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Festival de poesía: crónica de una segunda noche con la palabra comprometida

La del jueves fue la segunda noche del Festival. Hubo invitados de diferentes partes del mundo y lecturas muy emotivas. Las editoriales independientes ofrecen libros difíciles de conseguir. Hay tiempo hasta mañana para participar. 

01 de abril de 2016 a las 10:51 a. m.
Festival de poesía: crónica de una segunda noche con la palabra comprometida
Acorazado Potempkin cerró la segunda noche del Festival anoche en Belle Epoque // Foto: gentileza Melina Passadore

La segunda jornada del Festival Internacional de Poesía tuvo de todo. Literalmente. La programación para las lecturas dio inicio a las 16.30 en la cripta del Cabildo con Mario Ortiz y Benjamín Ellenberger. Los asistentes (poetas y público en general) calificaron la experiencia con adjetivaciones que variaban entre "genial", "delirante" y "muy loco", lo que volvió a poner a prueba la hipótesis sobre la importancia de doblarle el brazo al hábito y al lugar común para conseguir resultados diferentes. Leer poesía puede ser una experiencia diferenciadora según cómo se aborde.

Foto: gentileza Cecilia Pasquini
Foto: gentileza Cecilia Pasquini

A las 18 fue el turno de la primera mesa, pero en este momento, quiso el mal tino que un Festival que estuvo un año añejándose en grilla de programación, tuviera que coincidir nada más y nada menos que con un multitudinario recital de canto que la misma Secretaría de Cultura programó en el atrio de la Catedral, a escasos metros de donde se realizaban las lecturas. Así fue que mientras el primer set de poetas integrado por Maximiliano Spreaf, Emanuel Gatto Mainetti, Santiago Alassia y Juan Pablo Fernández (cantante de Acorazado Potemkin) compartían sus obras, había que hacer un verdadero esfuerzo de ecualización para filtrar los tonos altos de la actividad intitulada Mi ciudad canta.

Un corte y enseguida volvemos

Las pausas entre mesa y mesa eran una excelente excusa para pasar al patio menor del Cabildo, donde hasta el sábado estarán habilitados los stans de las editoriales que acompañan al Festival. La oferta de libros es enorme y se consiguen, además de las ediciones de los libros de los poetas que participan, muchos otros títulos de narrativa y perlitas que suelen ser difíciles de conseguir en las bateas tradicionales de Córdoba. Los precios son accesibles, y también es un espacio en el que abundan los intercambios de contactos, de información y de asesoramiento. En la jornada de ayer el patio estuvo colmado en cada pausa entre mesa y mesa.

Foto: gentileza Cecilia Pasquini
Foto: gentileza Cecilia Pasquini

A las 19 fue el turno de la ronda con tonadas, en la que participaron Francisco Nájera de Guatemala, Rocío González López de México, Mariano Acosta de Rosario y Daniel Quintero de Ushuaia. Todos, a su modo, consiguieron matices diferentes y climas precisos, pero la lectura de Quintero (en la foto a la derecha) fue quizá la más emotiva, generando incluso que al propio poeta se le embargara la voz al recordar a su padre en el tramo final de su participación.

Foto: gentileza Cecilia Pasquini
Foto: gentileza Cecilia Pasquini

Para la mesa siguiente, el patio ya estaba repleto. Era el turno de Juana Luján, Alejandra Méndez, Franco Rivero y una cuarta integrante que se sumó tarde, Camila Sosa Villada. La lectura de Rivero también fue produjo un momento de honda emoción cuando en una sola poesía relató el fallecimiento y velorio de su padre. Hubo que salir del paso y al trago amargo lo pasó con altura la creadora de Carnes tolendas, primero calentando la cancha con algunos textos de su libro La novia de Sandro, para luego cerrar con una genial Oda a mis tetas, poesía en la que relató cómo fue su relación con el desarrollo de sus pechos. Hubo lluvia de aplausos y firma de libros al final.

Foto: gentileza Cecilia Pasquini
Foto: gentileza Cecilia Pasquini

Cierre a dos voces

El cierre en el Cabildo estuvo a cargo del poeta mozambiqueño Amosse Mucavele, quien es además el autor de la edición bilingüe del libro del Festival, Geografías de la palabra. Amosse estuvo acompañado por el escritor Federico Lavezzo, quien, a modo de intérprete, tradujo uno a uno los textos que el mozambiqueño leyó en portugués. La lectura de Amosse comenzó de manera performática, con música y alegría, con genuino disfrute ante la posibilidad de compartir con el público de otro país una posibilidad como la que se dio anoche. Sobre el final de las lecturas, se abrieron las preguntas al público. El diálogo selló un pacto de misión cumplida, de que el viaje había valido la pena. De que la poesía es, en definitiva, un idioma universal.

Foto: gentileza Cecilia Pasquini
Foto: gentileza Cecilia Pasquini

Como en la primera noche, mientras las palabras se iban llamando al descanso, la música empezaba a calentar motores para encender todo su fulgor a la medianoche en Belle Epoque, con la actuación de Acorazado Potemkin.