V The Visitors
Dos opiniones sobre la remake de la serie.
Juegos de aparienciasICasi 27 años después de la primera V Invasión, el diseño de una remake debía superar con tecnología, personajes y libreto todo lo que el tiempo se había llevado: desde el clima político de la Guerra Fría, propicio para las fantasías sobre espionaje, paranoia y complots que alimentan el mejor suspenso, hasta la capacidad de asombro de las audiencias de entonces ante los rudimentos de los efectos especiales en televisión. Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos y el regreso de la serie que hacía parar el mundo cuando éramos chicos tenía que justificarse con algo más que nostalgia. V dejó Los Ángeles y ahora sucede en Nueva York; las historias se anudan en una heroína central y una ronda de personajes con rostros amigables: Elizabeth Mitchell (Lost), Joel Gretsch (Taken) y Scott Wolf (Everwood) y Morris Chestnut (ER) como el lagarto que se pronuncia a favor de la resistencia. El versus de la nueva V acontece entre aquellos que se ubican por encima de los comunes con el encanto de los seductores carismáticos, los que aparentan, y los despiertos que se resisten a la devoción. Los rebeldes ya no pelean contra el fascismo castrense que marcaba las estrategias y la estética de la primera Invasión sino contra uno que adquirió contornos de secta religiosa, dirigida a despertar fanatismos con las tácticas de una comunidad virtual omnipresente. Mientras, Erica investiga terroristas y tráfico de explosivos en una Manhattan sin Torres Gemelas y vulnerable al espionaje en las telecomunicaciones. Las ficciones cambiaron con el mundo y ahora la líder de los alienígenas es una supermodelo en un entorno de publicidad de dentífrico y la de los humanos es una madre sola que se está por enamorar de un cura. Como en un parque de diversiones, V tiene destino conocido, riesgos controlados y la promesa de que el recorrido nos hará sentir especiales. Por ahora, un voto de confianza. La suma de todos los males Por Pablo LeitesLa nueva V no se detiene en detalles menores. No está Dianna, ni Donovan, ni tampoco Willy en la versión 2010 de la serie que en los '80 despertaba algo muy parecido a la fidelidad por una novela sci-fi. Entonces, la acción transcurría en el mismo mundo, pero vivir era bastante más sencillo. Fuera de esa primera decepción, todas las formas posibles en que la paranoia y la alienación del mundo real pueden ser representados están concentradas desde el primer capítulo en V. Tópicos como asistencia médica universal, superpoblación, crisis económica, terrorismo, el 9/11 y guerras por lo que sea. A vuelo de pájaro, hay referencias a todo eso en los 45 minutos iniciales. Para colmo de males, los visitantes dicen venir por el agua. Cartón lleno. El resto del truco, tan bien disfrazado como los extraterrestres camuflados en humanos, pasa por sumarle al ataque simultáneo de todos los frentes posibles de conflicto el toque personal, relaciones humanas creíbles en un mundo que, así pintado, está bien lejos de serlo. Y lo consigue bastante bien, es imposible no empatizar con el cura que cuestiona al Vaticano en el mismo tono que a los V (sí, hay unas cuantas V dando vueltas). Pero lo cierto es que la suma de las partes no necesariamente contribuye a un todo satisfactorio. Independientemente de la V original, y por sobre los problemas que la actual tiene para captar la total atención de un televidente que desde los ochenta para acá pasó por Los expedientes secretos X, entre otras, hablamos además de una serie que bajo el mismo paraguas ofrece los clisés concentrados de unas cuantas otras. Lost, CSI, Cold Case y, por supuesto, los inefables Mulder y Scully, sobrevuelan V, aunque no alcanza.