Raly Barrionuevo: "Estoy en armonía, y a la hora de hacer música se nota"
Raly terminó “Rodar”, su esperado nuevo disco que presentará en noviembre. Él lo define como un trabajo “sin enojos ni histerias”. Y piensa subirlo a la Web.
Raly Barrionuevo se independizó, pero esto no significa que antes haya sido muy dependiente de nadie más que de sí mismo, de sus ganas de decir y de cantar. El término tiene que ver con su relación con la industria del disco y no con un cambio en su condición frente a la música, dice.
Y hay que creerle cuando agrega que siempre trabajó de la misma forma y aquellas veces en que alguien intentó intervenir en sus trabajos lo tomó como consejos. “Siempre escucho opiniones de gente que siento autorizada para hablar. Si la crítica es sana y bien intencionada y busca lo mejor para mi trabajo, que es un trabajo artístico y no especulativo, todo bien”.
Raly está contento, aunque una primera impresión podría mostrar otra cosa: habla pausado, piensa las cosas antes de decirlas, se toma las pausas necesarias para tomarse un mate que trae consigo a la entrevista. Está contento porque acaba de concluir Rodar, su nuevo disco, que le produce enormes satisfacciones.
Su declaración de independencia puede leerse en cosas que van más allá de la producción artística, como en la decisión de subir el disco completo a la Web en un futuro, además de adelantos que viene haciendo en cuentagotas (incluido Al costado del camino, que cedió a los usuarios de VOS.com.ar) antes de que salga el álbum completo.
Aunque las cosas han cambiado mucho desde aquel primer disco que grabó, al que llegó con su mochila y en bicicleta a pedirle al productor grabar en su estudio con la promesa de pagar algún día, todavía le produce mucha emoción tener un álbum nuevo en sus manos. “Siento la misma emoción, no veo la hora de tenerlo. Claro que también uno empieza a pensar por dónde andará el disco y se siente más expuesto. Estás en boca de un montón de gente, escuchás cosas buenas y críticas malas”.
–En general, no se habla mal de vos. A otros no les perdonan una.–Públicamente no, pero seguro que no a todo el mundo le va a gustar lo que yo hago. Igual, está lleno de críticos... como lleno de directores técnicos, y es una cosa que uno tiene que asumir así. Estoy tranquilo porque el disco no tiene histerias y no tiene enojos. Está hecho con mucha paz.
Un sueño real
–De aquel momento en la bici, ¿imaginabas que iba a darse lo que se dio?–Lo imaginé todo, siempre. Pero a la hora de la realidad, con las cosas que van significando sacrificios, no hay una relación directa con lo que uno soñaba. Comencé cantando en las peñas de Frías y un día me vine a Córdoba con mi hermano buscando cualquier lugarcito para tocar, y ahora vivo este momento de tocar para mucha más gente sabiendo que tengo ese cimiento. Igual, me gusta juntarme con amigos y tocar en lugares chiquitos..., y tengo un grupo que me acompaña en todo. No me manejo con sesionistas ni nadie que no sienta que esta propuesta es algo que también los identifica.
–Son 12 canciones tuyas las de “Rodar”.
–Pasé por varias etapas. Una primera, de buscar profundidad y sencillez al mismo tiempo, como en El sol parece lluvia, que nace de una frase de un sobrino mío muy chiquito. Construí esa letra a partir de lo que él había creado. Hay otras, como La Bienvenida, la canción de cuna, Mochileros. Después caí en el más hondo desasosiego a la hora de escribir Al costado del camino y Mujer caminante, letras que sí están muy pobladas de metáforas que me gustan, y yo tiendo a ir a ese lado. Un amigo de Unquillo, el artista Pancho Sarría, dijo que escuchó mucha mitología en las letras. Me dijo: "Se ve que no estás enojado con nadie ni estás desesperado por levantarte a nadie". Y la verdad es que dio en el clavo. No tengo desesperación por nada, son letras con mucha paz, cero enojo y cero resentimiento.
–¿La gente interpreta cosas distintas a la intención que vos querías darle?
–No lo sé. De Gustavo Cerati, una vez leí algo sobre Té para tres. Él decía que muchos la interpretaron como un triángulo amoroso y en realidad hablaba de la madre cuidando al padre, que estaba enfermo. En la metáfora, sí o sí existen tantas interpretaciones como personas que escuchan. En canciones como Oye Marcos, que dice "venite para Santiago, te espero sentado en la terminal", mucho no se puede hacer. Pero la última estrofa de Al costado del camino dice "al costado del camino viaja la estrella hermana de los hijos de un dios desahuciado y loco, vulnerable, pecador, milagroso y torpe, militante desertor". Ahí podés hacer miles de interpretaciones.
–¿Por qué creés que estás en este momento de paz?
–No digo que no me hayan pasado cosas difíciles, pero lo tomo todo con mucha tranquilidad, porque siento que estoy en el eje. Acabo de cumplir 40 y podría estar para el orto, pero desde Radio AM hasta acá me he conocido mucho más, artística y personalmente, que para mí es lo mismo. Estoy en armonía conmigo, y a la hora de hacer música se nota.
–¿No podés separar a la persona del artista?
–Para mí es lo mismo. El único momento en que lo separo es cuando juego al básquet en Atenas. Es el mismo lugar donde toco en la peña Trashumante, y no me doy cuenta salvo que me ponga a mirar especialmente. Pero haga deporte o me junte a comer con amigos, todo va a las canciones.
–Abel Pintos hizo una versión de “Cactus”, de Cerati. ¿Harías alguna?
–Guitarreo con muchos temas de Gustavo. Cuando estuve grabando con Leo García hablamos bastante, y a él El sueño de los viajeros lo conectó mucho con su música. Para la generación mía es una influencia insoslayable. Gustavo es de los rockeros que a la hora de hacer música de raíz folklórica lo hace de manera más genuina. Cuando pase el temblor, que es un huayno, no está forzado. Igual con Cactus o Sulki. A los rockeros, cuando tocan folklore, es como que les queda bien. Si venimos del folklore a hacer rock parece que nos queda para el orto. Leda Valladares invitó a rockeros a cantar baguala, pero no se me ocurre alguien del rock convocando a folkloristas.
–¿El rock llegó tarde a tu vida?
–Vengo de cuna folklórica. Crecí sin saber que existía otra música, el rock lo encontré después. Las primeras que me pegaron fueron las canciones de Charly García, y después comencé a descubrir más y a meterme en la historia del rock argentino, que se mete en mi música aunque el cimiento que me sostiene es el folklore.
–Así como podrían citarse a Spinetta, Charly, Cerati, el Indio, ¿en el folklore a quién elegís?
–El Spinetta del folklore es Raúl Carnota. Y sin dudas el Chango Farías Gómez, que fue un puente entre la música antigua, ponele entre Yupanqui y el MPA. No puedo dejar de nombrar a Peteco, porque trae una herencia muy fuerte de Santiago que se potenció con Jacinto Piedra. Juntos fueron dinamita pura.
–¿Quién te produce más admiración?
–Soy muy admirador del Chango Rodríguez. Me parece un original, con una historia muy oscura, de sus años en la cárcel. Tuve acceso a las canciones que escribió allí.
–Si hubieras tenido acceso, ¿hubieses sido rockero?
–Pasa algo raro en Santiago. El folklore es como nuestro rock. Los chicos pelan chacareras muy modernas, frescas. Lo otro que escuchamos son fuentes para ir a beber, pero hay una música con una identidad muy fuerte. Por ahí me hubiera gustado ser vocalista de una banda de reggae, tipo Kameleba, que me encanta.
–¿Para elegir 12 canciones dejás afuera 10 o 20?
–No tantas. Al principio eran más, en el último tres o cuatro. Hay una muy linda que viene quedando desde el primer disco y nunca la puedo meter ¡y me encanta!
–¿Algo te avergüenza?
–(Piensa y sonríe) Las canciones hechas en la adolescencia, pero me dan más ternura que otra cosa. Zamba y acuarela, por ejemplo. Hoy nunca podría escribir "quiero hacerte el amor en las mañanas de Santiago", pero la canto porque habla de cuando tenía 19 años. Hoy no haría eso, ni un montón de otras cosas.
–¿Te servía para conquistar chicas al menos?
–No, a mí no. Más les sirvió a otros changos en guitarreadas, que han tenido más éxito que yo.
Contra la adulaciónEn el disco, están invitados Liliana Herrero, Leo García, Yusa. O sea, Raly se dio gustos de tocar con gente que además admira y con las que tiene afinidad. A Leo lo estaba buscando cuando él se enteró. "Pienso que esa gente no me conoce, pero resulta que sí. Nunca en la vida pensé que Spinetta me podía conocer. Un día estábamos en un lugar y se paró para saludarme, y yo no me hubiera animado, por vergüenza. Él se paró, me dio un abrazo y me dijo 'muy buena inspiración, loco'. Me meé encima".
Raly agrega que es bastante pudoroso con los otros artistas. “Siento que si me arrimo, les hincho las bolas. Con los deportistas, en cambio, me choluleo al toque y me quiero sacar una foto. Me pueden, los admiro... no quiere decir que a los artistas no, pero será porque soy artista y conozco los secretos, y no sé si me copa tanto que estén encima de mí”.
Raly aclara: “Me gusta que me salude la gente, pero detesto la adulación. Me cae muy mal un guaso me diga ‘sos un genio’. Porque sé que no soy un genio. Hay gente a la que le sale de buena leche, porque le gusta lo que hago, pero palmearme la espalda todo el tiempo y que me digan cosas no me gusta. Me pasa, pero se ve que tengo un poco de repelencia. Igual, cuando termino de tocar, me quedo a saludar. A veces estoy cansado y me da miedo quedarme porque tengo mucha cara de cansado y no quiero que se interprete como cara de culo”.
En vivoLa presentación oficial del disco Rodar será los días 8 y 9 de noviembre en la Sala de las Américas. Antes, Raly Barrionuevo actuará este jueves 6 en la apertura de la Feria del Libro, en el Teatro Real (sólo con invitación).

