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Sex and the city 2 por 2

La segunda versión cinematográfica de la popular serie genera opiniones divergentes.

12 de junio de 2010 a las 03:59 p. m.
Sex and the city 2 por 2
SEX AND THE CITY 2. Visiones diferentes de un mismo filme.

Felicidad capitalCarlos Schilling¿Me dejan empezar por una confesión? Lloré en el cine. Lloré en una escena de Sex and the city 2 en la que se supone que un hombrecito no debería llorar. Y claro, las lágrimas, las emociones incontenibles, los húmedos desbordes sentimentales no tienen la validez de un argumento ni el rigor de un razonamiento, pero dejan una huella en uno y a veces esa huella se curva como un signo de interrogación. ¿Por qué esa escena hizo eco en mí? ¿Por qué llegó tan lejos?Casi al final de la película, las cuatro amigas (Carrie, Samantha, Charlotte y Miranda) huyen de una horda de musulmanes exaltados y son rescatadas por un grupo de mujeres vestidas con burkas negros. Todas se esconden en una especie de cueva y empiezan a hablar de carteras, vestidos y zapatos. Al final, las mujeres musulmanes se quitan los burkas y revelan que debajo están vestidas como adictas a la moda. Es un momento de intensa felicidad ficticia, un luminoso punto de fuga imposible. ¿Adónde conduce esa grieta en la realidad? Hacia fuera del mundo, hacia un paraíso a medio camino entre el cielo y la tierra. Sólo allí, en ese lugar sin tiempo y sin espacio, es válido imaginar que el capitalismo consumista puede ser una forma de liberación femenina. Todo lo que estética y cinematográficamente está mal en Sex and the city 2, el abuso de exotismo, los excesos kitsch, el mal gusto reiterado, son como un subrayado grueso que indica que estamos antes una extravaganza, una fantasía operística, hecha para reír y llorar sin culpa.Mamotreto neocolonialistaRoger KozaLos primeros 10 minutos de Sex and the city 2 constituyen el único rasgo redimible de este mamotreto neocolonialista que pretende ser una celebración de la amistad femenina y una exposición libertaria del segundo sexo. Una boda gay y un coro de ángeles queer tiene mucho más vitalidad que el disparate que se transformará en una tortura moralista de casi dos horas. Son 10 minutos de cine, al menos hasta que aparece Liza Minnelli sustituyendo al rabino de ceremonia. "El tiempo es una cosa extraña", dice la voz en off de Sarah Jessica Parker, algo indudable después de ver la batalla quirúrgica de Minnelli contra la segunda ley de termodinámica aplicada a su piel. En efecto, el tiempo y sus efectos son unos de los problemas de los personajes, los otros inconvenientes giran en torno a la vida familiar y matrimonial. Pero las chicas harán su terapia multicultural y exótica en Abu Dhabi, y así, en un clima festivo, acaso canalizando el espíritu de "We are the world, we are the children", harán un karaoke que confirma la universalidad de la cultura estadounidense, un valor absoluto como la opulencia del american style, más allá de que Parker deje un vuelto a un sirviente indio y se sorprenda de que un bello par de zapatos cueste 20 dólares. El filme, rara vez, se pregunta por el deseo femenino: cuando aparece viene acompañado de culpa, y cuando se cumple es en función del placer masculino, a juzgar, al menos, por el carácter pasivo con el que Samantha experimenta los placeres carnales.