Copa América de escritores: Otilino Tenorio, el gol “tumbao”
Durante el desarrollo de la Copa América, publicamos 12 relatos de autores latinoamericanos. Aquí, el ecuatoriano Esteban Michelena.
Cuando un fierrazo de Otilino culmina con la pelota muriendo de rebote en rebote entre las redes del arco rival, uno tiene la certeza de que la entrada al estadio está bien pagada. Y que, además, viene con yapa.
Porque hay dos momentos irrepetibles cuando el guayaquileño pone a cantar a los locutores las tres letras más bellas y potentes del fútbol. La forma en que Tenorio consigue el tanto: de izquierda, de derechazo, de cabeza, con el pecho, luego de una carrera fulminante e imparable, fruto de su astucia en el área, “de prepo”, como resultado de su tenacidad para buscar y buscar y buscar.
Y la sobredosis de fiesta que le explota en su alma misma cuando, una vez alcanzado el momento culminante del fútbol, Otilino se desborda, busca alguna de sus máscaras, se tapa la cara y desde un fugaz anonimato y mientras ejecuta sus pasos –todo cimbra, todo sazón, todo gozadera, todo bacanidad, todo alegría, todo carnaval, todo color, todo marimba, todo bongó–, el estadio se le rinde agradeciendo la entrega, el fierrazo y el espectáculo que salen de su fornida humanidad.
Disfruto al máximo mirar sus despliegues de alegría; porque tengo claro quehan nacido de la mano de la mismísima rabia. Me priva y suelo brindar por la forma en que, divirtiéndose al máximo, ejecuta Don Oti ese trotecito sabroso, ese “tumbao” donde parecería se va a lesionar las caderas o, de tanta y tanta azúcar, se le van a salir los hombros.
Otilino, con esa forma tan propia y tan afro de decir que ya pues, que párate tieso, que llegó el día de mi suerte, que todo bien familia, que con la roja nacionalista el cielo es color "celeste quito" y que por ahí mismo se anda volando alto; que vengo de lejos trayendo alegría, que junto a la fruta, mi encocao y mis sabores, te traigo un flete repletito de colores y de goles; para ti, para Vicente, para Tití y pa' toda la gente.Que nada, que soy Otilino y ahora vengo yo. Y que llegando voy con la espada en la mano. Porque a pesar del pésimo año en Arabia, de la soledad que le roncaba hasta en la almohada, del no saber palabra del idioma extraño; y de la jodida lesión que le sentó en la banca criolla la temporada pasada, ahora el destino sonríe. Y que más le vale pues: dos años largos, silenciosos, culebreros, tristes y áridos tampoco pudieron con esa fábrica de alegría que Tenorio se inventa y libera en cada juego.
Los hinchas, se lo agradecemos. Pero el primero en declararse en sobregiro de dicha es el mismo Oti, que se lo goza, como niño con juguete nuevo, con unas ansias viejas y retenidas; como poeta suicida, totalmente convencido de que ese último verso suyo será insuperable para siempre. Y que por eso mismo se lo ha de sufrir y disfrutar al máximo. No vaya a ser que en verdad todo termine después del gol o del verso. Y como si el poeta se impusiera silencio, este toro simpático deje de gozar, de reinventar la alegría, de liberar la plenitud, como pocas, realmente pocas veces, se ha visto en el fútbol ecuatoriano. Seis años más tarde lo extrañamos como nunca: la Tricolor no tiene quien tome la posta, quien cometa goles a sangre fría. Faltan sus gestos de niño con 25 años recién cumplidos: eso de salir corriendo a buscar un peluche oculto en la banca, los besos volados a la barra, aquello de imitar al Hombre Araña. Muere “Spiderman” Tenorio estampado contra un camión cargado de gas. Fue un sábado 7 de mayo de 2005. Otilino iba hecho una bala a su Esmeraldas natal, a festejar a mamá, en su día. Nos sobrevive su ausencia. Y a Fanny, su madre, una bendición inconclusa.
El autorEsteban Michelena es periodista y escritor. Nació en Quito, Ecuador, en 1963. Trabaja especialmente la crónica y el reportaje en medios como El Comercio, Mundo Diners, Soho y Talentos Anónimos. Es autor de la novela Atacames Tonic y del libro de crónicas El último pase al vacío de Zapatón Klinge.
La pasión por el fútbol en 12 relatosDurante el desarrollo de la Copa América, publicaremos 12 relatos de autores latinoamericanos, tanto voces nuevas como consagradas de la literatura del continente. En la entrega de hoy, el ecuatoriano Esteban Michelena rinde homenaje afectuoso al delantero del Emelec, fallecido en 2005.
Primera entrega, Promesa de Luiz Ruffato.

