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San Juan abrió sus puertas a la fiesta

Nuevas versiones de obras clásicasiniciaron la Fiesta Nacional del Teatro. Hasta el próximo sábado, la ciudad cuyana recibe a los elencos del país.

14 de mayo de 2011 a las 04:22 p. m.
San Juan abrió sus puertas a la fiesta
El Teatro de La Barda de Río Negro presentó una versión fresca de “El Lazarillo de Tormes”.

Todavía con olor al pegamento de las alfombras, el Teatro Sarmiento recibió al público de la Fiesta Nacional de Teatro la noche del viernes. La sala restaurada, de tradicional trazado a la italiana, se llenó de risas y aplausos ante la versión fresca, juvenil y lúcida de El Lazarillo de Tormes, por el Teatro de La Barda de Río Negro. Comenzaba así la programación de la Fiesta en San Juan. La primera fue una noche de clásicos. Los actores de La Barda ofrecieron un relato con técnicas de clown, una opción contemporánea para el antiguo oficio del juglar. Con un juego escénico divertido y economía de recursos interpretaron las desventuras y aprendizaje a golpe de hambre que tiene por protagonista al niño Lázaro. El planteo entusiasmó al público por la gestualidad, las coreografías, las digresiones actuales, disparatadas pero efectivas, y los cambios de voces con que Rodrigo Álvarez (el Lazarillo) y Vladimir Klink instalaron la pura ilusión. Dirigidos por el mendocino Guillermo Troncoso, los actores pusieron un ojo en el espectáculo como tal, con adhesión inmediata de la platea, y el otro, en el tema del hambre. Es claro el eje sobre el que gira la adaptación, actualizando las palabras del Lazarillo, que conoce de muy pequeño las penurias del pobre. El otro clásico de la noche estuvo a cargo de la Comedia Universitaria de la Universidad Nacional del Litoral. Edipo y yo es una versión para la antología, dirigida por Edgardo Dib. De riguroso traje, seis actores son todos los personajes de la tragedia de Sófocles, en la encrucijada de la puesta contemporánea. En el living de Edipo y Yocasta, en Tebas, hay un cumpleaños. Nada más anodino, se piensa al comienzo. Pero, si el problema de Edipo Rey es la identidad, nada más inapropiado que la torta de cumpleaños para quien descubrirá dolorosamente cuál es su origen y vaticinio. Los actores rompen la cuarta pared y proponen al público el procedimiento escénico. Con pocos elementos y modificando sus trajes, serán la pareja trágica, los cuatro hijos, Creonte, la doncella, Tiresias... El espectador entra en la lógica gracias a la claridad del director que se lanza al riesgo con un elenco capaz de lograr los matices, siempre al reparo de la tragedia. La intertextualidad, esto es, la presencia de elementos extraños al texto original pero cotidianos y fácilmente reconocibles para el espectador, ponen en valor los vínculos familiares. Suenan frases de Luis Sandrini ("hay que agrandar la mesa"), la contemporaneidad entra sin estorbar, siempre sometida al texto que alcanza momentos intensos, como el discurso o el monólogo de Edipo, dichos al unísono por seis hombres de traje que cumplen con el destino misterioso del teatro.La 26ª Fiesta Nacional del Teatro contó también con una apertura al aire libre, en la plaza seca del Centro Cívico de San Juan. Tras las palabras de bienvenida del gobernador José Luis Gioja y del director del Instituto Nacional del Teatro, Raúl Brambilla, El Circo Azul de La Rioja fue el encargado de poner color a la inauguración. El grupo de jóvenes, que salió del anonimato cuando llegó a la final del programa Talento Argentino, armó un espectáculo coreografiado, de nuevo circo escénico, a puro impulso de creatividad y, literalmente, sin red.