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"He salvado la caída del lenguaje teatral"

Favio Posca presenta en Córdoba su espectáculo "Bad Time Good Face", en el que interpreta a varios de sus personajes más libres e incorrectos. Viernes y sábado en la Ciudad de las Artes.

27 de noviembre de 2012 a las 12:00 a. m.
José Heinz
"He salvado la caída del lenguaje teatral"
Favio Posca lleva 300 presentaciones del show 'Bad Times Good Face'.

Favio Posca saca a relucir varios de sus personajes perdedores e hiperquinéticos en Bad Time Good Face, espectáculo que ya lleva tres años y más de 300 funciones en diferentes puntos del país, aunque en Córdoba se presentará por primera vez este fin de semana. Se trata de un show con todos los sellos y los tics que se le conocen al actor, en el que su particular histrionismo se entremezcla con música y proyecciones de fotografías y videos, pero él opta por desmarcarse del rótulo de lo "multimedial".

"Soy bastante puntual en la forma de explicar mis obras, es algo que tiene que ver con mi manera de hacer las cosas", dice Posca al explicar el show. "No tiene que ver con un espectáculo multimedia, sino en cómo ponés y desarrollás arriba del escenario, y desde un lugar artístico, todas las opciones que puede darte la tecnología", detalla.

–Has dicho que te interesan los personajes "fallados". ¿Es esa falla tu motor creativo, te interesa trabajarlos a partir de allí?–Creo que sí. Como artista me interesa esa clase de personas, que tienen mucho que ver con nuestra sociedad, pero están un poco escondidas o aceptadas desde un lugar hipócrita. Por lástima, uno teóricamente acepta y reconoce a ciertos personajes, pero a la vez sabe que son rechazados. Yo me encargo de reivindicarlos y de darles cierta humanidad, a pesar de ser personajes fallados y sufrientes. Pero ellos se reivindican a sí mismos, y eso genera liberación en el espectador. Se ríen con esos personajes y no de ellos. Hablo de las adicciones, la locura, la soledad, la discriminación, todo lo que nos aqueja y está en nuestra sociedad. En el espectáculo me encargo de hablar de ellos, liberarlos y darles cierto power para que se pongan de igual a igual.

–Estuviste con este mismo espectáculo hace pocos días en Uruguay. Teniendo en cuenta las medidas de aquel gobierno en relación a la marihuana, ¿dirías que el público uruguayo es más abierto a temas como las drogas?–No, todo lo contrario. En Montevideo fui prohibido hace 10 años. Iba a hacer cuatro fechas y sólo pude hacer una. En aquel momento, el periodismo joven me apoyó y pude volver, pero fue algo bastante terrible y doloroso para mí. Hace seis años me fue mucho mejor, aunque igual hubo quejas. Hace algunos días hice tres fechas en Montevideo y explotaron, pero mucha gente se quejó, y también los medios me criticaron. Eso significa que sigo causando quilombo. Que se permita el consumo personal de marihuana no significa que la sociedad crezca. Es una apertura interesante, pero no es un cambio que venga de un día para otro. La apertura mental tiene que ver con mucho tiempo de evolución. Es como ir al gimnasio por primera vez: no vas a estar más lomudo al otro día, al contrario, te va a doler todo. El proceso de adaptación lleva tiempo, recién después de algunos meses vas a tener un poco más de músculo.

–¿Disfrutás el hecho de incomodar con tus monólogos? ¿O lo entendés como una consecuencia natural de tu discurso y eso te tiene sin cuidado?–Nunca pienso en lo que va a gustar o no a la hora de hacer un espectáculo. Soy un artista libre, le doy mucha prioridad a lo que tenga ganas de decir. Necesito estar contento con mi espectáculo, saber que doy todo arriba del escenario. Hay un respeto absoluto hacia el espectador. Nunca me propuse cautivar gente joven, pero ellos me siguen porque son los que más entienden mi lenguaje. Además, es gente que generalmente no consume teatro, sino más bien rock o disciplinas de las artes plásticas. Desde algún lugar, he salvado la caída del lenguaje teatral. Invento un nuevo lenguaje para que el teatro siga viviendo, pero nunca me propongo provocar. Mi público disfruta y se ríe. El que piensa "cómo provoca", es porque le saltan prejuicios que tienen que ver con represiones internas, fantasmas que no ha logrado dilucidar. Se ve en un espejo, se asusta, se para y se va.

–Una de las características de tus espectáculos es la velocidad. ¿Dirías que captás una lógica moderna, de esta época? Me refiero a la buena aceptación que tienen tus obras en la gente joven.-Hay una realidad: el lenguaje que empecé a desarrollar, una forma muy Posca, tiene que ver con la síntesis. Porque hablar rápido y que no se entienda nada es al divino botón. La velocidad está buena siempre y cuando tenga que ver con la narrativa. A mí me preocupa mucho la forma de narrar, veloz desde las imágenes y no desde el texto. En mi caso, la narrativa y la edición tienen más que ver con el cine o la música, otras disciplinas en donde voy cortando camino, sin que se pierda lo que quiero decir. Algunos dicen que puteo mucho, pero es porque forma parte de nuestro lenguaje, no uso la puteada como remate, tipo chiste. Va en el medio si tiene que usarse, con cada forma de cada personaje.

Y el actor finaliza: "Me interesa cómo cuento la historia y cómo la llevo a la diversión del espectador. Si en tres cuadros lo puedo explicar, no me hacen falta 10. De lo contrario, caés en la trampa de quitar sorpresa y el espectador ya sabe lo que le espera. Yo te cuento una historia, pero en el medio te tiro cosas paralelas dentro de esa historia. No hay que confundir velocidad con riqueza de imágenes. Tal vez los jóvenes tienen como una banda ancha en la cabeza, están más acostumbrados a la lógica de Internet, a la edición, un montón de cosas que les dan más ventajas. Se pueden reír entre líneas de lo que estoy diciendo e imaginarse el trip que yo estoy tratando de convidar o provocar en tu mente a través de los textos. Pero eso no quiere decir que no lo entiendan los adultos: también he visto a señoras de 70 años aplaudiéndome".

El show"Bad Time Good Face". Viernes y sábado en la Ciudad de las Artes (Av. Richeri y Concepción Arenales). A las 22. Entradas a la venta en boleterías y stands de Autoentrada desde $ 130.

Mirá en la solapa de videos una escena del espectáculo.