“En todo lo que escribí hay un misterio”
Vlady Kociancich publicó “Cuadro de una muerte dudosa”. No se propuso escribir un policial, pero lo hizo.
Nadie sale indemne de la cercanía de la muerte. Este es uno de los corolarios que pueden extraerse de la lectura de Cuadro de una muerte dudosa, novela en la que Vlady Kociancich incursiona en el género policial. Pero lo hace de manera indirecta, sesgada, ya que se permite ciertas licencias respecto a algunas de sus cláusulas. De hecho hay una muerte, una investigación y un efecto de intriga construido a partir de una trama creíble y rigurosa, pero el personaje que sigue las pistas y reconstruye los sucesos parece más bien arrebatado por las circunstancias y exigido a transitar los momentos de este cuadro para sacarle su verdad, antes que depositario convencido de esa misión."En todo lo que he escrito hasta ahora siempre hay un misterio, un enigma a resolver con el debido suspenso –señala Kociancich–. No me propuse escribir un policial, la historia simplemente exigía ese marco". También confiesa que le resulta "curioso" que haya escrito ahora una historia de estas características, ya que su primera novela "policial" es de cuando tenía 9 años y la escribió en Córdoba, en una escuela de Río Ceballos: "Recuerdo el cuaderno con tres capítulos brevísimos y un asesinato en las sierras".En Cuadro de una muerte dudosa, Juan Turner es un abogado que ha conocido las bondades de una profesión bien llevada y de los bienes que concede. Debió pasar por una tragedia que modificó su vida. Perdió a su esposa en un accidente automovilístico que ambos protagonizaron, poco antes de una separación inminente, y a partir de ese momento, quizás obedeciendo razones que aún hoy –dos años después- desconoce, decide emprender un nuevo camino y modificar la que hasta ese momento era su exitosa vida profesional: se radica en Las Rosas, un pueblo de la provincia de Buenos Aires no muy lejos de la capital, donde vivió en su infancia.En ese contexto de aparente calma, una madrugada de domingo lo visita una enigmática mujer que lo sorprende con el relato de que vio a una persona muerta, pero que en la desesperación escapó de la escena y cuando retornó, horas después, el cuerpo ya no estaba. Posteriormente, otra mujer, conocida por el narrador, aparece ahorcada.A partir de esos episodios iniciales, Juan Turner pondrá en juego toda su pericia de abogado para darle lugar, primero en su conciencia, y después en la realidad, a lo que le han contado y que además los datos le permitirán corroborar.Por eso, dos años después de estar viviendo en Las Rosas como juez de paz y de haber renunciado a un mundo de grandes ambiciones y placeres para replegarse en otro más pequeño, más austero, las circunstancias lo obligarán a exigirse, a exponerse, pero en esta ocasión por motivos no relacionados con las idas y vueltas de una rutina íntima, personal. No obstante, si bien el camino que deberá transitar para revelar el misterio no será fácil, al menos le permitirá volver a darle sentido –a través de nuevos personajes, relatos y acciones- a su propia vida, la cual, después de tanto desplazamientos y aplazamientos, recuperará la intensidad que la coyuntura de años atrás le había despojado.Historias guardadas–¿Cómo surgió y cómo se enriqueció la historia cuando comenzó a escribirla? –Por primera vez en mis libros, fue un personaje y no una historia lo que me llevó a escribir esta novela. Años atrás, había leído las actas de un juez de paz de comienzos del siglo pasado, un hombre muy culto que con la elegante caligrafía inglesa de la época, con inteligencia y humor, narraba una denuncia de violación que le había tocado atender, en un pueblo perdido en medio de la pampa. No recuerdo los datos del caso pero nunca olvidé la figura solitaria y la integridad de ese juez, una presencia insólita en un ámbito primitivo y rural. ¿Cómo y por qué había llegado a ese lugar? En los papeles que leí no había ninguna información sobre su vida. De mi admiración y curiosidad, creo que nació, lentamente, mi protagonista y la historia que le fui creando, el argumento y la intriga de una muerte dudosa. El personaje del juez y la historia de los crímenes que narra, nació de su desplazamiento o exilio. El contraste entre la vida urbana y el campo se dio naturalmente porque, de otro modo, la aventura no seria creíble.Kociancich se tomó su tiempo para presentar los personajes y los lugares, de manera tal que conforme pasa las páginas el lector entra en la historia con una perspectiva y una opinión sobre cada uno. Así desfilan el cura, la dueña de la pensión, el sargento, Martín Shomberg, propietario del castillo destinado a retiros espirituales y corporales, y donde paraba la mujer que murió, Hilda Stein, entre muchos otros, y cada uno con su virtud, sus rarezas y secretos construyen ese "cuadro" al que alude el título."Los personajes se los debo exclusivamente a mi imaginación. Soy novelista por naturaleza y, como todos los novelistas, mi imaginación tiende a novelar retazos de experiencias, observa y guarda datos de vida ajena o propia que luego me resultan útiles para las ficciones que escribo, para el tema que me interesa –argumenta Kociancich–. La memoria de los narradores es ancha pero selectiva. Cuando empiezo a escribir una novela o un cuento, mi memoria habitual, que es distraída, haragana, y que me desespera, se vuelve curiosamente activa y pródiga. Casi trabaja sola, en sociedad con la imaginación, por supuesto, y obedeciendo a la historia que quiero contar. En este libro, la palabra 'Cuadro' no es sólo una en un título. Describe mi intención de narrar un misterio pincelada tras pincelada hasta que esa pintura revela una verdad".En las sierras–¿Qué motivos influyeron para que incursionara en el género policial?–En todo lo que he escrito hasta ahora siempre hay un misterio, un enigma a resolver con el debido suspenso. En muchos, la marca de un delito, un asesinato mafioso como en Amores sicilianos o en La ronda de los jinetes muertos. Es decir, elementos del policial negro como la crítica social o el desencanto. Llevados, claro, al plano de la narrativa en general. No me propuse escribir un policial. La historia simplemente exigía ese marco. Pero es curioso que se diera ahora. Escribí mi primera novela "policial" a los 9 años, en Córdoba, en la escuela fiscal de Río Ceballos. Recuerdo el cuaderno con tres capítulos (brevísimos) y un asesinato en las sierras. Recuerdo que mi inolvidable maestra, la señora de Planté, estaba muy orgullosa de esas hojas rayadas con las manchas de tinta de la pluma que se usaba entonces en primaria. El elogio debió haberme marcado porque años después volví a Río Ceballos y me encerré dos semanas en una hostería para concluir mi novela Abisinia que estaba empantanada en Buenos Aires. Y la concluí, dichosamente, en memoria de la señora de Planté. Cuadro de una muerte dudosaVlady KociancichEditorial Seix BarralPrecio: $ 79

