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Una risa desesperada

En “Bahía Blanca”, Martín Kohan acude a la ciudad costera y a su mala fama para situar allí a Mario Novoa, su protagonista, con el que esboza una novela de amor con toques de humor y amargura.

16 de marzo de 2012 a las 06:40 p. m.
Una risa desesperada
Martín Kohan define Bahía Blanca como una novela de amor y negación.

En sus dos sentidos, con mayúsculas o sin ellas, Bahía Blanca, el título de la nueva novela de Martín Kohan, apunta a lo mismo: una presencia (geográfica) que es, como dice Mario Novoa, su protagonista, tanto la ciudad castrense, de espaldas al mar y con fama de "yeta" en la que éste se refugia por motivos no del todo claros para emprender una investigación académica, como un vacío impregnado de negatividad, una nada, una literal (y literaria) "bahía blanca".Término inmejorable para ilustrar un libro lunar, surreal a pesar del pensamiento lógico y racional de Novoa, estructurado en la forma de un diario personal donde el académico va registrando sus desconcertantes vivencias: ir a un locutorio cercano en el que cae en la cuenta de la existencia de su joven y gélida recepcionista; la visita de un grupo de catequistas del que sobresale una muchacha cuya nuca obsesiona a Novoa; las referencias a Ezequiel Martínez Estrada y Darwin, personajes históricos ligados inextricablemente a la ciudad costera; un sueño recurrente sobre un león plateado; las citas al básquet, al boxeo; y un par de incursiones a la localidad de Ingeniero White y su prostíbulo decadente, el Black Cat.

Y todo eso antes de un súbito regreso a Buenos Aires, ciudad que reclama su protagonismo en las últimas 100 páginas del libro, en donde los hábitos de Novoa cambian pero no así su obcecado pensamiento, aquél relato en apariencia medido y distante que se devela negación, solapamiento de un crimen y una lejana historia de amor no resuelta (al menos para Novoa).Ahora bien, ¿cuánto hay de "inspiración" por el lugar real, la Bahía Blanca en mayúsculas, la del "clima adverso" y la "arquitectura ingrata"? "La idea partió de una visita que hice a la ciudad, pero mucho más de mi interés por la mitología de Bahía Blanca, por su mala fama, por su tradición de ciudad maldita", explica Kohan. Y sigue: "Lo primero que tuve fue el lugar: la ciudad negativa, la ciudad adversa. Y recién ahí empecé a pensar qué clase de historia podría tramarse para que sucediera ahí. Es todo un tópico que un personaje emprenda un viaje para cambiar de vida; lo que me propuse con Bahía Blanca era algo más: que el personaje eligiera un lugar que fuera perfecto para el olvido, para borrar y para negar, para ponerse 'en blanco'".ReincidenciaBahía Blanca supone la reincidencia de otro personaje reprimido, voyeur e inquietante como el de novelas emblemáticas de Kohan como Dos veces junio y Ciencias morales, aunque ahora el contexto de dictadura se desplaza a uno contemporáneo, incluso al Buenos Aires "violento". Por eso, Bahía Blanca es un corte, pero también una permanencia."En Bahía Blanca efectivamente no está la Historia en primer plano, ni tampoco hace centro en lo político. Yo la veo como una novela sobre la capacidad de negación, una capacidad que admiro mucho y que me parece que no tengo –reconoce–. A partir de eso noto hasta qué punto Dos veces junio o Ciencias morales no eran, al fin y al cabo, otra cosa que eso: novelas sobre la negación. Me gusta pensarlas así antes que como 'novelas de la dictadura'". La última de esa serie de variaciones fue Cuentas pendientes, situada en el presente pero partida al medio por la repentina aparición del mismísimo Kohan en el relato. ¿Significó esa ruptura un borrón y cuenta nueva? ¿Le costó al autor seguir después de esa invasión de la "realidad"? "No, nunca me cuesta seguir", responde. "No me planteo seguir, no me lo exijo. Dejo que con el tiempo aparezcan algunas ideas, que cobren forma, que se vayan armando"."En Cuentas pendientes me puse yo porque quería atentar contra la supuesta importancia social de los escritores, y consideré que habría sido un error aludir a cualquier otro escritor, o a ninguno en particular, que es lo mismo que decir a cualquiera –continúa–. Hay en esa novela una mirada muy escéptica respecto de lo que ser un escritor puede significar. Pero no había de mí más que eso en el personaje. Mario Novoa sí es en cambio mucho más autobiográfico, porque su idea y su vivencia del amor son bastante parecidas a las mías, aunque no idénticas".Esa idea del amor involucra por lo menos dos triángulos amorosos que serán decisivos en la resolución de Bahía Blanca, aunque al principio estén velados, prácticamente tapados por la negación crónica de Novoa. Kohan: "Para mí Bahía Blanca es sobre todo una novela de amor. Y por eso éste aparece escondido: porque es lo fundamental. La novela de amor, la estructura triangular, y a la vez la certeza amorosa de que los terceros sobran, o más que eso: que no se puede soportar que haya otro o que haya habido otro. Una especie de regla del tercero excluido. Sólo que al tercero esta vez hay que decidirse a excluirlo en serio, porque está ahí".Resolución irracional del racional Novoa que arrastrará el drama pasional a un plano extrañado pero, como ya es costumbre en las obras de Kohan, también a una dimensión humorística, levemente caricaturesca: "El otro día participé en una lectura; leí tres o cuatro partes de Bahía Blanca. La gente se reía mucho al escuchar y yo me alegré, pero no me había dado cuenta de que había un humor tan marcado en esas partes. Se ve que es un tono al que yo tiendo, o que se me impone por sí solo (a veces cuando hablo también me pasa, cuando doy clases, por ejemplo). Como Bahía Blanca es para mí una novela triste, porque es una novela de amor, el resultado puede que sea una especie de risa amarga, de risa compasiva, de risa desesperada".Bahía BlancaMartín KohanAnagrama 276 páginas$ 70