Fabiana Masena: "Quiero transmitir nada más que buena onda"
Fabiana Masena conduce “Colgate conmigo” en la mañana de Loca suelta, con la mira en pasarla bien.
Poner buena onda, dice Fabiana Masena, ubicada detrás del micrófono con la belleza que durante años sostuvo su trabajo como modelo y conductora. Desde noviembre pasado, de lunes a viernes, la mañana de Loca Suelta está a su cargo y su principal objetivo con Colgate conmigo, como bautizó al envío, es ayudar a que los que escuchan la pasen bien. Por eso, dice también, no hay noticias ni agenda ni nada bajón". "El programa es un reflejo de cómo soy yo", resume, y en pocos minutos de charla aparece la mujer que viene construyendo desde que tenía 20 años. En ese momento, Fabiana sufrió un paro cardiorrespiratorio y estuvo clínicamente muerta por un cuadro grave de asma.La experiencia la sintonizó, asegura, con una búsqueda que permanece desde entonces. "Después de eso quedé tan débil que sentí que tenía que curarme sola. Los médicos no podían hacer mucho más. Empecé un curso de control mental y fue maravilloso. Ahí está todo. El pensamiento forma la emoción y el poder de manejar tu vida. Eso trato de transmitir en la radio", agrega.Su carrera televisiva y como modelo están por ahora en pausa, pero sin planes de retiro. "Nunca me retiro de nada. Si me llaman para un desfile lo hago y paso en bikini también, porque puedo hacerlo", dice, con la seguridad de un cuerpo que cuida y perfecciona. "Tengo una genética bendita que heredé de mi padre. Siempre parece tener 10 años menos, y es su forma de ser también. Si no tenés una energía alegre, por más que vayas al gimansio y tengas buena piel, lo que se refleja es lo de adentro", sentencia. A esa alegría fundamental, Fabiana suma una serie de cuidados que dice que empiezan con la alimentación sana, no fumar ni tomar alcohol, hacer gimansia, yoga, guiso de lentejas tres veces por semana y tratamientos básicos para mantener la piel fresca. "Nunca uso maquillaje, ¿ves?", dice, pasándose un dedo por la mejilla. En el cuello asoma un tatuaje oriental. "Es el símbolo chino del amor", aclara, y debajo de las pulseras de su muñeca derecha lleva el nombre de su hijo menor, Giorgio. "Tengo pendiente un dragón evolucionado, con alas y escamas, para la espalda", dice, y se entusiasma de nuevo con la imagen, ya fuera de la radio.

