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Una novela china

El argentino Eduardo Berti obtuvo el último Premio Emecé con "El país imaginado", una historia de amor y de supersticiones ancestrales ambientada en la China de principios del siglo pasado.

16 de diciembre de 2011 a las 04:40 p. m.
Augusto Porporato
Una novela china
El argentino Eduardo Berti vivió en París y actualmente está radicado en Madrid.

Una mujer de quien nunca sabremos el nombre decide dejar escrita una historia ocurrida en su adolescencia, y un pueblito de montaña de la China de comienzos del pasado siglo es el mágico escenario donde se teje la urdimbre de un amor imposible. La obsesión por la belleza y la ternura que ella despierta en la narradora es el contraste necesario al arsenal de ritos y creencias a la que la supersticiosa sociedad de entonces acude para digitar el destino amoroso de sus hijos. Con aliento de relato íntimo se desarrolla la novela ganadora del Premio Emecé, El país imaginado, del argentino Eduardo Berti, una historia de fantasmas y de sueños de la cual emerge, en un marco social de tradiciones rígidas, la relación ambigua, amistosa y al borde de lo lésbico, entre la adolescente y la bella Xiaomei.De este modo, la intención estética de contar un hecho mínimo y dotarlo de grandiosidad y heroísmo aparece como uno de los grandes logros de la novela, y la prosa delicada y susurrante que navega sin presentar grandes conflictos durante casi 200 páginas es subsidiaria al desafío de contar la historia desde una cultura y una época extrañas para el hombre occidental de estos tiempos. Berti (actualmente radicado en Madrid) ubicó esta historia en la China de 1930. "Hubo varios disparadores para esta novela -explica el autor-. Tenía el deseo de escribir un libro que narrase el vínculo entre una chica de 14 años y otra chica algo mayor (vínculo completado, a modo de triángulo, con un hermano varón). Muy pronto esa idea se combinó con otras cosas. Por una serie de razones (entre ellas, que mi mujer estudia chino desde hace unos siete años), me puse a leer diversos textos que hablan de China: novelas más o menos clásicas, viejos cuentos de fantasmas e incluso libros que hablan de las supersticiones que reinan allí. La cultura china es muy supersticiosa y, curiosamente, muchas de las supersticiones tienen que ver con homofonías: con dos palabras que suenan casi igual"."En un momento leí acerca de la práctica de la escritura secreta de las mujeres -añade-, llamada nu-shu, y eso me fascinó; resulta que en la antigua China las mujeres tenían prohibido escribir, entonces remediaron el asunto (burlaron la ley) inventando un sistema paralelo que, a los ojos de los hombres, eran simples líneas de bordado en un almohadón o en una tela. Pero esos bordados comunicaban palabras, esos signos conformaban una lengua". Berti recuerda que también se vio fascinado por "la práctica de las así llamadas bodas fantasma, en las que un vivo se casa con una muerta... Todo esto me fue disparando una historia que no pude ni quise ambientar en otro sitio. Pero la China que sirve de marco a esta novela no es un país ciento por ciento real (no me interesó escribir una novela de documentación histórica), ni un país ciento por ciento imaginario (al mismo tiempo me documenté con absoluta libertad, una especie de "documentación poética"). Más bien se trata de una mezcla entre ambas cosas: un país imaginado".Pasajes oníricos-Uno tiene la impresión de leer un cuento largo, y que la complejidad de la novela se justifica en los pasajes en los que la adolescente se comunica en sueños con su abuela muerta. ¿Esos "cortes" fueron planeados cuando concebiste la novela?-Siempre pensé en este libro como una novela corta. Esos pasajes oníricos fueron planeados desde un inicio, o casi. Lo que cambió fue que en un primer momento iban a ser narrados por la nieta, al igual que el resto de la novela, pero poco después opté por el recurso de que fuese la abuela quien narrara los sueños. Siento que eso permite otro cruce más a otro país imaginado.-Hay cierto riesgo formal en esas interrupciones. ¿Creés que ese riesgo meditado puede contribuir a una mayor valorización de la obra, aunque pueda limitar el universo de lectores?-No creo que el riesgo de esas "interrupciones" (no sé si las llamaría así) sea tan grande como para limitar demasiado el universo de lectores. La novela del siglo 20 ha dado muestra de riesgos muchísimo mayores que estos pequeños sueños que yo me atrevo a intercalar aquí. Lo que sí creo es que los riesgos formales valen la pena cuando están justificados o, como decís, cuando están meditados y no son puro acto de exhibicionismo.-Pareciera que la literatura que llega a más público es la que no propone demasiados "obstáculos". ¿Coincidís en que obras como "Ficciones", de Borges, o "La Casa Verde", de Vargas Llosa, serían hoy más difíciles de ser aceptadas?-Quiero creer que no. Quiero creer que esos dos libros serían hoy aceptados como lo fueron en su momento, cuando convivieron con propuestas más populares o más comerciales. No me gusta idealizar el pasado. Mucho menos me gusta contraponer la "alta cultura" del pasado versus la cultura contemporánea. Pero no necesito hacer eso, lo sé, para sentir que la mismísima noción de cultura masiva o cultura popular ha caído en su calidad. Pensemos que alguna vez Sinatra, Troilo, Los Beatles, Hitchcock o Graham Greene, por citar algunos ejemplos, fueron cultura masiva.-La narradora parece tener una mirada objetiva de los hechos, tierna pero despojada de sentimentalismos. ¿Qué te motivó a elegir este tono?-Su mirada es bastante objetiva, pero eso no le impide caer en ciertas idealizaciones, como la que hace de Xiaomei. Y no le impide, a pesar de esa objetividad, tener ciertos prejuicios con el mundo masculino y, sobre todo, con el joven que le han elegido como esposo. Me parece que esos pequeños errores (me refiero a idealizar o a subestimar) son frecuentes en la vida, pese a que creamos ser bastante objetivos.Formas del gusto-¿El hecho de vivir desde hace tiempo fuera de la Argentina ha tenido alguna influencia en tu tradición literaria?-Puede ser. Pero, al mismo tiempo, mis gustos literarios fueron muy determinados en mi infancia, adolescencia y juventud, cuando aún vivía en Argentina. Sobre todo cuando, siendo aún niño, pasaba horas (a veces el día entero) en la casa de mis dos tías, que eran maestras de literatura y que tenían una biblioteca apasionante donde descubrí gran parte de las cosas que me siguen fascinando: desde Borges, Bioy o Cortázar hasta Chejov, Kafka, Henry James y otros.El libroEl país imaginadoEduardo BertiEditorial Emecé$ 69