Gabriela Acher: la risa compartida
Gabriela Acher vuelve con nuevo espectáculo, esta vez para reírse de su propia madre. Dice que allí hay mucha tela para cortar y que la maternidad es la mejor experiencia para vivir el amor.
La maternidad comienza con la propia madre, dice Gabriela Acher, entonces rebobina su historia hasta los gestos que convierten a la suya en la materia, el fondo y la figura de su nuevo espectáculo unipersonal. Algo sobre mi madre (todo sería demasiado) es una declaración de principios y finales abiertos, un manifiesto de sus propias debilidades, fortalezas y homenajes a la esencia de la madre judía, esa que todas las madres, tarde o temprano, terminan siendo. El próximo viernes, a las 21 y en la sala mayor de la Ciudad de las Artes, la actriz, escritora y comediante lo presenta ante el público cordobés.–¿Por qué decidís hablar de tu madre en este momento de tu vida y tu carrera?–En todos los unipersonales hay material de mis libros, tengo cuatro publicados. Los primeros hablaban de los vínculos entre hombres y mujeres y entonces pensé en cuál era el otro tema que más les importa a las mujeres: la madre y la maternidad. Hay un momento en que te preguntás si querés ser madre o no y empecé a investigar un poco y me di cuenta de que toda maternidad empieza con la propia madre, y que la mía tenía mucha tela para cortar.–En este momento en que a las nuevas madres les hablan tantas voces sobre lo que tienen que hacer y cómo, ¿qué desafíos detectas desde tu mirada?–Esa es la diferencia abismal entre la maternidad de mi madre y de la mía. Nosotras fuimos hijas del autoritarismo y madres del permiso. En un momento del espectáculo se resume todo esto; digo que cuando era chica no había respeto por los chicos y ahora que soy grande no hay por los grandes. Entonces al respeto nunca lo vi, somos esa generación bisagra, tironeados por todos lados como Tupac Amaru, por un lado las madres y por el otro los hijos.–¿Cómo se acomoda la mujer ante esos mandatos? –Vive agotada, porque es una mujer que trabaja, tiene que ponerse a que sus hijos los cuiden otras mujeres, porque trabaja fuera de casa pero después tiene otros roles. Y también está la que no elige ser madre, y me parece perfecto porque por el hecho de tener un útero no estás obligada a tener un hijo. Cada uno hace lo que siente. Yo quería tener un hijo y esperé lo más que pude. Lo fui postergando, y por eso tuve uno solo.–¿Cómo encontrás el humor en los temas, con qué mecanismos los volvés graciosos sin perder de vista la invitación a pensar?–Hace muchos años decidí tomar a todo el mundo como un personaje, empezando por mí. Entonces escribo de mí misma como un personaje. En los límites hay una mezcla de ficción y realidad, tomando distancia con mi propio dolor. En un mundo perfecto el humor no tendría razón para existir. Entonces para hacer humor hay que darle tiempo a la tragedia, como dice Woody Allen. Cuando tomas esa distancia emocional podes reírte de vos y de todos. –¿Coincidís en que el de madre es el amor más grande del mundo?–Sí absolutamente. No existe otra experiencia como la de la maternidad para vivir el amor. Que un ser humano crezca dentro de tu cuerpo, es una experiencia que no tiene parangón, ninguna otra se asemeja por más maravilloso que sea otro vínculo de amor, no hay nada como sentir que hay otro creciendo y alimentándose de tu propio cuerpo, es como un pedacito tuyo. Es un amor tan desinteresado desde el momento en que dejas que tu panza se llene de estrías, tus tetas se caigan como un panqueque... Mujeres de pie–¿Cómo ves el stand up como espacio cada vez más abierto a que las mujeres hagan humor?–Siempre me preguntan por qué hay tan pocas mujeres humoristas y creo que es porque a los hombres no les gusta. Se hizo una experiencia en una universidad de Estados Unidos y se les preguntó a los alumnos qué era lo que más temían del sexo opuesto. Las mujeres dijeron que a la violencia física, y los hombres a que se rieran de ellos. En ese sentido las mujeres venimos con las de perder.–¿Encontraste ventajas en decir cosas a través del humor? ¿Entra más fácil el mensaje?–No podría haber dicho ni una cuarta parte de lo que digo si no fuera con humor, afloja los esfínteres, hace que cualquier mensaje entre más aceitadamente. Por eso elegí este idioma del humor, es mi idioma.–Hacer humor para hacer decir, para explorar.–Es que el fundamento del humor es eso, para eso lo uso. Tiene la obligación de reflejarnos nuestra propia humanidad, la gente se ríe de sí misma en el espectáculo y al final nos damos cuenta de que por más diferentes que seamos, somos mujeres todas y en nuestro cuerpo pasa de todo, esto nos hace muy afines. Descubrí esto hace mucho tiempo y fue un salto cuántico. Descubrí que muchas angustias que tenía, cuestiones existenciales, eran cosas del género, eso me abrió una conexión muy especial, tenemos algo en común y la risa compartida es una meditación.–¿Qué materias pendientes quedan para las mujeres como género?–Muchísimas todavía. Recorrimos un largo camino pero esta dependencia con el cuerpo, con ser jóvenes y tener 14 años siempre, de seguir siendo un objeto sexual hasta el día en que te mueras es terrible, me parece una involución y no veo que haya un avance. Parece que las mujeres estamos demasiado enamoradas del lugar de objeto, no podemos largar eso.Algo sobre mi madre (todo sería demasiado)Unipersonal de humor de Gabriela Acher. Viernes a las 21 en la Sala Mayor de la Ciudad de las Artes. Entradas a $ 95 en boletería y sistema Autoentrada.SorteoVOS sortea entradas para que vayas a ver el unipersonal de Gabriela Acher. Anotate aquí.

