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Delicias del mundo glam: nuestro comentario sobre "Casi Diva" con Flor Peña

Con talento y mucho oficio, Florencia Peña repasa su vida artística en Casi Diva y compone un efectivo contrapunto humorístico-musical junto a Sebastián Almada.

07 de enero de 2015 a las 03:10 p. m.
Delicias del mundo glam: nuestro comentario sobre "Casi Diva" con Flor Peña
Sebastián Almada y Florencia Peña, dos que se ríen y hacen reir (Fotos de La Voz del Interior).

Si la comicidad rinde cuando alimenta en el otro el deseo de reírse de algo que no encaja o de aquel que no la está pasando bien, cuando coloca el foco en la propia experiencia el resultado es aún más efectivo, porque la carcajada está permitida sin culpas. Eso es lo que ocurre con Casi diva, el espectáculo en el que la actriz Florencia Peña se da el gusto de compartir con el público las desaveniencias más hilarantes de su vida de "celebrity", una condición de la que se despega con humor desde el minuto uno del show.

Florencia lleva 33 de sus 40 años de edad caminando el mundo del espectáculo, donde comenzó haciendo castings cuando era una niñita terrible, y en ese largo andar se codeó con las delicias y las desgracias de la fama hasta convertirse en una artista popular, felizmente adoptada por la gente.

El gancho del show pasa por contar parte de lo que vio y vivió en ese recorrido asumiéndose como una antidiva, irremediablemente torpe, personaje que construye con todos sus matices para desgranar su oficio en un fallido striptease o en una coreografía molesta que no hace más que mostrar lo bien que puede cantar y bailar sobre altísimos tacos.

De todos modos, el público la disfruta cuando despliega sus dotes de comediante, cuando da instrucciones que nadie obedece, mandonea al elenco o se explaya en un monólogo en el que repasa las claves de su carrera desde la perspectiva de una mujer de 40 años que tiene que lidiar con los estereotipos de la fama en el supermercado Coto o en el colegio de sus chicos.

"No soy Moni Argento", advierte, aunque el público la tenga siempre allí, a fuerza de tantos años de tevé: "¡Lo único bueno de siete años seguidos de repeticiones es que tengo la misma edad!".

El uruguayo Sebastián Almada, ese pesado que le cantaba "Gracias, gracias Marcelo" a Tinelli en ShowMatch, resulta el partener perfecto para que Florencia brille porque tensa con inocencia la misma cuerda del absurdo. Y así, en un escenario que se vale de telones, sedas y puntillas para generar una atmósfera decadentemente glamorosa, ambos se lucen en un ajustado contrapunto.

Almada es un músico que elige el camino de hacer reir, y la dupla, con la dirección de Daniel Casablanca, es una buena noticia en la Villa.

El elenco se completa con Leo Bosio y las bailarinas Mariela Rosso y Seku Failacce; y el aporte de la actriz Noralih Gago, una cara que vimos en la tevé en Peor es nada o en algunos capítulos de Casados con hijos, y que resulta una presencia potente en escena.

En Casi diva, Florencia sube un escalón más en su ya probada carrera de humorista para pararse en un peldaño autobiográfico que le permite divertirse y burlarse de sus propias tragedias cotidianas, riéndose con el público, mientras deshilacha el corsé que atrapa a las celebridades.