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Una estrella sin rumbo

Jake Bugg es una de las promesas de la música británica gracias a su álbum debut, un disco de folk y country que refleja una vida difícil en los suburbios.

17 de julio de 2013 a las 12:06 a. m.
José Heinz
Una estrella sin rumbo
Jake Bugg no llega a los 20, pero ya teloneó a los Rolling Stones y Noel Gallagher.

Sin llegar a los 20 años, Jake Bugg ya se dio el lujo de telonear a los Rolling Stones hace unos días, para los conciertos de la banda en el Hyde Park de Londres. Después de semejante hazaña, declaró que "fue un honor" abrir para estas leyendas del rock, consciente de haber llegado a una cima, un lugar impensado poco tiempo atrás, cuando se encerraba en su habitación a escribir canciones que hablan de lo difícil que es crecer en Notthingham, donde el cielo gris es la metáfora más natural para describir la rutina de los suburbios.

Su disco debut, que acaba de llegar a las disquerías argentinas, refleja con belleza y precisión esa falta de expectativas, una especie de ruta sentimental cargada de mujeres, humo, bares y esperanzas lejanas. En la fotografía sepia que ilustra la tapa, Bugg sostiene una mirada cansina y su peinado lo hace parecer una versión juvenil y triste de Ian Brown, como si el líder de Stone Roses acabara de salir de una fiesta e intentara medir el bajón. En la parte de atrás del disco, sin embargo, el cantautor tiene un aire más cercano a cualquiera de los hermanos Gallagher: las manos adentro de los bolsillos de una campera y una expresión que podría ser interpretada como la invitación a una pelea callejera. Adentro del booklet, otra imagen (y ya la cortamos con esto de las fotos) muestra a un Bugg dylaniano con las manos ocupadas en el estuche de su guitarra y el cigarrillo.

De esas tres influencias presentes en el plano visual, y a pesar de su origen británico, el Bob Dylan de los '60 es el que mejor refleja su música, aunque su estado de ánimo, a juzgar por las letras, responde más bien a cuestiones generacionales. Bugg tiene una buena mano derecha para tocar la guitarra, porque el ritmo se sostiene más por las cuerdas que por la percusión, a menudo una batería sencilla o de pulso beat que acompaña con discreción, el mismo estilo moderado que presentan las líneas de bajo. Hay temas que suenan a country rock, interpretados con rapidez y urgencia (Lightning bolt, Taste it); otros se permiten bajar la velocidad y la guardia, para hablar de una historia de amor a través de un folk acústico (Note to self, Country song), y otros que ya desde su título dejan al descubierto las influencias, como la suspensiva y extraña Ballad of Mr Jones.

Otras canciones del disco suenan un poco más contemporáneas, cercanas a bandas como Fleet Foxes (Someone told me), pero el clima general de Jake Bugg, el disco, es evidentemente vintage, con el ánimo y el espíritu de los vinilos. De hecho, la canción que cierra el disco, Fire, tiene incorporada la "fritura" de una púa y todo se escucha lejano, cavernoso, añejo.

“Sería deshonesto si para mi segundo álbum escribiera sobre la vida en los condominios”, reconoció hace poco Bugg en una entrevista, convertido en una estrella con apenas 19 años. Ese segundo trabajo será clave para conocer mejor al muchacho de las fotografías, tan parecido a otros grandes autores.

Jake BuggCalificación: muy bueno.Jake buggUniversal