Para Gabriel Rolón es riesgoso "perder el límite entre lo público y lo privado"
El psicoanalista y escritor Gabriel Rolón trae este sábado a Córdoba "Historias de diván", una obra que nació de dos historias fuertes. Lleva más de un millón de copias vendidas de todos sus libros, y el último lo presentó en el Luna Park.
Este sábado, Gabriel Rolón viene a Córdoba con su obra de teatro Historias de diván, una trama de ficción construida a partir de historias reales desde el ámbito del psicoanálisis. Rolón –que con todos sus libros publicados superó el millón de copias vendidas– explica la vigencia de esta historia que cuenta las alternativas del tratamiento de Majo, una adolescente obsesionada por la muerte, y de Antonio, un sacerdote al que su fe ha dejado de sostenerlo y busca respuestas en el psicoanálisis.
–¿A qué atribuís la vigencia de libro y obra?
–Fue un libro auténtico, lleno de verdad, que se adentró en lo más hondo de los sentimientos humanos y creo que de allí que su repercusión fuera tan grande. Hoy la obra sostiene esas banderas éticas y por eso el público que la vio ha respondido con tanto respeto y afecto. No fue fácil elegir las historias ni adaptarlas, pero el trabajo valió la pena pues cada noche nos conmueve lo que se genera entre la gente y nosotros. Desde que la escribí me propuse hablar de los dos grandes temas del hombre: el amor y la muerte, y creo que por eso conserva su vigencia a pesar del paso del tiempo.
–¿Pensaste en contar nuevas historias, además de las de Majo y el padre Antonio?
–Lo hice en otros libros (Palabras Cruzadas e Historias Inconscientes) pero no para la obra. Quería mostrar los dos pilares que mueven un tratamiento analítico: la potencia emocional y la primacía de lo inconsciente, por eso la elección de esos dos casos. Majo es pura pasión, el afecto a flor de piel, y Antonio muestra la aparición del lapsus, el lugar de la palabra como formadora de síntomas pero también su potencia para desanudarnos del horror.
Estrella de rock
–De chico querías ser músico, pero llenaste el Luna Park con la presentación de tu último libro. ¿Te genera alguna contradicción?
–No. Es más, me di un gusto muy íntimo. De chico quería ser músico y más de una vez al ir al Luna a escuchar algún grupo me pregunté cómo sería cantar allí. El día de la presentación de Cara a Cara, delante de seis mil personas... canté una canción. Pero no siento una contradicción, apenas si me sonrío al comprobar la mano del azar, la importancia de no ceder en pos de lo que se desea. Fue un momento único, inolvidable y, seguramente, irrepetible.
–¿En esos momentos te sentís un poco como una estrella de rock?
–No sé cómo se siente una estrella de rock, pero imagino que es diferente. No genero el tipo de reacciones que veo en los recitales. El público que asiste a mis charlas, a la firma de libros o a ver la obra es silencioso, reflexivo y viene en busca de otro tipo de emociones. Alguna vez me dijeron casi como una ofensa que parecía un rock star, pero no lo vivo como tal. Sé lo que cuesta ocupar un lugar importante en cualquier área y respeto mucho a los que lo han logrado con armas nobles. Mal podría molestarme la comparación. Pero estoy muy lejos de generar un efecto tan masivo.
Histeria argentina
–El psicoanálisis es individual. Si hicieras terapia social, ¿podrías definir al argentino promedio? ¿Es autodestructivo?
–No puedo hacerlo porque carezco de los elementos para una evaluación así. Opino de lo que sé, que es de psicoanálisis, y sería irrespetuoso con los sociólogos. Pero en tanto que psicoanalista diría que todo hombre es autodestructivo, no importa dónde haya nacido, puesto que la pulsión de muerte nos habita desde que nacemos. Llevamos un impulso que nos empuja a buscar lo que duele, a repetir los errores incluso, en algunos casos, hasta la destrucción total de lo que somos o amamos. Lejos de la mirada profesional, como hombre de a pie, tengo en una alta estima al pueblo argentino.
"Los argentinos hemos soportado crisis, dictaduras, fraudes supuestamente patrióticos, y, sin embargo, aquí estamos: peleando, dando batalla para no renunciar a nuestros sueños".
–¿Por qué la terapia está siempre presente en las ficciones argentinas?
–Las terapias en general, y el Psicoanálisis en particular, forman parte de nuestras vidas. Es así. Somos un país comprometido con la salud mental y así como cuando a alguien le duele la muela va al odontólogo, aprendimos que cuando lo que duele es emocional también hay profesionales que han estudiado para ayudarnos. Es parte de nuestra cotidianeidad y por eso se refleja en nuestras ficciones.
–Hay una tendencia en aumento de exponer vidas privadas a la vista pública. ¿Tenés una mirada crítica sobre esos fenómenos o te resulta natural?
–Creo que es riesgoso perder el límite entre lo público y lo privado. Es muy difícil jugar este juego en una época tan expuesta y respeto la decisión individual de cada persona al respecto. Como analista, sin embargo, invito a reflexionar porque creo que hay cosas que por su naturaleza misma requieren de intimidad. Además, esa pulsión de muerte de la que hablamos se proyecta fácilmente hacia los demás, por lo que hay mucha gente esperando ansiosa poder lastimar a quien ha quedado expuesto. Basta mirar Twitter para comprenderlo. En lo personal asumo los costos de ser alguien público pero intento cuidarme mucho de que eso no ponga en riesgo la intimidad de los que amo ni la mía.
Para ver. Historias de diván. Esta noche, a las 21 y 23 en el teatro Real, San Jerónimo 66. Anticipadas al (0351) 433-1670 o en los sistemas de Autoentrada (locales y autoentrada.com).

