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Soy tu fan: como en Toy Story, los libros olvidados también quieren ser adoptados

Cada vez que viajo, me traigo un libro. Pero no es cualquier libro. Es ese que queda al fondo del viejo local. Ese que tiene impresa la historia en sus hojas amarillas. Ese que, por alguna razón, despierta una curiosidad imparable.

13 de diciembre de 2023 a las 09:03 a. m.
Soy tu fan: como en Toy Story, los libros olvidados también quieren ser adoptados
Soy tu fan: como en Toy Story, los libros olvidados también quieren ser adoptados (Collage web)

Cuando viajás, siempre te traés algo de vuelta: desde un suvenir para regalar hasta alguna colación característica del lugar. En lo personal, siempre que salgo de Córdoba me traigo un libro en la mochila. Pero no cualquier libro. Tiene que ser uno especial, auténtico y con mucha historia.

Durante mi viaje de estudios a Bariloche, en 2015, me gustaba levantarme más o menos temprano (o lo que permitiera el cuerpo en función de la noche anterior) y recorrer el centro de la ciudad con mis dos mejores amigas en busca de nuestra propia aventura, antes de embarcarnos en las travesías propuestas por los coordinadores.

En una de esas caminatas sin rumbo, entramos en una antigua librería. El lugar era angosto y estaba repleto de ejemplares del siglo pasado. Mientras mis compañeras se quedaban rumbeando entre los tomos más nuevos, fui hasta el fondo del local y me topé con una enorme pila de libros olvidados.

Entre todos los que había, me llamó poderosamente la atención uno pequeño de color rojo, con las tapas forradas casi artesanalmente y que en su lomo decía: “Grijalbo-Gerald A. Browne-11 Harrowhouse”. A pesar de sus hojas amarillentas por el paso del tiempo y de su descuidado pasado, pude descubrir que se trataba de la primera edición traducida en España en el año 1973. Más tarde me enteré de que era una de las novelas más leídas de este autor norteamericano y que salió al mercado por primera vez en 1972.

Algunos de los libros que fui encontrando en mis viajes, entre ellos "11 Harrowhouse" (Fotos: La Voz del Interior)
Algunos de los libros que fui encontrando en mis viajes, entre ellos "11 Harrowhouse" (Fotos: La Voz del Interior) (LVI)

En ese momento, agarré el libro toda emocionada y salí corriendo a preguntar cuánto salía. El vendedor no tenía ni idea de su existencia y ni siquiera lo tenía registrado en el sistema, por lo que me pidió tan sólo $ 50 por él. Cuando regresé a Córdoba, me puse a leerlo inmediatamente porque me intrigaba saber de qué se trataba la historia. Las tapas no daban mucha información y, en ese entonces, no se me ocurrió buscar en internet sobre los orígenes de Browne ni de la La casa número 11 (como se conoce en español este libro, también hecho película un año después de su publicación).

Recuerdo haberme enganchado con el relato y encontrar fascinación en la escritura de antaño. Hoy por hoy, recuerdo una escena en la que la pareja protagónica roba una serie de diamantes y arroja algunos de ellos a la calle, provocando un caos entre las personas, que se tiraban al piso a recogerlos.

Algunas fotos de la Librería Helena de Buenos Aires, un anticuario icónico de las calles porteñas (Fotos: La Voz del Interior)
Algunas fotos de la Librería Helena de Buenos Aires, un anticuario icónico de las calles porteñas (Fotos: La Voz del Interior) (LVI)

Así empezó mi fascinación por traerme a casa un libro del pueblo, la ciudad o el país que visitaba. Cuando pisé por primera vez Buenos Aires y me encontré con un sinfín de locales de libros muchas veces olvidados, estuve días enteros entre pilas y pilas de tierra y hojas amarillentas que mi alergia quería evitar, pero mi corazón no podía soltar.

Lo más hermoso de traer libros usados son los escritos internos de sus lectores. En mi viaje a través de las estanterías, encontré desde viejas y hermosas dedicatorias de los años ‘40 hasta algunas marcaciones que me hubiera encantado saber por qué eran importantes para quien lo tuvo entre sus manos antes que yo.

Con los años, mi biblioteca personal se fue armando con libros de más de 50 años que, por alguna razón, llegaron a mí como los juguetes de Andy que Bonnie adopta en Toy Story 3. Cuando los veo, me gusta fantasear con la idea de que algún día conoceré a sus antiguos dueños y pueda descubrir la historia detrás de la historia. Adoptá un libro, es un acto maravilloso.