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Analía Juan: "Córdoba se jacta de sus personajes más brutos"

Coprotagonista de "Las tres hermanas", el éxito del teatro cordobés de esta temporada, Analía Juan analiza el momento que se vive en Córdoba. La obra sigue en cartel durante septiembre y octubre.

13 de septiembre de 2013 a las 12:02 a. m.
Daniel Santos
Analía Juan: "Córdoba se jacta de sus personajes más brutos"
Analía Juan es una de las actriz de 'Las tres hermanas' (fotografía Ramiro Pereyra).

José Luis Arce, uno de los grandes directores del teatro cordobés, aseguró después de ver Las tres hermanas que Analía Juan es "la mejor actriz argentina". Ella se ruboriza cuando se lo recuerdan, dice que le produce un poco de vergüenza, aunque también orgullo y agradecimiento, pero rápidamente busca salir de esa encrucijada. David Piccoto, que la dirige en esta adaptación del clásico de Anton Chéjov (seguirá en cartel mañana y el 28 de septiembre en DocumentA y todo octubre en Alquimia), también tiene puros elogios para ella: "Tiene disciplina, manejo de energía, es minuciosa, exigente y propone. Hoy se la ve madura y segura en escena".

En una carrera de 20 años en la actuación, Analía cuenta con los dedos de una sola mano las veces que tuvo la oportunidad de subirse a escenarios oficiales de la provincia (una en el Teatro Real, una en la sala chiquita del Libertador, una en el Comedia durante las "100 horas de teatro", nunca en la Ciudad de las Artes), pero aunque tiene sus críticas para la gestión eso no le impidió contar con una trayectoria que incluye mucho teatro independiente y cine.

Analía también protagoniza Griegos, una suerte de hit teatral cordobés que está a punto de cumplir seis años en cartel y lleva más de 110 funciones. Daniela Martín, directora de Griegos y amiga, la define como "un terremoto; una actriz de una precisión increíble, y que en la búsqueda de esa precisión despliega un ingenio y una poética de una singularidad tremenda. Tiene el don de saber encontrar el momento para ingresar y para desaparecer de escena. Me gusta decir que está loca, creo que está loca, pero porque su locura siempre la lleva un poco más allá de ella misma y de sus logros como actriz".

Fuera de escena no parece un terremoto, pero sí deja ver esa mezcla sutil de locura y precisión de la que habla Martín con admiración. Analía se reconoce pasional; dice que detesta la solemnidad del teatro; asegura que cuando tiene prejuicios con un teatro más comercial trata de luchar contra ellos; es crítica de algunas ideas que nacen desde la universidad; ve una evolución en estas décadas en el teatro independiente y sueña que todavía se puede crecer más.

"Se ve otro público en las salas. No está bueno hacer teatro sólo para teatreros. Tanto con Griegos como con Las tres hermanas se ve gente muy distinta, que muchas veces no entendemos cómo se enteraron. Nos asomamos y vemos un montón de cabezas blancas. ¡El teatro siempre juntó a estudiantes de la facu!", asegura.

En la obra, Analía se saca chispas con las otras dos hermanas (Alicia Visani y Estefanía Moyano) y el resto del elenco, en una de las mejores piezas teatrales de los últimos años. "Hacer Chéjov es importante; difícil también, porque viene con toda la carga de un clásico. Por un lado a mí me seducen las obras clásicas, pero al mismo tiempo me da miedo porque se pueden hacer de un modo muy solemne... y yo odio el teatro solemne, ese teatro medio recitado, como si fuera para \'gente culta\'. No me gusta".

En el juego que propone el director Piccotto y todo el elenco en escena logran ese cometido, con una obra de enorme comicidad y con muchísimos recursos efectivos a pesar de un trasfondo que habla de la frustración. "Están los personajes en el interior de Rusia mirando siempre a Moscú como si fuera un lugar más importante. Quisieran estar allí, pero tampoco van; entonces hay una mezcla de deseos que son raros porque no hacen nada; están en el lugar de la queja permanente, de que todo ese pueblo es de gente bruta y que ahí no se puede crecer... pero no me se van porque es más cómodo quejarse", completa.

–¿Eso pasa en Córdoba en el ambiente artístico?

–Sí. En el interior en general, al menos lo que conozco, hay mucha mirada a Buenos Aires. En el arte se cree que allá está lo mejor. Es cierto que es la puerta al mundo, pero si nos ponemos objetivos, comparando lo que se hace allá, e incluso en otros países, estamos muy bien parados. En el resto, sobre Córdoba sí coincido con algo que escribió Luciano DelPrato hace unos días. Hay muchas riquezas y posibilidades, pero Córdoba se jacta de sus personajes más brutos. Jactarse de los que hablan mal no necesariamente va linkeado a lo popular. Hay cosas muy populares, pero elegimos la parte más torpe.

–¿Es impensable pensar "Las tres hermanas" en el Teatro Real?

–Esa obra está pensada para el Real. Es un problema hacerla en algunas salas independientes, porque necesita un escenario con una boca ancha y debe haber una distancia con el espectador para que pueda disfrutar de la proyección. La pantalla tiene las dimensiones del Real porque soñamos que lo íbamos a lograr.

–¿Y no llegaron?

–No me abrieron ni la puerta, no llegué ni al director. Y bueno, en un momento dejás de insistir. Es raro ver cómo funciona, porque después la ves a Nancy Duplaá ahí. ¡Ellos tienen una estructura que los puede sostener, una estructura comercial! Este teatro se está pagando con fondos del Estado y es para otra cosa. Vos hacés una obra con entradas a $ 200, $ 300, y no devolvés nada a la gente que está pagando para que se sostenga el teatro. Ojo, me parece fantástico que haya teatro comercial, no pasa por ahí.

Maestra mayor de obras

Analía abre sus enormes ojos cuando recuerda que al principio quería venir a Córdoba, desde Paraná, para estudiar Arquitectura, una carrera que uniría su pasión por lo artístico y por las matemáticas. Había hecho un taller de teatro, pero ni sabía que el teatro se estudiaba en una facultad. "Para mí era un juego, no pensé que era una profesión", dice, entre risas, recordando aquellos años en que hacía cursos de diseño o trigonometría. "Cuando me mostraron el plan de estudios, todo me parecía genial... después lo critiqué mucho en la carrera, pero en ese momento me gustó todo", dice. Y así, en una decisión impulsiva como las que no suele tomar, empezó a vivir su trabajo de actriz.

–¿Vivís del teatro?

–Sí, y me sorprendió. Cuando elegí la carrera estaba segura de que estaba haciendo una elección medio romántica, del tipo "renuncio a esta vida, trabajaré en un súper o en un negocio y con lo que gane de día, de noche haré teatro". Pero nunca trabajé de otra cosa, y siempre tuve trabajo relacionado con esto: dando clases, en teatro, haciendo películas.

Analía dice que desde 1995 para acá han cambiado las cosas. "Las entradas valían dos pesos, y nuestro sueño en la facu era pensar que algún día estaría bueno que cuesten como las del cine. Parecía lejano, pero hoy funciona. Incluso hay público, se ve gente en las salas y hay muchísimo para ver".

Aunque dice que ya no está tan romántica como antes y que piensa más que en sueños a futuro en el ahora, sí desliza: "Griegos queremos hacerla hasta cuando estemos en silla de ruedas".

Mientras espera que crezca la industria audiovisual local ("Hubo como un amague, pero ahí quedó"), recuerda su trabajo en Ana y los otros, El fin de la espera e Hipólito para la pantalla grande. Y mientras tanto trabaja a full con proyectos que en general son de autogestión, con grupos con los que siente afinidad y deseos de emprender algo.

–¿Harías algo por plata pero que no te de satisfacción profesional?

–Por plata trabajo. Es una idea muy inculcada desde la universidad con la que yo peleo: parece que estuviera mal cobrar, que fuera poco artístico. En el afán por apoyar al teatro independiente desmerecemos otro tipo de teatro: de clown no se habla, de teatro comercial no se habla, y está bueno que haya. Si somos técnicos egresados, tenemos que poder ir al Orfeo y no solamente trabajar en La Luna. Hay que enseñarle a los jóvenes a cobrar. Mucho tiempo te da vergüenza, y es la única forma en que uno crezca.

Analía Juan también cuestiona muchas de las incomprensibles políticas culturales cordobesas; sueña con que aquí se desarrolle una industria teatral más comercial que no pierda la calidad; y que se difunda el trabajo local ("Me encantaría que el teatro independiente tenga gigantografías como el resto de las cosas que se promocionan", dice). Igual, con dificultades y mucho esfuerzo, sabe que ella también es parte de ese cambio soñado, y no piensa bajar los brazos.

Leé nuestro comentario de Las tres hermanas aquí. Por Beatriz Molinari.

Las tres hermanas. De Anton Chejov, en versión libre de David Piccotto. Con Analía Juan, Estefanía Moyano, Alicia Vissani, Diego Haas, Nelson Balmaceda y Luciana Sgró Ruata.

Mañana a las 21.30 en Documenta (Lima 364). Otra función el sábado 28. Sábados de octubre, en Alquimia (Av. Padre Claret 5033).