Reflexiones sobre el teatro necesario
Norman Briski plantea su particular modo de ver el oficio teatral y los vínculos entre el arte y el poder. El actor, director y dramaturgo fue distinguido por su trayectoria en la Fiesta Nacional del Teatro que termina este domingo en Jujuy.
"¿Lavalle?", pregunta Norman Briski, y abre los ojos desmesuradamente. El actor, director, dramaturgo y docente llegó a la Fiesta Nacional del Teatro de Jujuy para dictar un taller y recibir la distinción a la trayectoria. La pregunta es parte de su método y la avidez por pensar ciertas cosas del arte, la política y la vida.
Con respecto a Lavalle, le llamó la atención la puesta en Posta de los Hornillos. Aquello que genera un dilema (apoyar o no a Lavalle), tal vez, es planteado por las nuevas generaciones, "laicamente, o no", remata Briski. Evacuada la duda sobre el espectáculo, el premio lo conduce por otros caminos conceptuales.
-¿Cómo toma el homenaje del Instituto Nacional del Teatro (INT) en el contexto de la Fiesta?-El INT es un ente autárquico, no gubernamental, y tuvo sus héroes que lograron en aquellos días lo que ahora quieren lograr los bailarines. Eso me produce respeto, que una comunidad pueda determinar su capacidad institucional sin dependencias que no sean las normales de cualquier institución. El INT tiene un valor de sindicato benigno, que los hay pocos... No recibí nunca un premio. Tuve dos Martín Fierro pero no fui a recibirlos. Me reservo el honor de que los que me dan un premio sean los que elijo que me lo den.- Elige a quien respetar.- Los colegas. En este caso, acudo. Lo más importante es seguir pensando qué está pasando y tener la posibilidad de decir lo que pienso. Veo con alegría que la platea está llena de gente de Tierra del Fuego, Río Negro, por ejemplo, digo las provincias de las que más me cuesta acordarme. Me produce alegría y pienso cómo hacemos para compartir porque a los premios se los come la medalla. Cómo charlamos con los compañeros, cómo producimos una asamblea con toda esta gente que yo considero el teatro necesario. Hay un teatro deseable y otro necesario. Todos son como maestros rurales. Sabemos que son más héroes que Lavalle y Urquiza. Tenemos que jerarquizar el teatro que está lejos de los centros en que se cocina el teatro citadino, de la moda, el consumo, y que está cerca de la gente.
Norman Briski tiene su sala, el Teatro Calibán, y mantiene la relación con el INT como todos los beneficiarios de los subsidios. Allí está por estrenar su obra Las 50 nereidas, dirigida por Juan Astorga, con la actuación de Eliana Wassermann.
"Invitamos gente sin sala. Calibán no tiene ganas de ver sólo a Briski. Quiero que agarren la antorcha actores y actrices capacitados. Porque éste es un país que reconoce lo reconocido. La gente nueva tiene que tragar fuego, andar desnuda por la calle, o las dos cosas, para que le den bolilla", señala.
La idea que lo ocupa es el compromiso de los que inventan historias, obras de arte (estatuas, dibujos), personajes.
"No tenemos cabal idea de lo que significan. Muchas veces esas invenciones tienen que ver con el poder. Leonardo Da Vinci, Velázquez, Sófocles, Esquilo han estado siempre al servicio del poder. Ahora estoy haciendo mi versión de Ricardo III de William Shakespeare. Con mucha cautela y con las lecciones de Graciela Sarti, sumo datos fehacientes para mi tesis que es: che, éstos estuvieron al servicio de la corona y no de los pueblos. Es el caso de Shakespeare. Él dirige su obra para determinado régimen o interés político".
En ese punto de la conversación Briski arremete sobre el tema de la obra de próximo estreno. Reflexiona mientras habla. Busca las palabras, confronta, polemiza, se arriesga. "La nereida es una invención de los hombres (el séquito de Poseidón) para no tener miedo a las tempestades. ¿Quién las inventa? Nosotros estamos recibiendo alegremente ejercicios del poder que admiramos con enorme facilidad. Todos piensan que Shakespeare estaba en contra de la corona. Yo ya dije lo mío al respecto". En su obra, las nereidas hablan y se preguntan para qué las inventaron y cómo hacer para tener existencia y ser personas, en esa desesperación de algo que no existe y quiere existir.
"Estamos ayudando a pensar qué pasaría si esas invenciones pasan a manos de la emancipación y lo libertario. Hay invenciones que han causado muchísimo daño: la gran cruzada, por ejemplo, en nombre de la fe.
-Son imágenes que siembran miedo-Y siembran ¡valentía! Porque al sacar una espada con la cruz te disculpás todas las atrocidades que hiciste. Esta idea crítica sobre el arte y los intelectuales puede iniciar algo, aunque sea con humor.
La cuestión, según Briski, es cómo crear un arte que no esté al servicio de la corona. Tampoco se permite simplificaciones. "No tiene que ser necesariamente popular. Hay cierta garantía de que si es popular... pero no. Shakespeare es popular y tiene un discurso ideológicamente dirigido. Lo cual no quita que fue un genio", señala.
A partir de Ricardo III, obra que ensaya con el actor Sergio Barattucci, instala nuevamente la polémica, aunque dice que no le gusta polemizar con un muerto (por Shakespeare).
"Ricardo III tiene una fama espantosa, como el inventor de la crueldad. Cuando se lo estudia, descubrimos que fue el fundador de dos universidades y el único protector del teatro. Me parece que es un Ricardo III en contra del Estado. Como actor empiezo a preguntar por qué dicen esto de él. Incluso, tiene un club de admiradores. Yo no busco lo peor o lo mejor, no busco roña. Pienso por qué Ricardo III está en contra de Juana de Arco. Es el juego de un teatro que desde acá revisa la visión que nos dieron. Ya que tuvimos que digerirlo, por qué no podemos tener una visión distinta. Si el teatro no tiene capacidad crítica, está muerto", concluye.
Otra obra de Briski actualmente en cartel es El barro se subleva, la historia de un hombre que genéticamente nació para creer que el mundo debería ser distinto. En la charla aparecen otros títulos, tales como La empanada verde, creación colectiva de la Villa 21, y Hoy por hoy.
En la ceremonia de entrega de los premios del INT, el actor sugirió que los jujeños cambien el nombre del Teatro Mitre, al tiempo que leyó una memoria personal y manifiesto del teatro, matizados con pantomimas planteadas con gracia y muchísima astucia escénica.
La Fiesta Nacional del Teatro finaliza este domingo en San Salvador de Jujuy. Los datos provisorios de concurrencia señalan que 17 mil espectadores acudieron a las salas desde el 2 de mayo. Esta noche se conocerá la provincia elegida para la Fiesta Nacional 2015.

