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Un policial de a dos

“Los muertos de la arena” es la segunda parte de la saga que firman Elvio Gandolfo y Gabriel Sosa.

07 de octubre de 2011 a las 05:57 p. m.
Gustavo Pablos
Un policial de a dos
Elvio Gandolfo confiesa que no es fanático de la novela policial, y afirma que en “Los muertos de la arena” buscó evitar los lugares comunes del género.

La valoración del género policial, posible de ser mensurada por el vacilante gusto del público como por las menos intangibles decisiones de quienes tienen la misión de crear y sostener los diversos gustos, suele fluctuar de un extremo a otro y a veces permanecer en un registro medio. Sin embargo, en la última década, más que nada por el impulso que proviene de los países escandinavos (como es el caso de los suecos Stieg Larsson y Henning Mankell) y de los mediterráneos, se ha producido un nuevo auge que promete no aquietarse. La colección Negro Absoluto, de ediciones Aquilina, es una propuesta que pretende remediar, al menos en parte, cierto desinterés por este género. Dirigida por Juan Sasturain, propone una literatura policial que recoja sus diversas variantes: el clásico de enigma, la novela negra norteamericana, y las inflexiones de las últimas décadas. Estas historias giran en torno a personajes comunes que se encuentran, inesperadamente, en posición detectivesca, y a los que se les da cierta continuidad porque son retomados en novelas siguientes para así conformar una saga. Federico Levín, Leonardo Oyola, Osvaldo Aguirre y Ricardo Romero ya publicaron dos de las tres novelas de las sagas correspondientes a cada uno, mientras que María Inés Krimer y Juan Terranova han publicado una cada uno. A su vez, Elvio Gandolfo y Gabriel Sosa aportan la segunda de la propia serie con Los muertos de la arena. Con esta novela los autores ya han logrado instalar a Jorge Lucantis, un personaje sin demasiadas aspiraciones que, por una u otra razón, entregado a la lógica inefable del azar, termina protagonizando más bien lateralmente o como testigo una serie de extraños sucesos que incluyen, por supuesto, varios crímenes. En la primera entrega, El doble Berni, se narraba una historia de obras de arte, falsificaciones y la muerte de un pintor admirador de Berni y amigo de Lucantis: Roberto Taborda, quien desaparece poco antes de terminar un mural en Rosario. Desde ese momento y luego de reconocer el cadáver de su amigo, Lucantis decide prorrogar por un tiempo el cierre de su negocio y su vuelta a Buenos Aires para terminar envuelto en episodios imposibles de ser presagiados por su sereno tempe­ramento. En Los muertos de la arena Lucantis es invitado a un congreso cultural en Puerto Madryn por parte de Artflex, la academia de artes de Olivos donde trabaja, porque el pintor que debía ir en primera instancia se bajo a último momento. Y como estaba cansado de ver a las ballenas sólo en películas, la TV o en documentales de la National Geographic, acepta la oferta. En este segundo episodio de la saga nos encontramos con un Lucantis que, después de haber vivido en Rosario y de haber apostado a un negocio de artículos new age, de haber pasado por las circunstancias de que "le habían matado a un amigo, y él había hecho matar a un enemigo", decide volver a Buenos Aires e instalarse en la zona norte, mientras continúa una relación libre con Tagomi, la dulce y bella japonesa de Rosario con la que se visita de vez en cuanto. Si bien el viaje a Puerto Madryn lo decepcionará porque en esos días turbios y confusos el avistaje de ballenas le será escamoteado o proporcionado en leves dosis, y porque confirmará no solo el carácter más bien anodino del congreso sino también su presencia en el mismo, la sorpresa y la ruptura de cierta familiaridad (la poca que puede ser posible en una ciudad lejana a miles de kilómetros de su lugar) se la proporcionarán dos de los personajes que llega a conocer: Trenet y Hugo Krass. Ambos son empleados de una misma empresa y están unidos, quizás a pesar de ellos mismos, por una serie de secretos que se irán revelando a lo largo de las páginas. Cada uno a su modo y desde ambiciones y posiciones diferentes, bien desde la confianza y la búsqueda de complicidad, o bien desde la especulación y los intereses oscuros, involucran a Lucantis en un caso que combina asesinatos de víctimas que parecen elegidas al azar y la alianza de corporaciones internacionales y ministros interesados en la explotación de Coltán en el sur (un mineral poco conocido y destinado a reemplazar al silicio para el desarrollo de las nuevas tecnologías).CarnaduraLa intriga cobra fuerza por lo que tal vez sea uno de los mayores logros de la saga: sus personajes, ya que son sus manías, sus rutinas y sus vicios las que hacen posibles que la historia progrese en una dirección inesperada y se desencadene en forma imprevista. No en vano lo que dice Juan Sasturain en el prólogo alcanza la dimensión de un preciso diagnóstico: "Lucantis –como todos los personajes creados por la dupla– nos prometen/aseguran entre líneas una vida, una carnadura, una entidad de personajes ricos, complejos y creíbles que si aparecen es porque son necesarios y no necesariamente funcionales a la acción".–¿Por qué optaron por una historia donde el personaje se encuentra en la investigación exigido por las circunstancias, y no por el oficio o una profesión? –Ninguno de los dos es fanático de la novela policial, sino que disfrutamos más con la fantasía o la ciencia ficción porque nos parecen menos repetitivas. Por eso mismo tratamos de esquivar los lugares comunes obvios, sobre todo de la novela negra. Además un detective o investigador privado argentino es un poco inverosímil. El carácter fluido –más bien personal, social y hasta actoral– de Lucantis permitía juegos de cintura, aunque respetamos la violencia, el crimen, y la resolución. –¿Cómo fue el proceso de la escritura "de a dos" y cómo se sintieron trabajando de esta forma? –Hubo que mezclar cierto orden, y cierta flexibilidad. No se puede decir, por ejemplo, que uno escribió los capítulos pares, y el otro los impares. Tuvo bastante de diversión. Como es lógico, cada uno de los dos tiene alguna habilidad especial. En el caso de Gabriel es el humor, mientras que en el mío las tramas, y también escribí las tres microbiografías de la novela. Como compartimos muchos campos y opiniones, por una larga amistad, nos sentimos cómodos haciéndolo. Y la mezcla se dio a tal punto que en la corrección a veces retábamos al otro por un detalle que en realidad pertenecía al retador.–¿Estás de acuerdo con que la escasa presencia del género, desde hace unas décadas, ha tenido que ver con que se privilegió narrar a partir de otras formas de violencia (pienso en las novelas sobre la dictadura)?–Tanto yo como Gabriel pensamos que a menudo lo que ocurre en las ediciones tiene que ver, sí, con algún factor externo, social, como puede ser la moda actual de la novela policial en países como Suecia, Noruega, Italia, España. Pero también con algo puntual como puede ser el hecho de que alguien decida invertir en contratar relatos, como en este caso. A menudo las policiales incluyen últimamente temas, tonos y a esta altura retórica de "las novelas de la dictadura".Los muertos de la arena Elvio Gandolfo y Gabriel Sosa Ediciones Aquilina 192 páginas $ 74