virales onda “me puse como quise”? Es una alusión a eso: Estamos como queremos.
–¿Algún ritual para la previa del debut?
–Yo soy un chamán andante. Uso la colonia de La Franco, la vieja farmacia, y la tiro cuando quiero impregnar a un lugar de buena onda. Así que tiraré colonia de La Franco y vestiré mi remera de la virgen de Guadalupe. Nada más. Siempre que tengo una carga de adrenalina agarro a mi hija de los cachetes y la mato a besos. Pero mañana (por ayer) se la llevan de vacaciones.
–Últimamente rinde más una sola conductora que un equipo de periodistas en torno a un informativo. ¿Cómo te parás ante eso?
–Está bravo el nicho laboral, pero sigo creyendo en el laburo de equipo. Creer que uno lo puede todo, esa omnipotencia “yo solo en cualquier lugar”, no va. Hay que tener un respaldo. En todo caso, uno es un jugador fuerte con fuerte respaldo. ¿Qué hago si no lo tuviera? ¿Salgo a hablarle a los tacheros con un megáfono?

