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El fenómeno de los narcolibros

Los cárteles y el narcotráfico han sido abordados como tema en numerosas obras, tanto en calidad de novelas de ficción como en piezas de investigación periodística. Un repaso por algunos títulos destacados.

09 de marzo de 2014 a las 02:20 p. m.
Emanuel Rodríguez
El fenómeno de los narcolibros
'La virgen de los sicarios', de Fernando Vallejo, tuvo su versión cinematográfica.

La literatura del narcotráfico tiene sus exponentes más relevantes en México y Colombia, y en ambos países las novelas que lo tienen como tema central se enfrentan a un problema serio: cualquier atentado narco supera en crueldad, gore, ingenio y alevosía a lo que pueda contar un libro que más o menos se atenga a las leyes de la verosimilitud.

Hay cosas que la literatura no puede contar sin perder un tono realista pero que pasan ahí afuera, como que haya ocho cuerpos colgados en la entrada de un pueblo, o que los genitales de otros cuatro sean expuestos sobre un mensaje mafioso, al lado de cuatro cuerpos sin cabeza, a pocos metros de cuatro cabezas sin cuerpo. ¿Cómo se cuenta eso en un libro de ficción?

La virgen de los sicarios (1994), de Fernando Vallejo, y Rosario Tijeras (1999), de Jorge Franco Ramos, fueron pioneras en contar la violencia narco en la Medellín de los '90, aunque ninguna de las dos tiene como protagonista a un personaje ligado directamente a ese mundo: en ambos casos la literatura funciona como uno de los nexos entre el protagonista y la locura de la ciudad en la que acababa de morir Pablo Escobar (murió en 1993). En la novela de Vallejo, el protagonista Fernando conoce y entabla relación con dos sicarios desocupados tras la muerte del "Patrón". En la de Ramos, Rosario es una prostituta que supo tener como clientes a los máximos jefes del cartel.

Hay dos novelas anteriores, en Colombia, que también tratan el tema: El Divino (1986), de Gustavo Álvarez Gardeazábal, estudioso de las relaciones entre violencia y literatura en la cultura colombiana, y Leopardo al sol (1993), de Laura Restrepo. Justamente esta autora ganó en 2004 el Premio Alfaguara y fue vastamente elogiada por José Saramago por su novela Delirio. Angosta (2003) de Héctor Abad Faciolince, Los ejércitos (2006) de Evelio Rosero y El cronista y el espejo (2008) de Óscar Osorio podrían completar un corpus colombiano sobre la materia. Todos los títulos se consiguen en Argentina.

En México, la producción literaria en torno del narco tiene como pioneras a las novelas Diario de un narcotraficante y Sueños de frontera (1990) de Paco Ignacio Taibo II, La instancia de parte de Chuy Salcido y Un asesino solitario (1991) de Élmer Mendoza, Los círculos del poder (1990) de Gregorio Ortega y Juan Justino Judicial (1996) de Gerardo Cornejo, entre otras.

En los últimos años, la “narconarrativa” mejicana se ha vuelto masiva y es cuestión de debate. Mencionamos aquí algunos ejemplos recomendados: Luis Humberto Crosthwaite, y su novela “chola”

Estrella de la calle sexta

(no se consigue en Argentina), y

esta semana por el crítico de

Martín Cristal:

Trabajos del reino

, de Yuri Herrera (2008, y se consigue en PDF en Internet), y

Fiesta en la madriguera

, de Juan Pablo Villalobos.

Fuera de Colombia y México, podemos mencionar novelas como El poder del perro, de Don Wislow y La Reina del sur, de Arturo Pérez Reverte, y, en Argentina, las experiencias de literatura sobre dealers más o menos simpáticos de Washington Cucurto.

En todos los casos, el asunto plantea un problema de difícil solución. Así lo explica Rafael Lemos en la revista Letras Libres: "¿Qué es el narco? En principio, el puto caos. O eso. Un elemento anárquico, desequilibrante, destructor (…) Sus lecciones son las del nihilismo: el dominio de la violencia, la futilidad de la vida, la victoria de la muerte. Ésas y esta otra: la incoherencia. No hay justicia ni armonía en su imperio (…) Impera la irracionalidad, el vacío. La literatura, y en especial la narrativa, sufre para emular el vacío".

Quizá sea esa misma la causa de que la narrativa de no ficción sobre el narcotráfico tenga, como contrapartida, innumerables exponentes de máxima relevancia.

Aquí va una lista incompleta: El hombre sin cabeza, de Sergio González Rodríguez; Malayerba, de Javier Valdez Cárdenas; Herencia maldita, de Ricardo Ravelo; El otro poder, de Jorge Fernández Menéndez; El narco: la guerra fallida, de Rubén Aguilar y Jorge Castañeda; El cártel, de Jesús Blancornelas, Me dicen la narcosatánica, de Sara Aldrete; Narcosur, de Cecilia González; Si me querés, quereme transa, de Cristian Alarcón); y El más buscado (biografía no autorizada del Chapo Guzmán), de Alejandro Almazán.