Cuerpos inquietos
La cartelera cordobesa de los sábados incluye dos propuestas de teatro danza: "Invisible" y "Noviembre". Los hacedores Adrián Ferreyra y Adrián Andrada cuentan de qué se trata.
Como decía Pina Bauch, "una caricia puede ser contada". Así sintetiza Adrian Andrada su fascinación ante las infinitas capacidades expresivas de la danza. Blick, el grupo que este joven director comanda, se propuso escenificar desde el movimiento poético de los cuerpos las zonas menos privilegiadas de la realidad contemporánea. "A veces en las ciudades suceden cosas que te producen un quiebre en tu propia rutina, en el paisaje cotidiano, y eso nos sucedía con cada postal que aparece en las plazas, en alguna esquina peatonal o avenida de barrio donde la pobreza y la indigencia se transparenta de modo cruel. Una pobreza perturbadora y compleja pero contradictoriamente simple, bella y feliz."La observación de un grupo de linyeras, que vivían en las inmediaciones del prometido e interrumpido Museo Nacional de Bellas Artes, disparó la creatividad del grupo Blick, que vuelve al ruedo con una propuesta más narrativa que las anteriores. "Noviembre habla de la indigencia, de la mugre, del hambre, del no lugar, pero no quiere ser un informe sobre la pobreza sino un giro poético que parte desde ese universo para transmutarse en el lenguaje de la danza-teatro", explica Andrada. Aunque la marginalidad y la pobreza son los ejes conceptuales de la puesta, Blick se despega del realismo para generar un universo ficticio: "Buscamos hablar de las personas, de lo que somos, de cómo vivimos. Pero creemos que el teatro o la danza deben crear un mundo poético distinto al real. Estamos seguros que construimos ficción, eso es lo que queremos y entonces hay un vestuario, hay una puesta de luces, hay escenografía, una música y coreografías puesto en función de eso". Las composiciones originales de Agustín Albrieu (que esta vez le restó protagonismo a las bases electrónicas para buscar un sonido más fílmico) y la escenografía esmerada (cosa no habitual en las despojadas propuestas del teatro danza) son dos de los rasgos característicos de la estética de Noviembre.Adrián invita a los espectadores no especializados a mover la mirada siguiendo los trazos narrativos de cuatro cuerpos en el trance del movimiento: "Si es más teatro que danza o viceversa, si es más o menos experimental (y esas cosas que por ahí decimos entre hacedores), no nos interesa porque no queremos hacer teatro sólo para los teatreros. Nos encanta que el espectador \'común\' salga emocionado, conmovido y modificado. Nos gusta pensar en el cine como el extremo de la ficción y al igual que el cine poder contar una vida en una hora. Noviembre es eso: un recorte poético, una construcción, un instante de color, una suspensión en el tiempo".Baile de chicas. También los sábados, la sala Documenta/Escénicas se deja invadir por 15 mujeres expertas en danza contemporánea. Invisible es el resultado del proyecto Cappeb (Curso anual de perfeccionamiento y práctica escénica para bailarines) impulsado por la escuela Danza Viva. "El objetivo fue ofrecer a los bailarines la posibilidad de experimentar procesos completos. El curso responde a la necesidad de muchos bailarines que, habiendo agenciado muchísima técnica, no tienen la posibilidad de obtener experiencia en el oficio escénico", cuenta el coreógrafo Adrián Ferreyra, encargado de marcar las partituras de movimiento a una quincena de mujeres seleccionadas por un proceso de audición. El hecho de que el grupo esté íntegramente conformado por mujeres motivó la indagación sobre el género: "Es interesante observar que muchos espectáculos en Córdoba, casi simultáneamente, están planteando problemas de género. En Invisible, si bien nos asesoramos con lecturas de autoras de género (como Buttler o Preciado), filosofía, psicoanálisis, etc., lo interesante del proceso fue que las bailarinas, a través de la danza plantearan la singularidad de la cuestión: no se habla de \'la\' mujer, sino de \'las\' mujeres, y la posibilidad de varios \'femeninos\'. Lo femenino, y más precisamente, la mujer es un problema de construcción histórica".Lo invisible tiene que ver con esa energía femenina que no se puede definir de una vez y para siempre, que se puede sentir pero no entender del todo. Así lo explica Ferreyra: "¿En qué consiste el \'ser\' de lo femenino? No podemos ponerlo en palabras, apenas si podemos señalarlo: eso que (me) pasó ahí, en ese momento. Como cuando encontré en la sala en la que doy clases un hermoso invisible para el pelo que me hizo pensar: esto es de la patria de lo femenino".En su intento por decodificar lo femenino George Bataille vislumbró un imperativo social "una mujer es bella en tanto se aleja de la apariencia animal". El grupo se inspiró en esa sentencia y apoyó en la animalidad como pauta estética: "No se trata de representar animales, ni de explorarlos. Los cuerpos ya son nuestra parte de animal. Y esto se relaciona con la erótica de la escena: un cuerpo que se presenta a otro y produce efectos intensivos. Podemos ver desnudez a través de una pantalla, pero un cuerpo desnudo presente produce efectos realmente fuertes. Uno no sale ileso en presencia de un cuerpo desnudo".Desnudos o enfundados en bellos atuendos negros, el protagonismo de la obra recae en los cuerpos: "La puesta en escena es altamente minimalista a fin de poner en primer plano los cuerpos de las bailarinas, como si fueran pequeños tildes dentro de la oscuridad, apenas matices del espacio vacío. Invisible no es un relato, no es un cuento, no tiene un mensaje que entender o lógica que decodificar. Es más bien un paisaje. La obra celebra el encuentro de los espectadores con las bailarinas, la posibilidad de generar infinidad de sentidos con ese encuentro".

