Trotsky Vengarán: Tocar en Argentina es la gloria
Los uruguayos de Trotsky Vengarán están lejos del boom de algunos de sus grupos contemporáneos, pero llevan adelante su pequeña conquista. Esta noche, debutan en Córdoba. Diálogo con el violero Hugo Díaz.
Ni 20 años de carrera, ni 11 discos editados, ni el lugar de exponente del punk latinoamericano salvan a los Trotsky Vengarán de yugarla a diario como cualquier hijo de vecino uruguayo, por fuera de la música, para llegar a fin de mes. Escuchar hablar a Hugo Díaz, el violero, ayuda a entender que no es una pose. "Suponete que cerrás algún domingo el Pilsen Rock, un evento que ha llegado a juntar a 120 mil personas, y el lunes vas al trabajo con ojeras, roto, y tus compañeros te tiran: 'Dale, que te hacés el rockero. Ponete a cargar, estrellita'. Me pasó a mí, pero podría haberle pasado a cualquiera de los Trotsky. No vivimos del rock, y no por mala administración", comenta sin hacer drama el músico.El onceavo álbum es Todo para ser feliz , que presentarán esta noche y los encuentra con la madurez y el margen artístico suficiente como para innovar en el estilo ramonero que se le conoce a TKYVGN. De hecho hay arreglos de guitarra acústica o piano, punto que cruzando el río causó algo de sorpresa. "He escuchado 'ya no me gustan más, yo los seguía cuando sacaron el primero o el segundo disco'. Y la verdad es que en ese entonces nos iban a ver 120 personas, como mucho, en Montevideo, o sea que deben haber estado debajo de una baldosa. A esta altura del partido no nos estamos jugando la carrera, a la base de público que nos sigue le va a sonar como un disco de Trotsky, no cambiamos el estilo radicalmente", apunta Díaz. Hay que entender el punto exacto desde el que habla: ser under en un país donde el premio a las ventas conocido como "disco de oro" implica 2 mil unidades vendidas, es ser under en serio. Con explosión del rock charrúa y todo."Tuvimos la suerte de estar activos en ese momento. Antes, meter 200 personas en un boliche era un triunfo digno de medalla en Uruguay. No hay una cultura rockera de salir a ver bandas. En el año 2000 tocamos con No Te Va Gustar, y en ese entonces metían 1.500 personas, con toda la furia, muy meritorio para una banda relativamente nueva. Dos años más tarde, NTVG tocaba en el Velódromo para 16 mil personas". –¿Y hoy se mantiene esa ola? –Es un momento raro. La cantidad de gente que metemos nosotros, con trayectoria y discos, es la que en Buenos Aires puede ir a ver una banda no digamos under, pero que se mueva por fuera del mainstream argentino. Montevideo es una ciudad de 1 millón y medio de habitantes, el público se repite y competís contra vos mismo. Apostar a que nos vaya bien en Buenos Aires, Córdoba y Rosario es una forma de mantenernos en el escenario. Tres recitales seguidos en Argentina es la gloria. –O sea que mantienen un espíritu amateur… –Vinimos en el barco, cargando los instrumentos, con un sonidista que nos da una mano, a Córdoba y Rosario vamos sin tener idea de qué nos vamos a encontrar. Nunca nos pudimos achanchar, y eso que estamos entre las bandas más populares de Uruguay. Por ahí te enterás de lo que pidieron en el camarín algunos colegas y… ¡pará! quién te pensás que sos. Estamos acostumbrados a otra escala. En realidad, me gusta que nos pase esto. –¿Cómo interpreta el punk esa imagen buenaza que se tiene del uruguayo en Argentina? –Yo a los uruguayos nos veo un poco grises. El personaje uruguayo que hace Casero me hace reír mucho, siempre con un termo abajo del brazo, un buzo medio hippie y el discurso ese de 'me discriminan porque soy uruguayo'. No está tan lejos, pero el uruguayo no es afecto a despliegue de ningún tipo: el que tiene plata en Uruguay, no tiene mucha plata, la gente no habla muy alto en la calle… Claro que hay hijos de puta como en todos lados, pero una vez que salís un poco te das cuenta de que lo rioplatense nos une más allá de los matices. No somos tan distintos, solo que a veces me gustaría que el uruguayo apoyara un poco más lo que tiene. Es como que instintivamente, al clavo que sobresale se le pega un martillazo. –¿Quién gana la Copa América? –Y… ¿qué te voy a contestar? Hablando en serio, por primera vez veo con muchas posibilidades a Uruguay, después de años perdiendo el lugar con equipos muy por debajo del nivel histórico de La Celeste. Como en los buenos tiempos, la cosa va a estar entre Brasil, Argentina y Uruguay, los tres grandes de América. Ojalá que haya una final como en el 87, Uruguay Argentina. Y que la ganemos nosotros.

