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El mundo grita ¡hip hop!

Louis Medina y la Compañía Elements ofrecieron "Salvemos el planeta", un espectáculo excelente de hip hop multimedia para el cierre de La Menage.

23 de agosto de 2010 a las 04:04 p. m.
El mundo grita ¡hip hop!

A tono con la primavera anticipada, el domingo por la noche el Teatro Real fue colmado por jóvenes seguidores del hip hop. Con el espectáculo Salvemos el planeta, Louis Medina y su Compañía Elements cerraron La Menage, festival de nuevas tendencias, dedicado a las artes del movimiento.

Lo que comenzó años atrás en el hall del Real, con exhibiciones y presentaciones breves, previas a la programación, fue ganando espacio y entusiasmo. Ocurrió por la fuerza propia de un arte que tiene especialistas y primeras figuras (como Medina) y la generosidad del programador de La Menage, Marcelo Massa, que ya entonces los vio venir y les abrió las puertas del festival.

Salvemos el planeta está dedicado a los espectadores nacidos en la era de la imagen. La pantalla es una presencia constante durante el espectáculo en el que los documentales van describiendo un panorama global apocalíptico pero realista. Los bailarines expresan la atmósfera y el impacto de esos mensajes en el cuerpo individual y social. La basura, la guerra, el racismo, la violencia contra la mujer, las adicciones, los peligros al volante, el calentamiento global aparecen en imágenes tomadas de la televisión de varios países, momentos que intentan quebrar la indiferencia. Si bien el material es muy bueno, lo más potente es la performance de la compañía.

El entrenamiento del hip hop implica destreza, resistencia, plasticidad acrobática. En el espectáculo de Medina esos atributos son puestos al servicio de una expresividad que contagia ritmo, actitud y alegría.

Salvemos el planeta se ofrece como un consejo a compartir. Los problemas de este tiempo están contados desde el vértigo de la imagen, con registros al estilo Animal Planet; postales de las guerras en el desierto; los dictadores del siglo XX; los rostros de la pobreza y la violencia imparable. El discurso se vuelve contundente gracias a la danza y la platea aplaude los gestos de libertad, empatía necesaria para el estilo que nació en la calle. Los códigos pasan al escenario con la estilización bien pensada por Medina. El director ha logrado cohesionar lo visual con una edición de sonido que establece su propia poética. Balaceras, explosiones, derrumbes, choques, chirridos, ruidos mecánicos de las maquinarias entran en el paisaje sonoro que Elements recicla para zamarrear al mundo. El espectáculo merece volver a escena para un público cada día más amplio.