Punto de vista: Festivales que abrazan
Esta edición del Festival de Teatro del Mercosur confirma el lugar de Córdoba en las artes escénicas del país.
Desde hace varios años, el mes de octubre se inscribe con letras grandes, contundentes, plenas de desarrollo permanente en la ciudad de Córdoba, en donde se desarrolla el Festival Internacional de Teatro del Mercosur y donde se desarrollaron los ya míticos Festivales Latinoamericanos de Teatro. Miles de espectadores en espectáculos para todos los gustos son la prueba contundente que permite categorizar a la Docta como la cita obligada en el panorama de las artes escénicas de la Argentina.
Los sociólogos podrán estudiar las razones de este éxito con diversas teorías. Lo cierto es que cuando existen una decisión política, una cuidada programación, una organización perfecta –con el alma puesta de todos los que trabajan en ella– y la pasión evidenciada de los ciudadanos que han hecho suyo este festival, se pone en evidencia que esta perla integra un collar de piedras preciosas.
Esta edición se desarrolla en un año muy particular por las elecciones de gobernantes en todos los niveles del Estado, que ponen en discusión principios ideológicos, modos de hacer que generan intercambios de miradas, visibilizan luchas, exigen balances, revelan intereses, desnudan intenciones. Discusiones acaloradas se instalan en las mesas familiares, en las charlas entre amigos, en las redes sociales, espacios donde nos preguntamos qué nos pasa, cómo estamos, qué se debería hacer, hacia dónde se debería ir. El bien común está en boca de todos.
Época de cambios
Somos testigos de un momento de grandes transformaciones. Las nuevas comunidades, de creciente complejidad, exigen acciones claras, que superen la promesa de los discursos y cristalicen en políticas reales, inclusivas e innovadoras. Estamos evolucionando hacia una nueva sociedad, con una nueva cultura, con nuevas realidades y expectativas, y ese avance exige cambios.
Hay quienes se resisten al cambio. Y hay quienes lo abrazan. Este festival es una muestra contundente de ese cambio que estamos viviendo como comunidad. Es un ejemplo de transformación. Para algunos el arte sigue siendo un espacio de regocijo elitista, un lujo para pocos, o un accesorio prescindible. Para otros, una forma de abrir puertas y crear vínculos, un espacio para repensarnos, encontrarnos.
Para algunos el festival de teatro es sólo un número: cantidad de espectadores, de entradas, de dinero, de auspiciantes, de subsedes. Para otros, una experiencia intransferible. Para estos otros, entre quienes me incluyo, el festival es una celebración única, que año tras año nos envuelve con el entusiasmo de quien sigue creyendo que el cambio es posible y apuesta con su cuerpo y sus ideas para hacerlo realidad.
Pero para unos y otros, el festival está aquí y es una fiesta. Para quienes quieren verlo y para quienes no. Propone una celebración colectiva de la fantasía, de los sueños, llega a quienes pueden y a quienes no. A los que están en el centro y a los barrios. A las localidades con salas y a las que no las tienen.
Con su fuerza arrolladora el festival se hace visible y se hace realidad para quienes quieren abrazarlo. Para quienes desean dejarse atravesar por la experiencia de compartir. Quienes no lo ven, simplemente, se lo pierden. Cada año se renueva el suceso y crece, y lo comprobamos con orgullo.
Esta maravilla que se reitera no ocurre espontáneamente. Exigió décadas de trabajo colectivo de grupos e instituciones teatrales, y requirió un trabajo obstinado, perseverante, de un equipo que entiende lo que hace y lo hace con ideología y compromiso. Como ocurre con todos los hechos verdaderamente transformadores de nuestra historia. Con una cabeza brillante como la del director del festival, Raúl Sansica, comandando todo, haciéndose presente en todo, estando en todo.
Sansica y su gente hacen el festival atendiendo todas las voces, dialogando con los hacedores, apoyándose con firmeza en quienes tienen la experiencia y el conocimiento. Escuchando a unos y a otros, y dando respuestas. Avanzando con firmeza y convicción, y siempre pensando en la comunidad.
El teatro ha llevado el nombre de Córdoba a los medios masivos de comunicación del país, ha hecho resonar su nombre en Latinoamérica y otros lugares del mundo, ha generado expectativas en miles de jóvenes con un proyecto que nos pone en discusión, que celebra la diversidad, y que es ejemplo de gestión.

