Gabriela Saidon: “Los argentinos fabricamos santos”
Gabriela Saidon publicó “Santos ruteros”, una crónica de viaje que visita los altares populares dedicados a la Difunta Correa y al Gauchito Gil.
Santos ruteros, el libro de Gabriela Saidon, se lee rápido y con cierta alegría. Bondades del estilo sencillo, directo, el manejo de la crónica y las referencias a dos devociones populares que en la Argentina movilizan a miles de promesantes. El libro analiza cómo se ha ido desplazando la devoción masiva desde la Difunta Correa y sus santuarios al Gauchito Gil. Bocinazo o parada son las dos posibilidades del devoto que sostiene el culto. Una mirada al país que cree en lo que quiere.–¿Sos viajera?–Me gusta mucho viajar. Me genera dificultades el hecho de armar el viaje pero después disfruto muchísimo. Fui viajera por cuestiones profesionales cuando trabajaba en el diario Clarín. Desde que terminó la convertibilidad comenzamos a viajar por el interior del país y después en la motorhome. Jorge (su marido) y la motorhome son dos protagonistas de Santos ruteros. "Tener a alguien que le guste manejar en las rutas es una ventaja. Y en él, además, existe la devoción por el Gauchito Gil, así que era tener el devoto a mano", bromea Gabriela sobre su esposo.–¿Cómo fue la elección de la primera persona para escribir el libro?–Hay una tradición muy fuerte con respecto a la crónica argentina. Lucio V. Mansilla y Una excursión a los indios ranqueles es un referente. Escribió esa primera novela-crónica impresionante. Pienso también en las crónicas de Sarmiento, Eduardo Wilde, Cané, nuestros cronistas clásicos, los del siglo 19. El uso de la primera persona nunca se abandonó del todo. Persiste en los cronistas actuales, concretamente en los libros de crónicas. Abandonar la primera persona es un desafío muy grande, muy difícil de resolver en la práctica, porque aunque no se escriba, el "yo" está. De hecho, trabajé muchos años en Clarín, donde la primera persona no estaba bien vista, salvo en columnas de opinión. Ahora sí, a raíz de Facebook y las redes sociales, con la exacerbación de la primera persona, eso cambió.La otra cuestión ligada a la primera persona es el viaje personal, el peregrinar hacia los santuarios (Mercedes y Vallecito) de los santos populares; y qué le pasaba a la autora que era quien ofrecía su mirada. La primera persona era, en ese sentido, una condición indispensable.Durante el trabajo de campo que implicó Santos ruteros, la autora recorrió alrededor de 3.000 kilómetros en el triángulo Buenos Aires-Mercedes (Corrientes)-Vallecito (San Juan). "No fue un solo viaje. Habrán sido 6.000 kilómetros en total. Fue un tiempo veloz de producción y escritura: un año, ritmo que tiene que ver con el objeto. No puedo contar la fiesta del Gauchito Gil de hace tres años porque cambia todo el tiempo. Es un fenómeno en constante expansión. Por eso es necesario que la crónica sea lo más cercana posible", dice sobre Santos ruteros, un libro pensado con urgencia.–¿Cómo se ve el país desde la ruta?–Falto de población. En los núcleos urbanos entrás a un infierno de tránsito, pero te alejás un poco y se ve despoblación, mucha soja plantada en las banquinas, poca alternancia de cultivos, aunque hay trigo; riqueza en los campos, no en los pobladores, sus peones. Vi angustia, pero quizás porque me acerqué a lugares donde la gente va a pedir por cuestiones dolorosas. Vi mucha diferencia y el proceso de latinoamericanización: no éramos París, somos Argentina. Eso, por otro lado, no está mal que se exponga. Menos San Luis, que es esa cosa loca, inexplicable.–En este sistema de creencias, ¿qué descubriste observando la devoción, sobre todo al Gauchito?–Me sigo preguntando por el fenómeno notable que es el Gauchito, por la expansión en las rutas y su ingreso en las ciudades. También en Córdoba. Recuerdo, porque veraneé mucho en Córdoba de niña y adolescente, que la Difunta Correa era una presencia fuerte con sus altares con botellas. Ahora se va instalando con fuerza y rapidez el Gauchito.Para Gabriela, el Gauchito Gil es un símbolo que condensa muchas cosas hoy. Es el marginado, el explotado, el que no tiene manera de rebelarse. "Es como si el Gauchito, con su figura anacrónica, del siglo 19 (y no digo que hoy no haya gauchos, pero sí que es anacrónico con el pañuelito rojo y las boleadoras), como si estuviera diciendo 'todavía no me resolvieron el problema'. Pero también tiene que ver con una espera pasiva. Y de parte de la gente, que espera que el santo le solucione los problemas. Es complicado el tema de la solución de los problemas que son bastante básicos (salud, dinero, trabajo...). Es un santo de la desesperación que se relaciona con San Expedito, el santo de los pedidos urgentes".Gabriela, además, expone la teoría de que el Gauchito Gil es la venganza del correntino. "Corrientes fue una provincia muy complicada dentro de la historia argentina, sobre todo desde la Guerra del Paraguay. Es expulsora de población. Históricamente, es una provincia (junto con las provincias del litoral) que más población expulsó y sigue expulsando. Es como si el Gauchito viniera a decir: 'Yo estoy acá, quiero que noten mi presencia, existo y digo presente'"."Su figura está emparentada con el paraguayo. Después de la guerra se produce un quiebre, cuando al correntino lo hicieron pelear contra sus hermanos. Por eso veo este fenómeno como una cuenta pendiente", añade Saidon.Gaucho superhéroe–¿Cómo es tu relación con las creencias?–Malísima, porque soy recontra atea. Es la verdad. Fui criada en el más profundo ateísmo. Pasé por muchos estadios con relación a estos temas. Con respecto a la Difunta, me intrigaba la cabalgata de la fe. Lo primero que hice fue hablar con antropólogos para sacarme el prejuicio. Considero que las devociones populares son parte de la religión argentina. El Gaucho, la Difunta y los otros santos populares. Los argentinos somos, lo digo en el libro, fabricantes de santos, así como Estados Unidos es fabricante de superhéroes. Estoy convencida: El Gauchito Gil es un superhéroe. Necesitamos a nuestros santos. Me saqué los prejuicios para poder ir a hablar con los devotos. No se puede hablar con ellos poniendo en duda lo que sienten. Se les debe respeto. Es la actitud hacia cualquier persona o tema.De "La Montonera" a las devocionesGabriela Saidon niega ser una especialista del triángulo geográfico por donde transitó, aunque a través de la devoción ha podido observar la producción, las costumbres, la música, la cultura y el comercio de la zona. "Vengo enganchada con la historia de Corrientes desde antes, porque hice un libro que se llamó Cautivas (2008), sobre unas mujeres que fueron secuestradas durante la Guerra del Paraguay. Ahí conocí al Gauchito Gil", explica la autora.En el relato de Santos ruteros queda expuesto el recorrido interno y externo de Saidon. Dice que le fascina Corrientes capital, su río, y que la ciudad ejerce cierto imán.Saidon es también la autora de La montonera (2005), una biografía de Norma Arrostito.–En el caso de "La montonera", ¿cuál fue la motivación para escribir el libro?Gabriela piensa unos segundos y cuenta:–Mirá qué loco. Me invitaron a presentar La montonera a Corrientes y así conocí la historia de las cautivas y comenzó esta relación. En La montonera quería meterme con la historia de una mujer, no tenía claro con qué mujer. Surgió el nombre de Norma Arrostito. También tuvo que ver mi marido, que es fotógrafo. Él me contó sobre una foto que circuló por la agencia Noticias Argentinas sobre la supuesta muerte de Norma Arrostito. Se supone que la fusilan y aparece la foto del cuerpo, que en realidad no era ella porque la habían trasladado a la Esma. Me impactó tanto la foto que quise saber la verdad. Empecé de atrás para adelante. De ahí surgió ese libro. Además, porque los años 1970 son otra área que me interesa mucho investigar.Gabriela Saidon adelanta que está escribiendo un nuevo libro relacionado con la década de 1970, un primer amor adolescente durante la dictadura y en el contexto del rock. "Pega con lo autobiográfico de una manera... rara", señala.El libroSantos ruteros. De la Difunta Correa al Gauchito GilGabriela SaidonTusquets$ 68

