Páez vs Arjona: Enemigos públicos
Fito Páez asoció a Arjona con cierto debilitamiento cultural, y el guatemalteco respondió tratando al rosarino de imitador de Charly y Almodóvar. Opiniones cruzadas.
Dos planetas chocaron. Dos astros con especial intensidad en el cosmos musical se encontraron de frente, y desparramaron cascotazos en diferentes direcciones. La cosa fue así: en una entrevista publicada por Clarín, Fito Páez asoció a Ricardo Arjona con cierto debilitamiento cultural y, al día inmediatamente posterior, el guatemalteco mandó un comunicado al mismo medio. En él le salta a la yugular al rosarino.Dijo Fito: "Si la ciudad (Buenos Aires) le da 35 estadios Luna Park a Arjona y a Charly García le da dos, tenés que pensar qué significan la política, los diarios en esta ciudad, en la que hay valores que fueron aniquilados". Contestó Ricardo: "Puede ser que usted mismo se crea su farsa de intelectual osado, pero detrás de su arrogancia habita el irrespetuoso dictador de creerse dueño de las decisiones populares".Desde entonces, las adhesiones y/o condenas para con uno y otro no dejaron de sucederse vía correos electrónicos y comentarios en redes sociales.A Páez se lo reivindica por su obra pasada y se lo castiga por creerse el dueño del buen gusto. A Arjona se lo exalta por poner en palabras lo que muchos piensan en relación con el presente artístico del rosarino, y se lo cuestiona por hacer letras pueriles y rebuscadas. En otras palabras, no le reconocen entidad artística ni siquiera para reaccionar contra Fito. Ya calmadas las aguas, VOS convocó a dos referentes que se sienten con autoridad para respaldar por separado a los contendientes. A Páez, lo banca Santiago Ramos, creador del blog sobre rock nacional El mundo entre las manos, mientras que a Arjona, el crítico literario argentino Fernando Degiovanni, profesor de literatura latinoamericana en Wesleyan University, Estados Unidos. Degiovanni escribió Los textos de la patria: nacionalismo, políticas culturales y canon en Argentina, y vive en Nueva York. A continuación, sus puntos de vista."Fito opinó desde su riqueza artística" Por Santiago RamosPeriodista, creador del blog El mundo entre las manosSi bien nadie se puede jactar como dueño de la verdad, y mucho menos en el terreno del arte, Fito Páez expresó su enojo con el estado actual de los valores culturales desde un lugar avalado por muchos pergaminos artísticos: 30 años de trayectoria, 18 discos de gran calidad, gemas interpretadas por artistas de la talla de Mercedes Sosa, Caetano Veloso o Luis Alberto Spinetta, y no sólo ser reconocido popularmente sino también por sus pares. A la hora de tomar posición es importante saber desde qué lugar se emite la opinión. Si es desde la excelencia o la mediocridad.La cuestión es que los dichos del rosarino no están dirigidos estrictamente a Ricardo Arjona como el culpable de la aniquilación cultural de nuestro país, sino que el guatemalteco es tomado como ejemplo de lo que impone el aparato comercial en el gusto popular. El tema que plantea Páez es el significado de la política, los medios de comunicación y los valores en la ciudad de Buenos Aires. En ese plano se pregunta qué espacio ocupan los grandes artistas (en ningún momento Fito se asume como tal), por ejemplo Charly García en el reconocimiento popular, y qué ha llevado a que otros músicos de menor importancia gocen de las mieles del éxito de manera exagerada.Fito hace tiempo que, además de hacer música, se ha convertido en un agudo observador de la realidad artística, lo cual consta en los ejemplares del suplemento cultural ADN del diario La Nación, o el poco difundido Ensayo de bobos. Allí brindó su visión del panorama artístico actual y sus determinantes. Si se observan sus desempeños artísticos desde hace 10 años a esta parte, se podrán encontrar las claves de su descontento en letras como La vida moderna, Si volvieran los dragones (de Enemigos Íntimos), La casa desaparecida, Al lado del camino (de Abre) o Música para camaleones (de Naturaleza sangre). En esta última expresa: "yo voy a desafinar, es mi bien desafinar, pero es que me ofende tanta vulgaridad". Dejando en claro su desprecio hacia la música prefabricada como aceptable para los estándares de consumo. Es cuestión de bucear en el último tramo de la obra de Fito para darse cuenta de que su enojo no es con Arjona en particular; su enojo es con la industria cultural que cada día tiende a repetir moldes como si la música fuese un flan. Lamentablemente el creador de Señora de las cuatro décadas se sintió ofendido y fue muy excesivo con los agravios hacia el rosarino tildando a su obra de "lamentable", o a su persona de querer copiar a Charly García o a Pedro Almodóvar. Fito desarrolló su propio estilo como músico, es tan moderno como clásico, le ha sobrado y faltado inspiración. Lo que no cabe duda es que gran parte de su obra es de vital importancia para el rock argentino por su riqueza armónica, sus estructuras rítmicas, sus desarrollos melódicos, sus variantes líricas, y la excelente masterización sonora. También en cuanto a estilos demostró su versatilidad haciendo folklore, tecno, rock and roll, pop, bossa nova, tango, funk y hasta coqueteos con el trip hop tiempo antes del conocido sonido de Bristol. No se puede descalificar a semejante artista con tanta liviandad."El arte sólo sucede"Por Fernando DegiovanniDoctor en LetrasLa decadencia cultural ha sido un tema recurrente del discurso conservador desde el advenimiento de la modernidad. Articulado con fuerza decisiva desde la constitución de la sociedad de masas en el siglo XIX, su aparición ha sido vista por historiadores y críticos menos como resultado de una evaluación ajustada del presente, que como una respuesta de ciertos grupos jerárquicos frente a la pérdida potencial de su lugar material y simbólico.Los comentarios de Páez sobre la supuesta "aniquilación" de "valores culturales" que traerían los conciertos de Arjona se encuadran en los términos de este debate. Su intervención apunta sobre todo a la crítica de un estado social, y en eso consiste gran parte de la debilidad de su ataque: Páez cuestiona menos la obra misma de Arjona que su acceso a ciertos espacios legitimantes, y así señala los límites de lo permisible en política cultural.La respuesta de Arjona es más efectiva, no sólo porque se centra en la trayectoria de Páez (sin tratar de postular la ecuación improbable entre la situación de un país y el trabajo de apenas uno de sus músicos) sino que pone en evidencia el fundamento reaccionario sobre el que se asienta su planteo.El rechazo que produce a veces el trabajo de Arjona tiene que ver con su uso de un conjunto limitado pero efectivo de imágenes y referencias que están fuera de los registros esperables: su cuestionamiento presupone la creencia de que existen formas legítimas de decir, así como de buen y mal gusto. Pero sólo desde una mirada estética estrecha y perimida podría postularse que hablar sobre la "grasa abdominal", usar desacomplejadamente referentes de la alta cultura (Freud, Neruda, García Márquez, Borges, Frida Khalo aparecen en sus canciones), o hilar letras sobre imposibilidades lógicas ("¿Cómo alejarme de ti, si estás tan lejos?"), constituye, a comienzos del siglo XXI, una forma de "caída". Arjona nunca ironiza sobre los términos de su discurso, pero sólo un concepto acartonado de cultura impediría reconocer en sus textos el trabajo de alguien que es deliberadamente consciente del efecto de sus elecciones estéticas. El detonante de esta polémica no fue la irresoluble cuestión del valor artístico sino el derecho al ejercicio de policía cultural. Hay conservadurismos de derecha y de izquierda. Los apocalipsis representan una buena oportunidad para la emergencia de salvadores y predicadores. Pero Páez tiene su lugar, y Arjona, el suyo: yo los escucho a los dos, y por distintas razones. No hay fin ni hay principio: art just happens. El arte sólo sucede.

