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El documento de una vida

El actor y autor uruguayo Iván Solarich presenta El Vuelo, narración escénica en el límite de la no ficción. Sábado y domingo en el Teatro Real.

18 de marzo de 2015 a las 11:07 a. m.
El documento de una vida

El Día Nacional de la Memoria, por la verdad y la justicia encuentra eco en los escenarios. El Teatro Real programó El Vuelo, obra interpretada por el actor y autor uruguayo Iván Solarich, con dirección de María Dodera. Luego se presentará en varios teatros de la provincia.

La vida de Solarich no cabe en una obra de teatro. Aun así, El Vuelo es teatro documental, desahogo y salvación. Vía correo electrónico, el actor contó cómo es la obra que se verá sábado y domingo en el Real.

- ¿De qué fuentes se vale para crear la obra documental? ¿Hay elementos autobiográficos?- Cuando hay vida vivida, creo que la propia memoria es la gran aportadora. Existen muchísimos elementos autobiográficos (materia en la que vengo trabajando desde hace siete años y tres espectáculos), tratando naturalmente de elegir sobre el campo de mis sensibles intereses, de mis obsesiones. Provengo además de una familia políticamente muy comprometida, de esencia comunista. Me crié en Cuba mientras mi padre trabajaba con el Che en el Ministerio de Industria. Comencé a militar activamente desde muy chico. Durante la dictadura estuvimos todos presos, y como consecuencia, mi Padre y mi hermano murieron gravemente enfermos. Caí detenido a los 15 y a los 16 años fui procesado por la Justicia Militar. Estuve casi un año preso y un coma hepático me salvó de continuar detenido, pues me moría y por muy dictadura que fuera, el Juez prefirió no pagar ese precio. Me curé luego de seis meses en cama y más tarde el teatro me salvó, dándole forma y contenido a mi vida. Por eso siempre digo que el teatro "es lo más", porque salva y sana a quienes lo hacen (o así debiera ser), y nos salva y sana como espectadores porque nos hace vivenciar y comprender lo que muchas veces en la vida nos enmaraña y perturba. Claro, me refiero al encuentro con el Arte, con el arte teatral antiguo y viejo como el mundo. No a la industria del entretenimiento.

El Vuelo es una narración escénica. Es el hombre repasando y repensándose todo el tiempo, a 11 mil metros de altura, sin banderas, sin Patria, en un frágil tubo que se desplaza a mil kilómetros por hora y donde un destino común nos iguala. "Es la absoluta subjetividad del protagonista de la historia, porque refiere a su propia vida, pero en la certeza de que las preguntas medulares por las que atravesamos en la vida, siguen siendo -casi- las mismas preguntas para todos".

- ¿Cómo nace la idea de la obra?- Durante un viaje realizado a Seúl para participar del Mercado de las Artes. Lo hacía como Director Artístico del Festival Internacional de Artes Escénicas de Uruguay (Fidae). Durante ese largo viaje de 36 horas que une la mayor distancia que existe en la Tierra, voy experimentando la sensación de viajar hacia la luz -porque nunca anochecía-, y de estar entrando al día sábado mientras mis seres queridos seguían viviendo el viernes. Esa experiencia dictada al mismo tiempo por la realidad y la convención del uso horario, desplegó en mí a la velocidad que funciona el cerebro humano, una enorme cantidad de información sobre diversos acontecimientos de mi propia vida. Reflexiones a modo de síntesis temáticas y de balances sobre muy diversos ítems: el amor, la política, los sueños, la necesidad de tomar decisiones y un fuerte imperativo de autenticidad. Escribí algunas carillas que envié a María Dodera -mi directora- apenas llegué a Seúl, con la que supuestamente íbamos a emprender otro proyecto. Aceptó de inmediato y quedamos en comenzar el proceso de improvisaciones y escritura en escena, apenas llegara a Montevideo.

- ¿Qué le pidió la directora?- Improvisar, dejando fluir el inconsciente. Las asociaciones, al principio de apariencia arbitrarias, fueron enlazándose porque estaba garantizado el "contenedor", el cuerpo del actor que podía hacer el resumen orgánico, porque en definitiva lo asociado le pertenecía. Luego, lo común a toda factura teatral: lograr el entretenimiento, los ritmos, los contrastes, la belleza. En este sentido María estructuró la acción sobre dos pilares fundamentales: un diseño original, sencillo y claro de la disposición escénica, de la relación público-actor, que terminó siendo la verdadera escenografía de la obra; y un concepto de la música en vivo, fiel partener del actor.

- ¿Cuál es la respuesta del público? - El Vuelo nació viajando, valga la redundancia. Se preestrenó en el Festival de Formosa para luego estrenarlo en el Festival de La Habana. Después de una gira por Cuba, siguió España, Portugal, México, Perú, y recientemente Dinamarca, Suecia y Noruega. Y en el medio, Uruguay. Es un espectáculo directo, que apela a la cercanía física y espiritual. A no mentir y compartir. Casi como un no teatro que termina siendo muy teatral a pesar suyo por el propio ritual de compartir tiempo y espacio. Y siempre he sentido una enorme comunión con el (los) público (s), porque en definitiva y más allá de lo estrictamente anecdótico, son temas universales y que trascienden a todas las culturas, aunque cada cultura lo lea de modo diverso. Yo creo que a la gente no solo no hay que subestimarla, sino que hay que exigirle, exigirle atención, exigirle compromiso. Pero debemos como actores para eso dar la vida, jugarnos el alma en cada palabra y en cada acción, demostrar que no hay especulación. Si no, ¿qué otra cosa podríamos hacer en un mundo lleno de tanta (sobre) actuación dentro y fuera de los teatros, de tanta hipocresía?

- ¿El olvido se vuelve una amenaza cada vez mayor?- El olvido es una desgracia porque borronea las aristas de lo que sos. No venimos de un repollo. Nos parieron personas que pertenecieron a una circunstancia que en esencia nos explica. Yo no sería el que soy ni siento lo que siento, si no me entendiera en mi propia peripecia de vida. Si revisar tu día a día, tu pasado, es lo que te permite ser mejor, superarte, ¿Por qué no sería idéntico para el cuerpo social, para la sociedad toda? No se trata de revolver el pasado por un simple ejercicio. Se trata de barrer la habitación para poder transitarla con higiene. Lo que barres debajo de la alfombra no desaparece, solo se esconde debajo de ella, permanece hasta que alguien algún día la levanta... y se sorprende o se espanta con la mugre. Con las sociedades es igual. Siempre la verdad te hace más libre.

Autor: Iván Solarich. Dirección: María Dodera. Actuación: Iván Solarich. Sábado a las 21.30 y domingo a las 20 en la Sala Azucena Carmona del Teatro Real. Entrada general: . Se presentará también en: Colonia Caroya, el lunes a las 21.30 en la Casa de la Historia y de la Cultura del Bicentenario. El martes a las 21, en el Teatro Franz de General Roca, y el jueves a las 21.30, en Alta Gracia, en Solares Espacio Cultural.