Río místico
Reseña de "La última noche en Twisted River", última novela de John Irving.
La última línea debería ser siempre la primera. En ese espacio dictado por dos sentencias idénticas ocurren vidas, muertes, amoríos pasajeros y duraderos y amistades inquebrantables. O al menos eso es lo que sucede en La última noche en Twisted River, duodécima novela de John Irving cuya trama gira sobre sí misma de manera incansable, tan despiadada como los rápidos que transitan los madereros del comienzo de la historia en su dura tarea de arrastrar los troncos hacia su cauce.Todo comienza allí, en una aldea del salvaje e inhóspito norte de New Hampshire, a causa de una serie de episodios trágicos que obligan al cocinero Dominic y su hijo y futuro escritor Danny a emigrar por distintas ciudades (primero en Estados Unidos, después hacia Canadá), escapando del vengativo alguacil Carl y manteniendo siempre un estrecho contacto con el fiel y testarudo Ketchum (el gran personaje de la novela).Y si en una primera y abarcadora lectura la cuestión pareciera remitir a los accidentes y el destino (irreparable) que éstos crean (en suma, a la vida), La última noche en Twisted River también puede leerse como un homenaje elegíaco a la paternidad, a la relación errática pero inseparable entre un padre y su hijo. Como si de un último gesto extra-novelístico se tratase, el libro abre con una dedicación a Everett, el hijo menor de Irving, quien está a cargo a su vez de la bella portada del volumen, y allí otro círculo (infinito) se hace evidente.Por supuesto, en la novela también hay osos, peceras, mujeres gigantes y maternales (y otras no tanto), hijos ilegítimos y curiosas situaciones sexuales, entre otras célebres recurrencias-fetiche del escritor. Pero al contrario de El mundo según Garp o La epopeya del bebedor de agua, aquí no hay momentos hilarantes: el tono es sombrío y la muerte invade por todos lados, aunque la balanza al final se incline por la supervivencia.Finalmente, hay en La última noche en Twisted River una presencia marcada del tiempo, no sólo como "contexto histórico" (la trama va saltando varios años y décadas entre 1954 y 2005) sino también como terrible certeza: los protagonistas nunca podrán bañarse dos veces en el mismo Twisted River (y de allí la expulsión del paraíso maderero).A pesar del eco decimonónico que se le achaca a John Irving –quien también cita dentro y fuera del libro a Nathaniel Hawthorne, Herman Melville y Thomas Hardy como sus indiscutibles maestros–, sería más acorde asociar su obra a autores contemporáneos como Kurt Vonnegut (quien también aparece en la novela). La extensión de páginas (más de 600) y de peripecias parecen dictar lo contrario, pero la ligereza y el registro satírico y caricaturesco son inevitablemente actuales.Si bien el propio Irving se autoparodia en la figura de Danny como un escritor autobiográfico que abusa del punto y coma (en un guiño malicioso hacia sus críticos), hay que reconocer que él es uno de los pocos escritores que sigue confiando en el poder mágico de una narración.Obviamente, de una que termine y comience con la misma frase.El libroLa última noche en Twisted RiverJohn IrvingTusquets, 2010657 páginas

