"Lúcido", de Elencos Concertados: Un sueño bien soñado
Elencos Concertados presenta Lúcido, una obra compleja encarada por un elenco de gran ductilidad interpretativa.
Hay encuentros teatrales que asombran y ponen al teatro en un nivel muy alto de interpretación y disfrute. Elencos Concertados presenta en María Castaña, Lúcido. La intuición brutal del dramaturgo Rafael Spregelburd se encuentra con la avidez del director Enrique Giungi por correr sus propios límites frente a un texto poderoso, a la cual se suma, como requisito imprescindible, un cuarteto de actores capaces de jugar todos los juegos que impone el texto.
Tramposo y estupendo, como ocurre con un texto marcado por los misterios, desvíos y ocultamientos, el espectáculo plantea escenas intrascendentes, discusiones bizarras, personajes desfasados pero creíbles.La madre (Ana María Tenaglia), lidia con un hijo trasplantado renal, un muchacho muy joven (Nardo Páez) que recibió el órgano de su hermana Lucrecia (Ornela Calvieri). La anécdota desborda y excede el presente comentario. Hay detalles minúsculos que conforman un cuadro familiar atípico con el que Spregelburd entretiene, confunde e hipnotiza al espectador. La escena del restaurante los reúne con motivo del cumpleaños de Lucas. El festejo de sus 25 años los excita a los cuatro, atendidos por un mozo de comedia (Juan Gecchelin). La charla gira en torno a modas y temas de conversación entre esnob y delirantes, sobre el menú, la oferta y la demanda del buen comer.
Aparece la explicación del ‘sueño lúcido\', las variaciones mentales que cada uno imprime a sus recuerdos o miedos; la terapia, la tarea que Lucas realiza por indicación de un tal Rosso, el psicólogo. La hermana llega a reclamar no se sabe muy bien qué. Las versiones de la madre la culpan de haber desaparecido después de donar su riñón a Lucas. La atmósfera casi costumbrista disfraza el delirio que el texto despliega.
Spregelburd crea un mundo absurdo con reglas que el espectador puede seguir, aunque no podrá descubrir el destino de todas esas palabras, los movimientos de los actores y el conflicto que vertebra un dolor insoportable.Ana María Tenaglia regala un trabajo excelente en el rol de Teté, la madre. La acompañan sus compañeros de elenco con la fe absoluta en ese sueño lúcido que se arma y deshace en pocos minutos.
Lúcido se construye en base a la técnica que mantiene la continuidad de la conciencia, de la vigilia al estado onírico. Lucas la practica mientras las acciones de su madre construyen una respuesta a ese delirio aparente. Los actores saltan de una escena a otra (de la casa al restaurante, por ejemplo), con cambios imperceptibles. Tenaglia asume la voz del juego, del mando y la reflexión, como una señora atolondrada en medio de desconocidos. Su rol expone los elementos de la comedia y se hunde en la tragedia con la misma convicción. Hay en el texto de la obra y su modo de abordaje, una fibra emotiva que lentamente gana la escena, hasta dar sentido a todos los juegos de humor negro e incorrecto.

