Andrea Jeftanovic: "Me atrae esa zona siniestra de las relaciones humanas"
La autora chilena visita el Festival Internacional de Literatura de Córdoba. Su trabajo indaga en el lazo invisible entre lo social y lo íntimo.
Tanto el mundo íntimo y a veces tenso de los lazos familiares como la herencia histórica, política y cultural hacen a la ficción transversal de Andrea Jeftanovic (Chile, 1970), invitada al Festival Internacional de Literatura de Córdoba. La inquieta y bifurcada bibliografía de Jeftanovic se mete en el terreno sinuoso de las perversiones (incesto, pedofilia) en los cuentos de No aceptes caramelos de extraños –prefacio de Simona Vinci mediante– así como enlaza Holocausto, dictadura pinochetista y posmodernidad desde la mirada de una niña en la novela Escenario de guerra, pero asimismo se desplaza hacia la crónica global en Crónicas errantes y a la dramaturgia en Conversaciones con Isidora Aguirre.
En cuanto a ficción, la autora chilena se obsesiona por los eventos microscópicos e imperceptibles de la conducta humana, aunque siempre referidos a un todo mayor, en muchos casos residuos del pasado latentes. Ahí se da el lazo entre lo particular y lo general: “Me interesan los mundos cerrados –dice–. Me siento cómoda en esos micromundos, desde la ficción una puede concentrar una serie de tensiones, hacer que la familia, la pareja, el hogar sean un laboratorio de lo que pasa en la sociedad”.
Y continúa: “En un lugar cerrado esos conflictos aparecen de modo más álgido. Es pensar o reflexionar sobre cómo algunos conflictos macrohistóricos o macropolíticos repercuten en el espacio íntimo, me ha interesado cruzar esa frontera. Me interesa cómo esa violencia exterior también genera una violencia interior”.
En ese contexto, temáticas como el abuso infantil adoptan otra perspectiva. Jeftanovic: “El abuso de menores es metáfora del abuso social, un abuso de algún modo domesticado, anestesiado. Trasciende la situación de un personaje o una familia, lo que quiero pensar es cómo se ha instalado ese mecanismo en la sociedad”.
Finalmente, hay en su obra una indagación psíquica desde lo literario, donde lo retorcido puede tornarse revelador: “Me atrae esa zona siniestra, como diría Freud, de las relaciones humanas. No porque sea la única, las personas tenemos lados luminosos. Pero la vida cotidiana nos obliga a pensar de modo simplificado que somos la persona que se levanta a tal hora, va a trabajar, almuerza, cena, eso es mentira. Tenemos muchas dimensiones, quiero explorar esa capas menos evidentes, menos obvias, contradictorias, confusas, negativas, que en el arte no son nocivas. Es un campo libre y no dañas a otros”, dice.
–¿De qué modo pesa la herencia judía en tu trabajo?
–A diferencia de Argentina, en Chile la comunidad judía es pequeña, minoritaria. Estamos hablando de 15 mil personas. Eso hace que sea una identidad desconocida, que haya más prejuicios o te sientas en una isla. A la vez subrayo que vengo de una familia mixta, he gravitado en dos culturas, en mi casa había dos o tres religiones. Me crié de modo multicultural con la cosa de inmigrante, de no sentirse parte, pero al mismo tiempo siento una enorme gratitud de vivir en Chile. Mi familia vino de una situación traumática y fue bien recibida, la experiencia ha sido en general positiva.
–¿Qué posibilidades te ha permitido la crónica?
–Viajé a lugares y fronteras conflictivas, para mí fue un ejercicio de ponerme en los zapatos del otro y trabajar de modo íntimo lo macropolítico. Cuesta tanto comprender conflictos como la guerra de los Balcanes, he leído, me preparé y viajé varias veces y sigo sin entenderlo. Son guerras civiles o internas de siglos. Es una zona sumamente golpeada pero también hay una producción literaria y cinematográfica, una serie de autores que están tratando de ponerse en el lado del otro, artísticamente lo que surge ahí es interesante porque pierdes las certezas.
–Más allá de tus viajes, has elegido vivir en Chile.
–Ningún lugar del mundo está en buenas condiciones. Pasamos por un momento histórico difícil, entre el neoliberalismo, las crisis, la segregación, las diferencias, las migraciones, los femicidios. Si bien no hay dictaduras hay otras problemáticas grandes, difíciles de abordar, y la humanidad y las artes no deben dejar de pensar y resistir. No tengo un diagnóstico positivo. Hay espacios para pensar, crear, pero hay que ser conscientes de que son espacios minoritarios que les interesan a pocos. Una hace su pequeña salvación en las comunidades con las que dialoga pero es difícil que el arte, las humanidades y la literatura tengan influencia en la política. Soy muy pesimista al respecto.
Actividad. Este viernes a las 18.30, en el Museo de las Mujeres (Rivera Indarte 55). Andrea Jeftanovic participará en la mesa "Viajar a lugares incómodos" junto a Ana Arzoumanián y Griselda Gómez. Entrada libre y gratuita. Sábado a las 23.30: “Cuentos a la luz de la luna”. Autores rescatan textos que marcaron su vínculo con la literatura en la infancia. Leerán Andrea Jeftanovic, Andrés Barba y Maricel Palomeque. Teatro La Luna (pasaje Escuti y Fructuoso Rivera).

