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Anita Martínez, a rodar la vida: la actriz pasó por las sierras con su proyecto de teatro solidario

La actriz pasó por las sierras con su proyecto de teatro solidario: a bordo de una casilla rodante, con su hijo y su perro. Cómo fue el viaje y cómo sigue.

26 de julio de 2015 a las 01:40 p. m.
Carina Mongi (corresponsalía)
Anita Martínez, a rodar la vida: la actriz pasó por las sierras con su proyecto de teatro solidario
La actriz pasó por Villa Rumipal y aseguró que regresa en septiembre/ Fotografía La Voz del Interior.

Cae la noche en Pumakawa (ex El Edén), la reserva de animales de Villa Rumipal, y el frío aprieta. Un grupo de personas está expectante, debajo de un espinillo, con camperas gruesas y gorros de lana. Mientras, de un habitáculo, van saliendo tres lechuzas de los campanarios. Llegaron cuando apenas tenían dos meses de vida, indefensas y sin "mamá". Crecieron bajo el ala de los responsables de la reserva, que los alimentaron con carne de pollo con calcio. De otra manera, no hubieran sobrevivido. Los pichones fueron decomisados luego de que un hombre los robara del nido para venderlos. Tras un proceso de cuatro meses ya están listos para protagonizar su propio vuelo, en libertad.

Anita Martínez (40) y su hijo Lorenzo (6) observan atentamente. Son unos más en el público. La conocida actriz dispara su cámara, para atesorar el último minuto de una experiencia de vida diferente. A un costado, está listo su automóvil y su casilla rodante, a punto de desandar los más de 700 kilómetros de regreso hacia otro mundo, en Buenos Aires.

Con escenografía, trajes y su talento a cuestas, salió a rodar. En la reserva de Rumipal hizo teatro para niños, repasando canciones de María Elena Walsh. Su arte tuvo esta vez un fin solidario: todo lo recaudado se destinó al emprendimiento que, a pulmón, se ocupa de recuperar animales (los pumas son su emblema) y preservar lo poquito de monte serrano que queda en pie.

Anita parte al volante, con Leo de copiloto. Detrás, Lorenzo, en su sillita. Y a su lado, reforzado con cinturón, Cori, la perra galgo que también fue parte de la expedición. Los cuatro compartieron también las noches en la casilla. Así, Anita dejó un día, de golpe y por su voluntad, el furor televisivo del Bailando por un sueño y se subió a la casa rodante rumbo a las sierras.

"Divino, espectacular, todo genial, impecable". A la dúctil comediante no le alcanzan los calificativos para describir estos dos días de naturaleza pura. "Me imaginaba que iba a ser así, me parecía que estaba buenísimo venir, lo hablé con el nene y le dije vamos, volvámonos locos", recordó.

Aseguró que de Rumipal se llevaba mucho más de lo que dejó. "Ahora parece distinto, pero siempre me gustó esto de ir viajando y poder conocer lugares nuevos y ayudar, este fue un lindo momento compartido. Ahí están todos los títeres que hicimos con los chicos", dijo y señaló una mesita en la que quedaron los muñecos que confeccionó junto a los niños, con cajas de leche, tapas plásticas y papeles de colores.

Luego de un año de máxima exposición mediática, incluso tras ganar el concurso de ShowMatch, decidió renunciar al ciclo. Y se apareció por las Sierras.

"Habíamos hecho una cosa hermosa el año pasado y valía la pena respetarla. Estoy feliz de la decisión que tomé y agradecida por todo lo que me dieron. Creo que este también es un hecho de agradecimiento", reflexionó.

Un tiempo que no se recupera

Sin tele e inclinada a su actividad teatral, también aprovecha para potenciar las horas compartidas con su hijo Lorenzo, que asiste a primer grado. "Es un tiempo que no se recupera, los chicos crecen muy rápido, todo pasa tan volando y no me quiero perder estos años, que son los que apuntalan todo el trabajo de toda la vida, aprender a leer y escribir, acompañarlos en la lectura, enseñarles cosas de la naturaleza, es muy importante y más en esta época donde pasan tantas cosas, y hay tanto quilombo en los colegios, y los chicos a veces están agresivos, y con los chicos hay que estar", aseguró.

Además de hacer teatro en Pumakawa, Anita recorrió el monte, sacó cientos de fotos a los animales, amasó pan, cocinó al horno de leña, y hasta acompañó a Kai Pacha y Marcela, las encargadas de la reserva, a faenar una vaca. Y prometió volver con su "casita" a cuestas en septiembre, para hacer teatro para adultos.