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Libros para la nieve

El pronóstico de hoy anuncia nevada en Córdoba y VOS te recomienda 5 libros imperdibles en los que ese fenómeno climático tiene protagonismo.

16 de julio de 2011 a las 06:01 p. m.
Emanuel Rodríguez
Libros para la nieve
NIEVE. La nieve está presente en la literatura desde que el hombre que tenía frío aprendió a escribir.

Hace frío y, si los pronósticos acertaron, probablemente hayas visto desde tu ventana que el paisaje ha cambiado de manera drástica. Quizá el patio de tu casa, las copas de los árboles y los techos de la casas estén cubiertos de nieve. Esos cristales de hielo precipitados sobre las cosas tienen una intensa historia en la literatura, acaso por el abanico de sensaciones que evocan, de la desolación a la maravilla, o acaso por ser un paisaje inevitable en otras latitudes. Aquí, cinco libros imperdibles en los que la nieve tiene una presencia fuerte, cinco maneras de transformar un fenómeno meteorológico en una excusa para viajar, como si migráramos en busca de lo que está en el patio de casa (no para buscar otra cosa, claro, sino sólo por el placer de migrar). La mano izquierda de la oscuridadÚrsula K Leguin publicó este clásico de la ciencia ficción el mismo año en el que el hombre llegó a la luna. Fue un quiebre en el género: por primera vez una novela de CF se veía continuamente interrumpida por cuentos, pequeñas historias populares del territorio de Karhide del Norte. La nieve tiene una presencia constante en ese planeta glacial en el que todo ocurre de un modo extraño y familiar. La novela te mete de a poco en otro mundo, de una manera tan encantadora que cuando terminás de leer ya no sabés bien dónde estabas antes.Para muestra, un fragmento insuficiente: "Estraven me acompañó a cruzar el jardín, cubierto por una delgada capa de nieve a la luz de la luna de Gueden, grande, opaca, bermeja. Sentí un escalofrío cuando salimos, pues la temperatura había descendido a bajo cero, y Estraven me dijo en un tono de sorpresa cortés: '¿Tiene usted frío?' Para él, por supuesto, era una tibia noche de primavera". Nieve El más contemporáneo de esta lista es también el mejor libro de Orhan Pamuk, un escritor que incorpora a la nieve en la mayoría de sus novelas. Comienza así: "El silencio de la nieve, pensaba el hombre que estaba sentado inmediatamente detrás del conductor del autobús. Si hubiera sido el principio de un poema, habría llamado a lo que sentía en su interior el silencio de la nieve".Orlando. Una biografía Un infaltable de Virginia Woolf. La nieve atraviesa este relato de androginia y sugestión, es el tema infaltable en los poemas de Orlando y es el paisaje predominante en una de las escenas de seducción más intensas de la historia de la literatura, cuando el protagonista se enamora del extraño patinador en el Puente de Londres: "Una esmeralda, un melón, un zorro en la nieve –así deliraba, así la miraba–. Cuando el muchacho –porque, ¡ay de mi!, un muchacho tenía que ser, no había mujer capaz de patinar con esa rapidez y esa fuerza– pasó en un vuelo junto a él, casi en puntas de pie, Orlando estuvo por arrancarse los pelos, al ver que la persona era de su mismo sexo, y que no había posibilidad de un abrazo". El resplandorTremenda novela de Stephen King, quizá la mejor de su biblioteca. Un escritor y su familia en un hotel aislado. Extraños espíritus, y esa sensación sofocante de la nieve. Pocos libros tan capaces de hacerte temblar de miedo: "Ahora la oscuridad estaba surcada por una blancura remolineante. Un ruido convulsivo, como una tos, y sombras doblegadas, torturadas, que se revelaron como abetos sacudidos en la noche por una borrasca atronadora. Nieve que giraba y danzaba. Nieve por todas partes".Colmillo blancoAy, Jack London, si nos habrás hecho llorar. La emotiva, tremenda historia de Colmillo Blanco, un perro lobo de Alaska que pasa las mil y una a manos de diferentes dueños, algunos piadosos y otros crueles, quedó en la historia de la literatura como una poderosa reflexión sobre la libertad. Hacia el final de la novela, Colmillo Blanco logra cierta paz, pero: "Una cosa echaba de menos, sin darse cuenta de ello: la nieve. De haber sido capaz de formular sus ideas, hubiera dicho de aquel clima que era un verano que se prolongaba más de lo debido; pero lo único que en realidad le faltaba a él allí, de un modo vago, inconsciente, era la nieve. Durante el calor del verano, cuando el sol llegaba a molestarlo, sentía cierta vaga nostalgia, cierto anhelo, de las tierras del norte. No le producía esto, sin embargo, otro efecto que el ponerlo inquieto, agitado, sin saber lo que le pasaba". Clásicos nevadosPara el frío, contra el frío, no te pueden faltar estos clásicos nevados: País de nieve, de Y. Kawabata; Noches blancas, de F. Dostoievski; Las crónicas de Narnia, de C.S. Lewis; El país de las sombras largas, de Hans Ruesch; Seda, de A. Baricco y La carretera, de Cormac McCarthy. Tres cuentos blancosQuemaduras, de Claire Keegan. En el libro Antártida. Una navidad, de Truman Capote, en Cuentos Completos. Azul frío, de Judith Hermann, en el libro Fantasmas.