Sabina, uno de los nuestros
El cantautor español está de gira por la Argentina. Ya actuó en Tucumán, Bahía Blanca, Mar del Plata y Rosario y dio el primero de sus 10 shows en Buenos Aires. El jueves llega al Orfeo.
"Habíamos acabado ya la gira por España, no teníamos ningún plan de seguir, pensábamos descansar y escribir canciones, y de pronto hubo una demanda importante, sobre todo de Buenos Aires, y decidimos que no podía uno quedarse quietecito cuando la gente quiere verte". Si hay algo que Joaquín Sabina tiene claro es lo que en la Argentina se espera de él. El cantautor de Úbeda cumple por estas semanas otra gira por el país, un rito creciente que cultiva desde hace 22 años y que en esta ocasión ya lo llevó por Tucumán, Bahía Blanca, Mar del Plata, Buenos Aires y Rosario, y que en los próximos días lo tendrá más allá de Argentina, por Montevideo y Asunción, para luego volver, otra vez, a Buenos Aires. El jueves actuará en Córdoba, en el Orfeo. "Y aquí estamos –continúa–. En realidad es la misma gira del año pasado, pero para no aburrir a los que ya estuvieron, pues hemos cambiado un tercio de las canciones del concierto, para cantar las que habitualmente no cantamos o que no hemos cantado nunca en Argentina, pero la estructura y el concepto son iguales a los de la gira del año pasado".De saco a cuadros y sombrero, Sabina recibió a algunos periodistas, cuando recién había llegado al país y aún no había comenzado el tour. Hacía calor en Buenos Aires y Sabina respondía con un cigarrillo en la mano izquierda y un transpirado vaso de cerveza en la derecha. "La Argentina debe ser el único lugar del mundo donde todavía se pueden hacer ruedas de prensa con un pucho y una cerveza", bromea, y se muestra dispuesto a mejorar cualquier pregunta.C omo era de esperar, con absoluta naturalidad da muestras de solvencia argentinista: dice que está al tanto de la situación de su querido Boca Juniors y asegura que Messi ya superó a Maradona; afirma que los Kirchner fueron muy valientes y atrevidos en entablar una batalla contra los monopolios de prensa; que Atahualpa Yupanqui es un grande entre los grandes; que antes de viajar se compró para leer todo lo que encontró sobre política contemporánea argentina; que nunca programa nada en su vida y por eso escribe canciones cuando le salen; que prefiere mil millones de veces un Charly gordo que un Charly muerto; que en Europa la izquierda perdió definitivamente, no como acá; que la consagración la deja para los santos; que nunca firmó nada contra la piratería del disco; que Vargas Llosa es su amigo y que a los amigos no se les pide carné de identidad ni se les pregunta sobre sus ideas políticas.Dice también que en la discusión sobre si el premio Nobel peruano debe o no inaugurar la Feria del Libro de Buenos Aires, "la única persona que ha estado realmente en su sitio ha sido la Presidenta". "Cristina dijo que no había por qué vetar a nadie. Está bien así", redondeó.La rueda de preguntas se prolonga y Sabina confiesa que entre una vida vertiginosa y otra con tiempo a favor, eligió no seguir con el vértigo. "Decidí estar vivo en lugar de ser un cadáver mítico que vendiera muchos discos –reflexiona–. Prefiero venderlos en vida. Pero tampoco ha cambiado tanto mi vida, ha cambiado más con la edad que con el abandono del vértigo. Es normal cumplir años y es normal adaptarse a la situación. Yo peleo contra lo de cumplir años, pero también me he sosegado un poquito".Cerca del públicoSabina explica que esta gira se llama "El penúltimo tren" porque todavía no siente la necesidad de retirarse de los escenarios. "Mucho menos ahora que la gira se va a alargar: vamos a ir a Estados Unidos, donde nunca habíamos estado", asegura. Luego agrega: "Pero sí tengo intención desde hace tiempo de venir a Buenos Aires y hacer menos Boca Juniors, para pensar en más Luna Park, después más Gran Rex y así hasta llegar a Clásica y Moderna (un tradicional reducto de la noche porteña). Necesito tener una relación con el público menos tribal y más de tú a tú".Apaga el cigarrillo, le da el último saque al vaso de cerveza y se despide dedicando una de sus parábolas literarias a Buenos Aires. "Cuando entré esta vez por la 9 de Julio, el corazón me daba saltos como la primera vez –confiesa–. Me siento muy, muy, muy en casa. No me siento para nada gallego, me siento más bien porteño. Pero la relación sigue siendo de amantes, todavía no nos hemos casado. Todavía no nos hemos aburrido, todavía no me duele la cabeza a la hora de coger".El pibe diezEl miércoles, en Buenos Aires, Joaquín Sabina dio el primero de los nueve Luna Park que desde hace varios días habían agotado sus entradas. El estadio está repleto de un público variopinto y dulcemente entregado a lo que conoce. "¿Quién dice que no agregamos el 10º?", desliza el pibe de España apenas sube al escenario y, como todo lo que dice, despierta aplausos. Lo acompaña la banda de siempre: Pancho Varona, Antonio García de Diego, Pedro Barceló, Josemi Sagaste y Jaime Asúa. En el lugar de Olga Román (la corista que durante años lo acompañó y que hace un tiempo comenzó su carrera solista) está Mara Barros. El show alterna canciones con narraciones. Virgen de la amargura, Aves de paso, Peor para el sol y Dieguitos y Mafaldas abren el fuego que luego se detiene para que Sabina se muestre locuaz y agudo. Como en la conferencia de prensa, pero sin cigarrillo. "No soy de tener sueños de gloria, pero si hubiera tenido alguno habría elegido el de cantar esta noche en el Luna Park", dice para los aplausos amorosos. Listo.Otro set de canciones y más chamuyo: "A mí no me gustan las cuestiones nucleares ni que Kadhafi bombardee a su gente, pero menos me gusta que un consorcio internacional mate a la gente de Kadhafi", dispara y llueven los aplausos de izquierda. Sigue con Llueve sobre mojado, antes de que Mara cantase Chica Almodóvar. Peces de ciudad, La Magdalena y Eclipse de mar son algunos de los temas que marcan la continuidad del show, hasta que, justo antes de Con la frente marchita, se gana el aplauso del sector "juicio y castigo": "Ya han pasado 35 años desde que esos hijos de puta tomaran el poder en la Argentina", dice. Nos sobran los motivos, Tan joven y tan viejo, Noches de boda, La del pirata cojo y Pastillas para no soñar marcaron el final de una noche en la que nadie se sentó en su butaca para así cantar más cerca del ídolo cada uno de los casi 30 temas durante las casi tres horas de concierto."En la imaginación del niño que yo fui, el Luna Park era un lugar mítico, antes de que Monzón se cogiera a la Su. Después de que la cogiera, fue más mítico todavía", se despidió el bardo ibérico. La popu, agradecida.El datoJoaquín Sabina actuará el 31 de marzo en el Orfeo Superdomo. Las entradas están agotadas.

