“El triunfo del tiempo y el desengaño”: cómo es la ópera barroca que engalana al teatro Real
Este fin de semana, el oratorio compuesto por Georg Händel a comienzos del siglo XVIII se presenta en Córdoba con una puesta en escena que actualiza el mensaje universal de la obra.
En un teatro Real a oscuras, hay gente que viene y que va mientras los instrumentos buscan la afinación precisa para poder sonar. Hay clima de tensión y expectativa, y esa carga emotiva tiene peso propio.
Es el primer ensayo con todo el elenco (músicos y cantantes) de El triunfo del tiempo y el desengaño, oratorio del alemán Georg Friedrich Händel, que, más de 300 años después de su composición original (está fechado en 1707), sostiene su impronta universal en una puesta en escena que hace uso de celulares, pantallas, proyecciones y otras bondades tecnológicas.
Con tres funciones programadas para este fin de semana, El triunfo del tiempo y el desengaño acerca la posibilidad de apreciar un tipo de espectáculo poco habitual. En este caso, además, la producción cuenta con la participación fundamental del ensamble cordobés Confluencia Barroca, grupo que por sí solo parece viajar en el tiempo a través de su música y de sus instrumentos.
De hecho, a este oratorio se lo presenta como una ópera barroca, pero en realidad no lo es. El director escénico Marcelo Lombardero lo explica con la sapiencia de alguien que ha dedicado su vida a lo que él mismo define como teatro musical. “Este es un tipo de espectáculo que se crea en Italia, sobre todo en Roma, en el siglo XVIII, en un momento en el que la ópera era considerada pecaminosa y de baja moral”, introduce quien fue barítono de trascendencia internacional y director artístico del teatro Colón.

“Se prohibían las representaciones teatrales y entonces se inventó este tipo de representaciones alegóricas, en una especie de concierto escenificado, para llevar adelante estos espectáculos”, amplía Lombardero.
“Esta obra, a la gente del siglo 21, nos permite pensar primero en cómo eran estos tópicos en aquellos tiempos, pero también ver en cómo desde el pasado podemos resignificar esos tópicos que son de la historia del hombre, de la humanidad, y verlos desde nuestro punto de vista”, suma el director.
Puesta en escena: obsesión por el detalle
Algunos días antes del estreno de este viernes, el ensamble de músicos y los cuatro personajes principales de la obra ponen a punto una producción que, tanto desde lo escénico como en su aspecto musical, confirma un trabajo artesanal en cada uno de sus aspectos. Más de dos meses de preparativos se condensan en las horas previas a que la magia suceda.
En la oscuridad de la platea, los comentarios del equipo de Lombardero se cuelan entre las melodías tocadas y cantadas. En un momento todo se para. Hay que volver atrás para repasar un fragmento que no colmó las expectativas. Y así sucesivamente. Antes de que sea todo esplendor y majestuosidad, el trabajo, la dedicación y la obsesión por cada detalle son los verdaderos protagonistas.

“Cada cosa que nosotros ponemos en el escenario es un signo escénico. Todo movimiento, luz, sonido, cualquier actitud de un artista, el púbico lo tiene que decodificar claramente. Por eso el trabajo es muy obsesivo, y en la ópera, a la complejidad del género teatral en sí se le agregan la rigurosidad y la belleza de la música”, especifica Lombardero.
Durante el ensayo, la presencia del director transmite rigurosidad y búsqueda de perfección. Cuando una palabra no es pronunciada como corresponde, la repite en voz alta. Camina los pasillos de la sala como quien se mueve con la naturalidad de un espacio habitado desde hace tiempo. El teatro parece suyo. Y cuando lo que sucede sobre el escenario se acerca a su punto de conformidad, Lombardero solfea con su mano con la delicadeza de una pluma atravesada por el aire.
Lo universal: la tecnología en diálogo con la tradición
“Quienes nos dedicamos a este género nos toca recrear personajes de otros siglos, pero lo que tiene de maravilloso la ópera es que siempre se actualiza”, dice a su turno la cantante lírica soprano Constanza Díaz Falú. La encargada de interpretar el personaje de La Belleza señala cómo esta puesta en escena contemporánea de El triunfo del tiempo y el desengaño conecta la obra original con el contexto hiperconectado en el que vivimos.
“En escena vas a ver a los músicos con instrumentos muy antiguos, propios del período barroco. Lo que se ve y se oye es muy fuerte. Combinado con tanta tecnología, se da una contraposición muy fuerte, pero además el mensaje de lo que está sucediendo es muy actual. Es una linda contradicción entre el pasado y el presente, pero pueden coexistir ambas cosas, lo antiguo y la tecnología, dando un mensaje universal”, apunta la artista.

“Para esto nos sirven los clásicos, que tienen esta virtud de perdurar en el tiempo”, suma Lombardero respecto de la vigencia de lo planteado más de tres siglos atrás.
“Un elemento importante de la obra es el espejo: cómo nos miramos, cómo nos aceptamos. Y hoy el espejo es la tecnología, y está en los medios electrónicos en los cuales nos miramos y nos mostramos”, plantea en relación con la decisión de usar elementos como teléfonos celulares o pantallas para actualizar el discurso original del texto.
Trabajo en equipo
“Lo lindo es cuando llega el momento en que nos reunimos todos. Porque empieza siendo algo muy individual, para nosotros los cantantes sobre todo”, explica Díaz Falú sobre la preparación de una obra que tiene más de un año de desarrollo creativo desde que Marcela Reartes, exdirectora del Teatro del Libertador y clavista de Confluencia Barroca, le planteó el proyecto a Lombardero.
En ese sentido, la cantante subraya la dificultad que implica adaptarse a lo planteado por la música de la obra: “Requiere un entrenamiento puntual, de determinadas coloraturas. Tenés que entrar en el mundo de ese compositor, sumergirte en lo musical y también en cómo decir el texto”.

Luego de ensayos más pequeños, que distinguen entre lo musical y lo escénico, es tiempo de generar el ensamble entre las diferentes partes. En las últimas semanas previas al estreno, aproximadamente 50 personas (entre artistas, maquilladores, vestuaristas, técnicos y gestores) confluyen en las instalaciones del teatro Real. Allí, los preparativos empiezan a hacerse cada vez más grandes hasta incluir a todo el elenco. Mientras se acerca el día del estreno, el ritmo se vuelve más intenso, con dos ensayos diarios y varias horas de repaso exhaustivo. Al detalle.
“Ahí ves el trabajo de un equipo enorme que monta todo esto que no es solamente lo que se ve. El público se sienta, visualiza y escucha con todo ya armado, cuando ya transcurrió todo este trabajo técnico, pero es muy lindo compartir esa intensidad y llegar a este momento en el que estamos todos juntos trabajando con un objetivo en común”, señala. Y además, suma un detalle fundamental: nada de lo que se escucha en la versión final de la obra (a excepción de una réplica de un órgano) es amplificado. Todo a pulmón, en definitiva.
En Córdoba y en el teatro “perfecto”
Tanto Díaz Falú como Lombardero enfatizan la calidad humana y profesional que hay detrás de este proyecto. “Ha sido todo de un profesionalismo muy placentero. Cómo se trabaja, la energía que hay en general. Es muy lindo poder venir a hacer una música que no es fácil en este contexto”, dice la cantante salteña formada en el teatro Colón, pero con pasado de estudios musicales en La Colmena.
A su vez, el director, quien junto con su equipo realizará únicamente esta puesta en escena a nivel nacional durante 2022, destaca la posibilidad de presentar este espectáculo en un escenario como el del teatro Real. “Es ideal para la interpretación de este tipo de música y de teatro. En un teatro más grande, el nivel de detalle y de sonido no sería el mismo. El Real reúne las condiciones perfectas para apreciar este tipo de espectáculo”.

“Estoy muy feliz de estar haciendo esto aquí, entre amigos y entre grandes artistas, especialistas en este repertorio que es muy difícil. Antes que toda la parafernalia de la puesta en escena, están la música y el canto, y eso está servido de una manera impecable”, completa Lombardero.
“Son todas las artes reunidas”, resume Díaz Falú sobre lo que implica un proyecto estético de este tipo. “Siempre de alguna forma te llega. La ópera es muy actual. A veces hay una idea de que es para una clase social determinada, y en realidad no. Es muy universal, por eso invito a la gente, al público más joven, a que se anime a vivir esta experiencia”, cierra la cantante.

Para ir
El triunfo del tiempo y el desengaño se presenta viernes 26 y sábado 27 a las 21 y domingo 28 a las 20 en el teatro Real (San Jerónimo 66). Entradas, entre $ 2.000 y $ 2.500, disponibles en sistema Autoentrada o en boletería del teatro.
Cantantes: Constanza Díaz Falú (La Belleza); Alejandra Tortosa (El Placer); Flavio Oliver (El Desengaño); Mario Martínez (El Tiempo). Ensamble musical: Confluencia Barroca. Dirección musical, clave y órgano: Federico Ciancio. Director de escena: Marcelo Lombardero. Bailarines: Germán Massimino, Paula Miranda y Tomás Sanabria. Diseño de iluminación: Rafael Rodríguez y Marcelo Lombardero. Diseño de vestuario: Carolina Figueroa y Guillermo Petrone. Diseño de escenografía y video: Matías Otálora. Asistente de dirección y coreógrafo: Ignacio González Cano. Stage manager: Fara Korsunsky. Asistente de producción: Jota Figueroa. Producción general: Mateo Massanet.

