La risa, el mejor de los antídotos
“El Gordo” Oviedo presentó “Mi vida… y cien cuentos”. El ex "Hortensia" se mostró lúcido y gracioso a sus 85, y reivindicó al humor como el remedio contra la muerte.
Una loa emotiva a la amistad y la supervivencia. Y, por supuesto y por encima de todo, al humor cordobés. En eso consistió en esencia la presentación de ayer de Mi vida... y cien cuentos en el Cabildo, décimo libro de Edgardo "El Gordo" Oviedo (Nuevos Editores, Raíz de Dos) en el que vida y chistes se dan la mano como una misma carcajada frente a la muerte.
La ceremonia, a sala llena y con gente parada, abrió y cerró con mini-show folklórico de Los Patricios, y en la misma también se hicieron presentes Carlos Presman, prologuista del libro, Mariano Cognini y Chichilo Viale, hijos respectivos del fundador de Hortensia Alberto Cognini y el recientemente fallecido Pippo Viale, dos grandes amigos de Oviedo, y Antonio Granero (Cascote), quien introdujo al evento remarcando que lo que hizo célebre al humorista es la descripción en sus historias; en ellas lo importante es el relato, el remate sólo consecuencia.
Presman, por su parte, contó la anécdota que abre el libro, cómo conoce a Oviedo y a Pippo Viale el año pasado en una fiesta que celebraba por igual el cumpleaños de Cascote y los 40 de Hortensia, haciendo de chofer de la dupla: "me reí desde que subieron al auto hasta que los dejé en la casa", dijo. Llamó además "maestro" a Oviedo en el día del maestro, elogiándolo como un ejemplo del arte de vivir en contraposición a "ciertos \'pelafustanes\' que vienen de África para hacerse los gurús. Oviedo es un verdadero gurú –siguió Presman-, al que le pasaron cosas incómodas. Perdió un hijo, mujer, amigos, y así y todo se basó en el humor para seguir".
Y citó al humorista: “Vivir es el mejor chiste que le hacemos a la muerte”. Y, claro, avalancha de aplausos.
Vida de cuentoFaltaron dos breves aportes a cargo de Chichilo Viale ("Al Gordo lo quiero como si fuera mi viejo, lo conozco de chiquito, yo aprendí a hablar huevadas con todos ellos") y de Mariano Cognini ("Yo al Gordo le alquilaba los micrófonos en las peñas, cuando estaba por hacer el remate justo fallaban") para que hablara el autor y especial anfitrión de la noche: dando muestras de una lucidez y un sentido del humor envidiablemente intactos a sus 85 años y vestido con una camisa rojo furioso, Oviedo pasó a contar una historia, la suya, la de su vida.
Tomando como eje la suerte cambiante, el humorista llevó a la oralidad el arranque biográfico del libro: su infancia y adolescencia, su familia, Cognini, el Pelado Alonso, Hortensia, Radiolandia. Hubo risas, también lágrimas, y un público expectante y maravillado hasta el final.

