Un generador de inquietudes
Desde Córdoba, la Cátedra Libre José Saramago de la Universidad Católica mantuvo un fluido contacto con el escritor portugués.
Hay una escena conmovedora en la película argentina Dos hermanos: el personaje que interpreta Antonio Gasalla confiesa, delante del cadáver de su madre, estar triste porque a partir de ese momento tiene que hablar de ella como de una muerta. Es la misma tristeza que nos embarga a los miembros de la Cátedra Libre José Saramago porque ya no podremos evocar al autor en presente, imaginando lo que diría o pensaría ante una determinada situación. Tendremos que acostumbrarnos a hablar en pasado, y esto es imponderable.Nuestro amigo don José se retiró de la vida con la nobleza y dignidad con que la ahondó en cada incursión narrativa. Pero nos dejó una obra inmensa en la que su corazón continuará latiendo, ayudándonos a pensar y a salir del desasosiego que paraliza nuestras demandas de justicia social en un mundo globalizado y productor de nuevas exclusiones.Cabe recordar que en ocasión del Premio Nobel de Literatura de 1998, el autor portugués se prometió a sí mismo des-amordazarse y contribuir con su voz crítica y denunciadora a no silenciar más los atropellos e injusticias que sufren millones de seres humanos del planeta en manos de una minoría poseedora de poder y de ventajas corporativas. De allí su incisiva y penetrante mirada de los fenómenos sociales y políticos del momento a través de incursiones periodísticas y mediáticas.Nosotros tuvimos la oportunidad de encontrarnos con él tres veces y conversar sobre las inquietudes que su obra nos generaba. Estos encuentros fueron fructíferos porque don José era verdaderamente sabio a la hora de expresarnos sus motivos y convicciones. Pero fue en 2006, cuando todavía no nos conocía demasiado, que nos mandó una carta –en oportunidad del II Foro Saramaguiano– haciéndonos partícipes de su herencia. Transcribo aquí el párrafo central: "Aprovechando estar vivo y sano, he determinado dejar aquí, por anticipado, mis futuras últimas palabras, rogándoles que me las coloquen en la boca en la hora final: Me gustaría haberlo hecho mejor".Como admiradores y amigos del escritor portugués cumplimos aquí su intención, aun sabiendo que ha hecho lo mejor y que de aquí en adelante nos toca a nosotros guardar su memoria y propender aún más a la difusión de su obra. ¡Adiós, don José!

