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Nuestro comentario de la obra “Bucear sin agua”: una indagación sobre relatos sensibles

La obra basada en dos libros de relatos escritos en la cárcel de Bouwer por mujeres detenidas convoca al público con una estética austera y dos actrices versátiles.

16 de septiembre de 2021 a las 04:13 p. m.
Nuestro comentario de la obra “Bucear sin agua”: una indagación sobre relatos sensibles
Victoria Garay y Celeste Simoncelli, en una escena de "Bucear sin agua". Fotografía: Facundo Luque

Como bailarinas de nado sincronizado, las actrices Victoria Garay y Celeste Simoncelli entran en un mundo de relatos de mujeres. Al comienzo de Bucear sin agua se informa sobre la procedencia de las historias. Mujeres presas en la cárcel de Bouwer se pusieron a escribir y del taller nacieron las palabras que el grupo Lo Culinario convierte en escenas breves, como un muestreo de sentimientos, penas e ilusiones.

Uno de los aciertos de la obra que dirige Fwala-lo Marin es que no hay una utilización demagógica de los cuentos originales. Como advertía la directora antes del estreno, la narración no lleva ninguna marca especial, no se subraya el hecho de que las voces narrativas corresponden a mujeres detenidas.

La teatralidad que elige el grupo pone distancia y establece que allí se contarán historias en burbujas, contiguas pero independientes.

La estructura conlleva algunas dificultades. Cada relato es recreado por las actrices que van saltando y ‘nadando’ de burbuja en burbuja, con habilidad y gracia. Las transiciones podrían ajustarse más, para que haya continuidad entre corte y corte.

Las actrices abordan estilos muy diferentes, desde el cuento naif de amor cortés, al monólogo de la mujer embarazada. Entre lo lúdico y lo monstruoso, Bucear sin agua conduce al público por los personajes que cobran voz y ocupan el escenario austero. En ese sentido, el ritmo y la tensión depende de la química que establecen Victoria Garay y Celeste Simoncelli.

Ellas dicen en la obra que hacen teatro para saber. Algo de eso surge de la trama.

La obra comienza con una escena potente, la del Chiqui y la doctora, con buen humor, parodia y crítica social. Otro punto alto de la representación es el que se juega en el espacio de las rejas, con la gestualidad puesta en las manos intervenidas. También la escena realista, la del incidente en la cárcel, se destaca por su fuerza dramática.

Tres cajas como retablos dan marco a la obra. Las actrices van de una a otra, dialogan también con la música y las coreografías. En este sentido, la decisión de la directora pareciera que es cortar el clima de un relato a otro. La idea exige más claridad porque los descansos del texto pueden caer en baches.

El universo femenino se manifiesta en la obra con sencillez. Con la verdad “como trampolín”, el teatro se apropia de todos los escenarios posibles. Intenta bucear sin agua en las pequeñas fantasías, en las maldiciones y la fragilidad de personajes sin nombre. Universaliza el espacio de la escucha, corre prejuicios y evita señalamientos inútiles.

“Yo sí hablo de mis sentimientos”, dice un personaje.

La obra del grupo Lo Culinario transita el no saber anunciado al principio de la representación, con la humildad de quien recibe un regalo que le han confiado y lo preserva con creatividad.

Para ver

Bucear sin agua. Dramaturgia del grupo sobre textos de Bucear sin Agua y Mariposas de papel. Presas, pero vivas. Privadas, pero no de sueños. Dirección: Fwala-lo Marin. Escenografía e iluminación: Agustina Márquez. Música original: Guchi Piazzi Avila y Yoni Cuadrado. Vestuario: Emilia Leonardi. Maquillaje: Matías Tomasetti. Voz en off: Carina Sanson. En escena: Victoria Garay y Celeste Simoncelli.

Viernes de septiembre y octubre a las 20 en Sala Quinto Deva (Pje Agustín Pérez 10 Ex-Abasto). Entradas: general, $ 600; estudiantes y jubilados, $ 500 estudiantes.

Reservas y pago por transferencia: https://forms.gle/drdSDzNS6XPF1VzF7

(Enlace disponible en las redes sociales de Lo Culinario)

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