Temas del día:

Arnaldo André: “Dirigir me llena muchísimo”

Arnaldo André protagoniza y también dirige la obra “Intimidad indecente”, junto a Marta González. En el teatro Real.

27 de febrero de 2016 a las 05:28 p. m.
José Playo
Arnaldo André: “Dirigir me llena muchísimo”
“Si tuviera que elegir una cosa para dedicarme para siempre, sería la dirección”, confiesa Arnaldo André.

Un par de décadas atrás, en la televisión argentina estaban vigentes algunos códigos contradictorios en horario de protección al menor. Ocurrían entonces fenómenos particulares en las telenovelas de aquel entonces: un galán como Arnaldo André no podía decir "boludo" al aire sin que el Comfer multara al canal, pero tranquilamente le podía acomodar un cachetazo a la protagonista femenina si el guion lo requería y a nadie, salvo a la protagonista, se le movía un pelo. Los tiempos cambiaron y el sentido común le ganó la pulseada a la violencia, y finalmente alguien decidió (con buen tino) que esas escenas se eliminaran. En tiempos de concientización y reclamos de Ni una menos, la ficción televisiva pasó de siglo deshaciéndose de estereotipos y apelando a nuevos modelos.

Hoy Arnaldo André está lejos de aquél galán rancio, pero no ha perdido la vigencia como actor y sigue siendo, de la camada de actores de su generación, un referente. En su paso por Córdoba para presentar la obra Intimidad indecente (se podrá ver mañana en la sala Carlos Giménez del Teatro Real), repasa su historia y reflexiona sobre su carrera.

Cambio de hábito

¿Cómo hizo alguien con una impronta tan marcada para no quedarse en ese estereotipo? La incógnita para André se puede despejar desde dos lugares con simpleza: “El actor tiene dos necesidades: una es la de la pasión por el trabajo –explica–, necesita estar en movimiento, su motor es la mente. La otra es la económica, necesita comer, necesita vivir. Ese es un tema que no tiene una manera particular de superarlo. Lo que tiene que ver con la pasión es lo que hay que dosificar, hay que saber cuándo decir no; yo supe decir muchas veces que no, porque no me satisfizo la calidad, eso hace que el público me vea sólo en cosas bien hechas”, resume.

Esa idea parece acompañarlo desde sus inicios y está sobre su carrera iluminándole el camino como un faro.

–¿Ese es el secreto?

–Creo que ese es el resultado por el cual uno puede estar vigente y que te llamen y te convoquen. Yo he tenido la suerte incluso de que me hayan convocado a proyectos infantiles, así que creo que es un poco de suerte, saber dosificar la pasión por el trabajo y haber sabido administrarme.

–Tanta movida de prensa, ¿no hace pesado para llevar adelante proyectos como los de la obra de teatro, con todo lo que implica?

–Con los años, con el amor que tengo por esta profesión, no significa ningún esfuerzo, en todo momento tiene muchas satisfacciones. Hablar de los proyectos tiene que ver con el amor con lo que hacemos, para muchos no es trabajo, es la vida, es estar vivos.

–En la obra, además de actuar, también dirigís...

–Dirigir una obra o una película me llena muchísimo. Amo la dirección, si tuviera que elegir una cosa para dedicarme para siempre sería la dirección. Lo disfruto todas las noches en el escenario, porque me doy cuenta de que estamos haciendo algo bien hecho, algo serio, responsable y profesional. Y siento que soy feliz arriba del escenario como actor y también como director.

–Hay diferencias que son obvias entre el teatro y el cine o la televisión, ¿cuáles son las que encontrás vos?

–El cine y el teatro te llenan mucho la parte creativa. Además, ocurre en el teatro que están los espectadores que salieron de sus casas y están pendientes de lo que vos les vas a entregar, eso es maravilloso. Cuando uno está detrás de escena y escucha ese murmullo mágico de esa gente esperando que uno salga, eso no tiene comparación con ninguna otra disciplina; si a eso le sumás que amás lo que estás haciendo, no tiene precio.

–Tu personaje revisa su situación sentimental. Se sincera en su machismo, tiene una crisis de edad que impacta en su relación con Marta González, tu pareja de ficción, ¿ese es el éxito que genera empatía con los espectadores?

–Es todo eso, porque se trata de un aprendizaje a través de la vida para cualquier edad, se dicen cosas ciertas, cosas reales, de una manera cotidiana, simple, como se habla en una pareja. Y ahí es donde la gente se acerca más y encuentra qué pasa cuando una relación que lleva años, cuando hay cariño y hay amor, de pronto descubre que desaparece la pasión.

Sobre esa primera alerta, tan cotidiana como sorprendente, comienza a girar la historia. Intimidad indecente dispara con esa pregunta: ya no hay pasión, y ahora, ¿qué hacemos? ¿Seguimos? ¿Nos separamos? No hay mucho tiempo para pensar. La obra empezó.