Temas del día:

Esas cosas del querer

La obra de Sandra Mangano que fue tesis de la licenciatura de teatro aporta madurez y desenfado al circuito teatral cordobés.

24 de noviembre de 2012 a las 12:00 a. m.
Beatriz Molinari
Esas cosas del querer

Los barrios son territorios a conquistar por el teatro independiente. Por eso resulta auspicioso que haya comenzado una movida de salas que se instalan lejos del microcentro. De eso se trata cuando en una cuadra arbolada de Alto Alberdi se distingue un portón: Espacio Tres51. Hay que andar por el patio de una casa de familia como tantas, hasta llegar al sector donde las enamoradas del muro crean el clima íntimo y extraño, al mismo tiempo: teatro en la noche del domingo, en la calle Félix Robin Ferreira. La puerta lateral de un galpón grande se abre. Alguien canta, es uno de los actores de Naranjas, psicodelias del amor, y el público entra.

La primera imagen fuerte es el racimo de cuerpos, de manos que exhiben naranjas. Las escenas van sumando sentidos, las formas del amor y el desamor; pasión y olvido, a través de unos personajes que no llegan a serlo. Más bien, son figuras que describen estados reconocibles, sencillamente y jugando con lo no dicho.

Una mujer (Natalia Moya) habla de su amante, de por qué tiene un amante. El humor se instala en el rostro inmutable de la actriz. La luz y un sillón entran en el cuadro. Después, una pareja (Yohanna Pereyra y Andrés Pérez) baila una coreografía que parece una cosa y es otra: quién corre a quién; ¿bailan realmente juntos? El amor se mueve como un deseo inalcanzable. Es lo que le pasa desde los ocho años al muchacho (Marcos García) que recuerda a su vecino, en la choza de la vereda. Aparece la mujer y su amante (Enrique Galvani) para urdir un chiste mostificante sobre el vestido y su cierre.

Las escenas en Naranjas se multiplican, se vuelven simultáneas, con mujeres que se visten o desvisten en distintos espacios de la escena. El espectáculo es muy dinámico, con la música como un artificio bien elegido.

Un hombre (Ganriel Pérez) escucha la canción en un grabador y la traduce. Sin transición, una mujer (Mónica García) dice, de cara a la luz y muy cerca del público: "Y yo me estuve acordando de él". Su monólogo, encantador por la expresividad, es un relato de Facebook, con más hipótesis que certezas.

La obra que dirigió Sandra Mangano tiene un sello que se va develando a lo largo de cada plano, bajo la luz que diseñó Guadalupe Guerrini. Oscar Rojo coordinó el trabajo que se percibe como un reencuentro con la estética del director fallecido meses atrás. Ahí está el manejo de la sensualidad y sus lenguajes, en el monólogo de la sexy (Yohanna Pereyra) en el sillón. Un hombre dice: "Te llevaría al cine"; una chica (Magalí Rodríguez) revuelve en un cofre mientras suena, \'el anillo que te truje nunca te lo vi ponido\'. Naranjas expresa lo efímero y esa condición como sostén y sentido. El grupo de actores canta, no abandona el espacio, se transforma y protagoniza una escena teatralmente hot en el sillón, con naranjas. Los desnudos y la sorpresa final generan alegría, por el riesgo y el sentido estético de la obra que pasa dejando una sonrisa amplia y generosa.

Naranjas, psicodelias del amorDramaturgia y dirección: Sandra Mangano. Domingo a las 21.30 en Espacio Tres51, Félix Robin Ferreira 2932, Bº Alto Alberdi. Tel: 156-348807 y 4-803650.