Ventanas para escapar del mundo
Pablo De Santis acaba de publicar una novela de vampiros y una historieta sobre un hipnotizador insomne.
Un ocultista y un hipnotizador son los protagonistas de los dos libros que, por una casualidad del mercado, acaban de salir publicados en sellos competidores y firmados por el mismo autor: Pablo De Santis. El primero es el personaje principal de Los anticuarios (Planeta), una novela de vampiros ambientada en Buenos Aires a mediados del siglo pasado. El segundo es la encantadora figura de El hipnotizador (Random House), el cómic guionado por De Santis, dibujado por Juan Sáenz Valiente y publicado en primera instancia en la revista Fierro. Ambos comparten un mundo oscuro y seductor, un mundo en el que pasan cosas sorprendentes y en el que los personajes principales siempre están defendiendo algo que vive en el pasado, algo amenazado por el paso del tiempo. También comparten un estilo directo, simple y fascinante, una extraña cualidad que les permite ser leídos en poco pero intenso tiempo y sin temor a una sobredosis: lo que nos entusiasma nunca es demasiado.
-Publicaste al mismo tiempo dos títulos en dos sellos que compiten entre sí... ¿qué sensación te provoca esa coincidencia?
-Creo que son libros destinados a lectores distintos. Imagino que quien se acerca a Los anticuarios lo hace porque leyó algún otro libro mío, mientras que el lector de El hipnotizador seguramente es un lector de historieta, acostumbrado a comprar álbumes, y que ha sentido fascinación (como siento yo) por los dibujos de Juan Sáenz Valiente, que es un artista extraordinario.
-Si alguien te llama desde una librería y te dice: "estoy frente a tus dos libros nuevos pero sólo me puedo comprar uno de ellos... ¿cuál me recomendás?"... ¿qué le responderías?
-Si tiene un largo viaje por delante, Los anticuarios. Si el viaje es más breve, El hipnotizador. Así como hay géneros de escritura (policial, ciencia ficción, etc.) también hay géneros de lectura, y están marcados por la clase de viajes y de esperas que cumplimos.
-Tuve la sensación de que "El hipnotizador" también podría haber sido una novela, así como "Los Anticuarios" podría haber sido un cómic... ¿En qué momento decidís que tal idea tendrá de destino de novela, tal de cuento y tal de comic?
-Me cuesta imaginar a Los anticuarios como historieta, pero me es fácil imaginar El hipnotizador como novela, sobre todo porque está muy presente la voz del personaje que cuenta las historias, Salinero. Por otra parte siempre una historieta surge a partir de ciertas circunstancias exteriores (un pedido de una revista, por ejemplo) mientras que en una novela todo gira alrededor de uno, y por eso todo el mecanismo es mucho más neurótico. No hay plazos de entrega, uno puede escribir tal cosa pero también tal otra... Uno es su propio jefe y, como todos los jefes, es insoportable.
-Los vampiros no tienen una gran tradición literaria en la Argentina... ¿de dónde salió la idea de "Los anticuarios"?
-Es cierto que nuestra literatura fantástica, que nos ha dado tantos libros maravillosos, no se ocupó de los vampiros. A mí me han gustado mucho algunos libros como Carmilla, de Sheridan Le Fanu, Drácula, de Bram Stocker, La hora del vampiro, de Stephen King y Soy leyeda, de Richard Matheson. Y también muchas películas, como El ansia, de Tony Scott, Vampiros, de Carpenter o la película sueca Criaturas de la noche. Empecé a escrirbir este libro hace muchos años pero lo abandoné, porque no sabía muy bien adónde iba a la historia; lo retomé después de notar que alguien semi inmortal, como son estos personajes, fatalmente sería alguien aferrado al pasado, alguien incómodo frente al presente. Creo que proyecté en estos personajes mi propio fastidio por las innovaciones tecnológicas.-¿Qué importancia tiene la nostalgia entre tus modos de abordar la escritura?
–Los escritores siempre escribimos con el pasado; siempre nos ocupamos de cosas que nos han pasado hace muchos años. Los modelos literarios que nos fascinan los hemos encontrado no a los 40 años sino a los 12. Aun en escritores de ciencia ficción, es decir aquellos cuyo tema es el futuro, como Dick o Bradbury, la relación con el pasado es evidente. El pasado es como un sitio arqueológico en el que siempre estamos trabajando. A lo mejor encontramos un cohete espacial, pero seguro que proviene de alguna vieja calesita.
-¿Qué clase de investigación requirió la escritura de "Los anticuarios"?
-Tuvo un trabajo sobre todo de reescritura, ya que esta fue la tercera versión; pero no tiene gran investigación, ya que la época está apenas sugerida. Me resulta muy molesto cuando un escritor revela datos innecesarios para demostrar que sabe, como si se le tomara examen. Creo que la información debe ser dada en cuentagotas, y solo en la medida en que la historia lo exige. La literatura ya no es más un lugar para recibir información: es la ventana por la que se escapa de ella.
-¿Cómo definirías tu relación con el género fantástico?
-Me encanta y decepciona. He leído muchos textos fantásticos, y hace unos 7 años que estoy escribiendo una Enciclopedia del género fantástico, que amenaza con el infinito, o con ese infinito doméstico, que es el abandono. Creo que es un género especialmente difícil, sobre todo cuando se cruza con la novela. Se lleva mejor con el relato corto. En un relato breve debe ponerse al final la revelación de lo fantástico; en una novela no. La novela exige que el elemento fantástica sea algo ya integrado a la realidad de la novela, y por eso ya no puede ser una sorpresa sino más un conjunto de reglas que rigen la historia. El género fantástico siempre trae una especie de consecuencia universal. Por ejemplo, si en una novela policial un conde ruso mata a su esposa, no significa que los condes rusos sean peligrosos, ni siquiera que ese conde ruso seguirá siendo peligroso; pero si en un relato aparece un fantasma, eso significa que los fantasmas han existido desde siempre. El género fantástico habla de leyes secretas pero universales, y de allí su dificultad.
-En una época donde predomina el realismo, ¿por qué no hemos podido leer aún un relato realista de Pablo De Santis?
-Siempre me gusta que en los libros ocurran cosas extraordinarias. Cuando leo una novela o veo una película me gusta que pasen cosas que seduzcan mi imaginación. Cuando era chico pensaba que iba a madurar y me iban a gustar cosas más serias, pero no fue así.
Mire fijamente este reloj...
-Hablemos de El Hipnotizador. ¿De dónde surgió ese personaje?
-Con Juan Saenz Valiente habíamos escrito un par de historietas para la revista Fierro, y en un momento comenzamos, a instancias de Juan Sasturain, director de la revista, y de Lautaro Ortiz, jefe de redacción, a pensar un personaje que reapareciera. Yo quería que las historias fueran cerradas (porque como lector siempre me molestó el "continuará") pero a la vez que hubiera una historia mayor. Esta historia es la de su insomnio. Era una manera de combinar el relato breve con el relato largo. Los dibujos de Saenz Valiente fueron una constante inspiración.
-¿Qué clase de indicaciones escribiste en el guión pero no se publican en la historieta?
-Mis guiones son muy concisos, dejo que el dibujante imagine las cosas a su modo. Doy alguna vaga indicación de la edad de los personajes. Hice también un plot, una presentación general de la historia que sirviera como guía. Afortunadamente, Saenz Valiente es también un lector muy sutil, y se dio cuenta de errores que se me habían pasado por alto.
-¿Escribiste toda la historia de un tirón, o mientras se iba publicando?
-La fui escribiendo capítulo a capítulo; eso hace que sean variadas las historias, y que en alguna domine el humor y en otra la melancolía. Me gusta que una historieta y también una novela reflejen un poco los distintos momentos emocionales que se atraviesan mientras uno escribe. Todo lo que uno escribe es como un libro imaginario que llevamos de aquí para allá, y que obedece a un plan, pero a la vez se alimenta de lo que cada día va dejando.
-¿Alguna característica del dibujo te modificó en algo, o te inspiró particularmente a la hora de seguir escribiendo el guión?
-Desde la primera historieta que hicimos, los dibujos de Sáenz valiente me daban ganas de escribir. Eso es lo maravilloso de hacer una historieta: ver cómo lo que uno ha escrito se transforma en otra cosa. Los espacios, que para mí son tan importantes, en el dibujo de Juan ganan en sugestión. Da ganas de entrar en ese mundo.
-¿En qué estás trabajando actualmente?-Últimamente me dispersé escribiendo varias cosas a la vez; pero a lo que dedico más tiempo es a una novela policial que retoma al investigador de El enigma de París, pero ya en Buenos Aires.
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Los Anticuarios, por Pablo De Santis. Planeta, Buenos Aires, 2010, 272 páginas. Precio: $ 59. El Hipnotizador, por Pablo De Santis. Mondadori,Buenos Aires, 2010, 80 páginas. Precio: $ 55.

