Pecados (pereza): Hoy, J. D. Salinger
El autor de "El guardián en el centeno" no publica hace 40 años. Pero dice que sigue escribiendo.
¿Es pereza, paranoia o introspección lo que detuvo la edición de nuevo material de J. D. Salinger? Como su personaje de El guardián en el centeno, el joven y atormentado Holden Caufield, Salinger eligió encerrarse en su mundo privado. En la década de 1960 –época de la que data la foto que ilustra esta nota– dio un portazo al cotilleo del universo editorial, prohibió que su foto apareciera en las solapas de sus libros, y se recluyó en el budismo zen.A ciencia cierta, nadie sabe si eso significa que el autor de Franny y Zooey ha dejado la escritura para siempre, o si, simplemente, dejó de publicar. Esa incertidumbre dio lugar a toda una red de mitos y misterios sobre su trabajo. Algunos, incluso, afirman que todos estos años siguió escribiendo historias sobre la familia Glass, personajes de los que no puede despegarse. Hasta dicen que en su casa descansan, en enormes baúles, cuatro décadas de relatos sobre los hermanos Glass, mito que hace brillar los ojos de los editores como lo hacía El Dorado con los conquistadores españoles.Sin embargo, en una de las pocas entrevistas que dio, a The New York Times en los años '70, dijo: "Me gusta escribir. Amo escribir. Pero escribo sólo para mí mismo, y para mi placer". Así, Jerome David dijo chau al circo mediático y se alejó del mundo para seguir creando el suyo propio.Sin embargo, en los últimos años, dos cuestiones alteraron sus jornadas de meditación budista. Primero, lo que él debe ver como esa maldita necesidad de escribir sobre las vidas de personas reales, en este caso, de la suya.Tuvo una larga batalla legal con el escritor Ian Hamilton que usó varias de sus cartas para escribir su biografía; más tarde pasó algo similar con libros de memorias escritos por su ex amante y su hija. Este año, la cosa llegó más lejos porque alguien decidió tomar la posta de la pereza de Salinger y hacerse cargo de escribir la secuela de El guardián en el centeno.Salinger salió de su modorra y demandó al autor sueco Frederik Colting, que intentó publicar una novela sobre el mismo Holden Caufield llamada Atravesando el centeno. Sutil.

